lunes, 17 de julio de 2017

HABLA, SEÑOR, QUE TU SIERVO ESCUCHA


En mis tiempos de niño había un chiste, muy antiguo, que decía asÍ:

- Doctor... Creo que tengo diarrea mental
- ¿Sí...? ¿Y usted en qué lo nota?
- ¡En que todo lo que pienso me sale hecho una mierda!

A día de hoy, 17 de Julio de 2017, que en modo alguno es una fecha insignificante para mí, podría parodiar el chiste, en la misma circunstancia, sobre que imaginándolo en un confesionario -por supuesto- yo soy el penitente:

- Padre... Creo que tengo diarrea vocacional
- ¿Sí...? Hijo, mío... ¿Y en qué lo notas?
- ¡En que todo lo que hago para seguir al Señor me sale hecho una mierda!

Evidentemente, esto requiere un poco de explicación. Hoy es la fecha, más bien el momento exacto ha sido un momento indeterminado de esta madrugada, del 16 al 17 de Julio del año 1991, en la que un joven de 16 años, insomne, salía al balcón del apartamento de la playa, y allá, en medio de sus pensamientos, y después de un año previo de tiras y aflojas con el Señor, al final se rendía, vocacionalmente, y entregaba al Señor su vida, de forma incondicional, con las siguientes palabras, como un joven SAMUEL asustado en medio de la noche:




"Habla, Señor, que tu siervo escucha" (1 Samuel 3,10) 

Y que son para mí una de las palabras más venerables de toda la Escritura. Me acabo de dar cuenta, ademas, recordando la fecha, que ello significaría que hoy es el XXVI Aniversario del día en que el Señor me dijo "'Sígueme" y allá que yo fui... tristemente eso significa que con orgullo el año pasado podría haber dicho que eran algo así como "mis bodas de plata vocacionales" ¡Se me debió olvidar, al menos, ajustar la cuenta!

El balance a fecha de hoy no tiene absolutamente nada, y cuando digo nada, es nada, que ver con lo que yo me hubiera figurado hace veintiséis años, porque nada de lo que creí, esperé, imaginé entonces se ha cumplido... Por supuesto, no me arrepiento de la llamada, ni de la respuesta, pues esto es todo gracia, la del Señor que nos llama sin nuestro méritoy la gratuidad con la que se responde, sino de la ejecución, por eso hice el chiste de la "diarrea vocacional", debe de ser que, lo mismo que ese entrañable muñeco de la ventrílocua MARIA JESÚS, que era DOÑA ROGELIA, debo de ser paisano suyo, que ella era de un pueblo llamado OREJILLA DEL SORDETE, porque si el Señor me habla diciéndome algo, pese a mí "habla, Señor, que tu siervo escucha" ¡Llevamos ya veintiséis años en este diálogo de besugos, o él no se explica, o yo no le entiendo! 

No trabajo en algo para lo que me estudié y me formé en su día, tampoco soy sacerdote, como creí en un primer momento, tampoco soy religioso "al uso" como creí después, sólo conservo de aquella época, en mi alma y en mi corazón la única promesa (creo) que he sido capaz de mantener toda la vida (no como esas otras promesas o propósitos que voy dejando a medias, o sin hacer, abandonados en las orillas del camino de mi vida), y son mis votos privados (esto, en Derecho Canónico, significa "que obligan en conciencia ante Dios", y de los cuales sólo puedes quedar "dispensado" si se lo solicitas a un confesor en el sacramento de la penitencia, cosa que jamás he hecho, ni siquiera sopesado) -que hice un 18 de Septiembre de 1998 (o sea que quedan dos meses para otro aniversario)- de vivir en pobreza, castidad y obediencia ¡Aunque tampoco aquí tengo mérito...! Hoy, en las actuales circunstancias de crisis económica, vivir la pobreza es casi la cotidianeidad de miles de españoles, por lo que no es meritorio vivirla como valor evangélico si ya viene impuesta por las circunstancias y la vida; vivir la castidad tampoco es un allá, soy tan raro que sería perfectamente feliz en una isla desierta, pasé dieciocho años de mi vida veraneando en la misma urbanización ¡y no hice ni un amigo de verano en la playa!, y no porque sea un bicho raro, sino porque no sentía la necesidad, siempre he sido felíz con mi estudio, mis lecturas, mis cosas... y quien dice amigos, dice novias, con el mismo resultado sobreviví -en este sentido- mi paso por el Instituto (vale que pongamos el corte en 1998, fecha de mis votos) y en cuanto a tentaciones presentes ¡no da tiempo, con una vida tan pobre que sólo me permite ir del trabajo a la casa y de la casa al trabajo! es una pobreza de mi carácter, lo reconozco, he llegado a creer que no es que viva con "un corazón indiviso entregado al Señor, donde por el mismo motivo quepan todos" sino que, al contrario, es un corazón tan chico que, cuando entró el Señor, ya lo llenó, y los demás seguís entrando, es verdad, pero ¡más apretujados que el camarote de los HERMANOS MARX!, tampoco veo mérito en tener un corazón tan chico, la verdad... y la obediencia, como no tengo "superior religioso" en el sentido estricto, la tengo puesta -como criterio de discernimiento- en un sacerdote amigo que me extraña que no se haya suicidado aún por seguir acarreando con esta oveja, veintiséis años después.

