martes, 25 de julio de 2017

SEGUNDA ETAPA:
¡LA NECESIDAD VITAL DE MOVERSE!


¿Quién no ha sentido de repente la necesidad imperiosa de ponerse a caminar? A veces, en medio del ruido de la ciudad sentimos como un silencio que subyace, lo sentimos, experimentamos la llamada del misterio siempre insatisfecho que nos llama, que nos invita a peregrinar por el mundo y nos empuja con deseo de encontrarlo. Automáticamente nuestra mente comienza a intentar racionalizar ese impulso: Dónde vamos a ir, el camino a recorrer, cuánto tiempo vamos a dedicar al paseo, cómo de lejos queremos caminar, a qué hora regresaremos.

Pero este impulso a salir, a caminar, no nos pide nada de eso. No se trata de la duración, del sano ejercicio de caminar o que de tengamos que tener necesariamente un destino final. Este impulso vital sólo nos pide que nos levantemos del sillón, nos vistamos y nos pongamos en camino, el ancestral hábito de poner un pie delante del otro, desde que la humanidad se irguió por vez primera, quizás este caminar, este ponernos de pie, por vez primera, nos enseño a darnos cuenta de que hay un horizonte, siempre más lejos, siempre más allá, siempre inalcanzable, puede que hay naciera el sentimiento religioso del primer hombre primitivo, aprender a andar y ver el horizonte es todo uno, descubrir el misterio de Dios.

Ponte a caminar, despreocupadamente, por tu ciudad. Puede que tus pasos te lleven a un parque o un jardín, no importa, siente otra llamada, eso que decimos "la llamada de la naturaleza" ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a contemplar una flor?  ¿Cuándo fue la última vez que, como niño, te has puesto en cuclillas en medio de la acera, embelesado viendo un reguero de hormigas recogiendo semillas, migas de pan...? ¡Pero un adulto no hace esas cosas! 



Puede que andando de esta forma distraída tus pasos te encaminen por alguna plazoleta, alguna callejuela desconocida... a lo mejor descubres alguna estatua o monumento que ignorabas, algún rincón bello de tu ciudad que desconocías, fuera de tus caminos de siempre... Si nos quedamos en los mismos caminos y nunca nos aventuramos en territorios desconocidos nunca descubriremos nada nuevo. 

Por todas partes, seguramente, ahora en verano -según que ciudades- verás como la vitalidad te rodea, todo rezuma vida, y todo vive, ajeno quizás a la sentencia de la muerte que pesa sobre todos nosotros. Verás niños jugando en los columpios, verás perros correteando bajo la atenta mirada de sus amos, algún gato callejero sesteando con sus crías ¡ahora estamos rodeados de camadas de gatos callejeros, es la época!, verás los gorriones disfrutando de una fuente pública, verás jóvenes corriendo, haciendo footing o ciclismo, ancianos charlando de sus cosas y sus pensiones en los bancos... ¡Todo es un canto a la vida!  Hazte consciente de que esta misma vitalidad está también en tí, que la rutina no te impida perderte la vida. Puede que ahora, a tus años, te encuentres más guapo, atlético y fuerte que cuando eras joven; por supuesto ahora tienes más madurez, y más sabiduría, pero eso es bueno, lo da el paso de los años, es el poso de la vida... y date cuenta, de cuánto más puedes atesorar, cada vez que te detienes, y contemplas... Quizás el día de nuestra muerte estemos secos y marchitos como las hojas secas y doradas que vemos por el camino, pero eso sólo demuestra que el sol brilló mucho sobre ellas....

Camina sin restricciones de tiempo, no tengas ansiedad alguna por poner fin a tu paseo, ni saber cuánto ha de durar... pasea, camina, porque es una inquietud, un deseo vital, precisamente, hasta que ese deseo y ese impulso se vayan apaciguando en ti. "El gran asunto es moverse" decía el escritor ROBERT LOUISE STEVENSON acerca de su deseo de viajar. Este deseo de movernos, ponernos en camino, es como un hilo invisible y precioso precioso, que nos envuelve y atrapa con su misterio, que nos llevará a un camino nuevo y diferente como lo ha hecho muchas veces antes. 



Todo lo nuevo, como toda vocación, como todo camino, comienza siempre con una llamada a ser contestada. Vayamos por el mundo como peregrinos urbanos, presenciando este mundo a través de los ojos del corazón, seamos tocados y movidos por la belleza que nos sale al paso, si sabemos verla. 

Acojamos con satisfacción este impulso y este movimiento. Nutramos en nosotros y celebremos esta vitalidad y el misterio. Es realmente un gran asunto. ¿Qué te está llamando?  ¿Es la vida tratando de moverte hacia el mundo de alguna manera o de regreso a la quietud?  ¿Hay un hilo que quiere que sigas?  ¿Qué pasaría si dijiste que sí y dio un paso hacia ella? Con amor y valentía...