El balance de estos veintiséis años es pobre, sí, pero al menos es un balance, podría decir como reza la "ORACIÓN DEL PAYASO" eso de que:

Ya hace años que salí de tus manos lleno de talentos y dones, equipado con todo lo necesario para vivir y ser feliz –tu amor, tu caja de caudales, tus proyectos, tus sorpresas y regalos de Padre–. Pronto, quizá, llegue el día en que vuelva a ti... Aquí estoy, Señor. Mi alforja está vacía, mis pies sucios y heridos, mis entrañas yermas, mis ojos tristes, mis flores mustias y descoloridas. Sólo mi corazón está intacto... Me espanta mi pobreza pero me consuela tu ternura.

Y dice "sólo mi corazón está intacto", porque es así, este payaso se levanta cada día con la misma oración en sus labios y se acuesta cada día quedándose dormido a veces sin terminarla, ayer, como hoy y por mañana "habla, Señor, que tu siervo escucha" (1 Samuel 3,10) Dice San PABLO, en una ocasión en la que se sentía ninguneado por quienes ponían en entredicho su vida y su dedicación al Señor se desahoga un poco diciendo:

¿Que son hebreos? También yo lo soy. ¿Que son israelitas? ¡También yo! ¿Son descendencia de Abraham? ¡También yo! ¿Ministros de Cristo? - ¡Digo una locura! - ¡Yo más que ellos! Más en trabajos; más en cárceles; muchísimo más en azotes; en peligros de muerte, muchas veces. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé en el abismo. Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién desfallece sin que desfallezca yo? ¿Quién sufre escándalo sin que yo me abrase? Si hay que gloriarse, en mi flaqueza me gloriaré. El Dios y Padre del Señor Jesús, ¡bendito sea por todos los siglos!, sabe que no miento.

(2 Corintios 11,22-31) 

Yo también, en estos veintiséis años, podría hacer un resumen parecido, como San PABLO, y no para gloriarme, sino para confirmaros y dar testimonio de que ¡no me arrepiento de nada de ello, volvería a pasar gustosamente por todo ello, en el nombre del Señor!

¿Que son bautizados? También yo lo soy. ¿Que son consagrados? ¡También yo! ¿Son religiosos? ¡También yo! ¿Ministros de Cristo? - ¡Digo una locura! - ¡Yo más que ellos! Más en trabajos; más en sufrimiento; muchísimo más en sinsabores; en peligros de muerte, dos o tres veces, como aquella avioneta, que parecía una carcasa caprichosamente zarandeada por la tormenta en que llegué a RÍMINI (ITALIA) como corresponsal de prensa para un evento de la Renovación Carismática Católica, o ese autobús que salió ardiendo cuando iba a un retiro; cómo pasé en un encuentro de jóvenes, del que era monitor, en FÁTIMA tres días e hice el viaje de vuelta, en el autobús, con una fiebre a la muerte que las religiosas pensaban que no llegaba; esas Pascuas Juveniles yendo de un pueblo a otro, andando, de noche, por esas carreteras rurales de GRANADA; los veranos echando una mano en el que se me antoja el pueblo y el asilo de ancianos más pobre de toda PORTUGAL, el viaje a TIERRA SANTA; el fallecimiento de mi abuela materna estando yo lejos en el nombre del Señor; los cinco meses -de Septiembre a Enero- literalmente de hambre, frío, indignidad, vejaciones y necesidad; un año viviendo en el patio de un colegio, dos años de semi-okupa en MADRID, ¡esos escaparates de las panaderías que veía, literalmente llorando de necesidad!, ese mes de Septiembre que sobrevivimos con las veinticuatro pastillas de un paquete de AVECREM;  trabajos y fatigas; noches sin dormir, muchas veces; insultado, perseguido en el trabajo, tomado por loco.... Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién desfallece sin que desfallezca yo? ¿Quién sufre escándalo sin que yo me abrase? Si hay que gloriarse, en mi flaqueza me gloriaré. El Dios y Padre del Señor Jesús, ¡bendito sea por todos los siglos!, sabe que no miento.

Y termino como San PABLO... y el Señor sabe que no miento, y aunque me vaya a salir rimado, veintiséis años después, no me arrepiento.