lunes, 31 de julio de 2017

EN LA ANTEPUERTA...
¡MISERICORDIA!


Os traemos hoy la segunda enseñanza con motivo del JUBILEO DEL PERDÓN de la PORCIÚNCULA en ASÍS, predicado en esta ocasión por el Vicario General de los Franciscanos Capuchinos, Fray STEFAN KOZUH, OfmCap, así como el vídeo por si alguien quiere disfrutar del original de sus palabras en vez de nuestra pobre, aunque bien intencionada, traducción:


Queridos hermanos y hermanas:

¡Paz y bien!


Resuena ahora, hermanos y hermanas, el testimonio profético de San JUAN PABLO II, en su Carta Apostólica "Dives in Misericordia" de 1980, escribe "deseo pues que estas consideraciones hagan más cercano a todos tal misterio y que sean al mismo tiempo una vibrante llamada de la Iglesia a la misericordia, de la que el hombre y el mundo contemporáneo tienen tanta necesidad. Y tienen necesidad, aunque con frecuencia no lo saben" (nº 2, in fine) es necesario por tanto que el rostro de la misericordia sea desvelado de nuevo, todo ello a pesar de los prejuicios, porque la misericordia no goza de muy buena reputación en la sociedad actual, la misericordia se hace especialmente necesaria en nuestro tiempo. Si el hombre actual no tiene el coraje de pronunciar la palabra misericordia, ni de acogerla desprovista de todo su contenido religioso, no es capaz de encontrar un término equivalente, se hace preciso que la Iglesia sea capaz de pronunciarla, y no tanto en su nombre, sino en el nombre de toda la humanidad contemporánea.

He aquí el testimonio de JUAN PABLO II, como una invitación provocadora a la Iglesia entera para proclamar, realizar, implorar la misericordia de Dios. La respuesta elocuente a esta gran necesidad de  la misericordia la ha dado el Papa FRANCISCO animando y proclamándola con la fuerza de la Palabra y con el testimonio del AÑO JUBILAR DE LA MISERICORDIA. La Iglesia, que somos nosotros, es misionera de la misericordia, hemos escuchado apenas el texto de los Hechos de los Apóstoles, que describe el día de Pentecostés, el evento extraordinario del nacimiento de la Iglesia, aquellos que se encontraban reunidos en el mismo lugar, fueron todos colmados por el Espíritu Santo, y comenzó cada cual a hablar en lenguas conforme el Espíritu les daba la facultad de expresarse, mas PEDRO, elevando su voz sobre el resto habló de la siguiente manera "A este Jesús, el Nazareo, que os fue enviado por Dios, lo habéis crucificado, pero Dios lo resucitó y le constituyó Señor y heredero de todo" (Cfr. Hechos 2,22-32) no es una palabra de condena, sino un acto de generosa misericordia que se encuentra al principio del nacimiento de la Iglesia, los frutos de este anuncio de misericordia son conmovedores, la petición de la multitud -cerca de tres mil personas- recibieron el bautismo de Jesús para remisión de los pecados (Cfr. Hechos 2,38.41). El don del Espíritu Santo crea en personas extrañas el don de una comunidad unida en el nombre de Jesús. El Señor, cada día, agregaba mas hermanos a la comunidad de los que se salvaban. 

Contemplad, qué cosas hace la misericordia de Dios, y he aquí la vocación fundamental de la Iglesia, y por todos los tiempos, y para todas las generaciones, la Iglesia que nace de la misericordia de Dios, es llamada a ser misionera de la misericordia, como a nosotros, a cada uno de nosotros, llamados a ser misioneros de la misericordia. Pero ahora, cuando tanto el mundo como el hombre contemporáneo tienen tanta necesidad de la misericordia, es que el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia ha inspirado al Papa FRANCISCO, el PEDRO de nuestros tiempos, que puesto de pie, elevó su voz sobre las demás y dijo así "Jesucristo, es el rostro de la misericordia del Padre" el misterio de la fe del cristiano es encontrar en estas palabras su síntesis, que la misericordia sea vista, vivida, que alcanza su culmen en Jesús de Nazaret, el Padre, rico en misericordia, mandó a su hijo, nacido de la Virgen MARÍA, para mostrarnos a nosotros de forma definitiva el amor del Padre. Tengamos siempre el deseo de contemplar el misterio de la misericordia, es fuente de alegría, de serenidad y de paz. La misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona, de cada uno, cuando mira con ojos sinceros a los hermanos que encuentra en el camino de la vida. La misericordia es la vía que une a Dios y al hombre porque abre el corazón del hombre a la esperanza de ser amados por siempre, sin tener en cuenta la inmensidad de nuestro pecado. Y para esto -dice el Papa FRANCISCO "os invito a un JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA como tiempo favorable para toda la Iglesia para que sea más fuerte el testimonio de los creyentes".

En esta segunda jornada del triduo de preparación dela fiesta del PERDÓN querría que juntos escuchemos algunos pensamientos de la exhortación del Papa a toda la Iglesia para que sea misionera de la misericordia. Perdón es don, son como los dos pilares que Jesús ha dejado a la Iglesia, en el Evangelio de LUCAS leemos "sed misericordiosos como vuestro Padre Dios es misericordioso, no juzguéis y no seréis juzgados, porque con la medida que uses con los demás, serás tu también medido" (Lucas 6,36). "Misericordiosos como el Padre" era el lema del AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA, pero no se trata sólo de un eslogan, sino de una actitud de vida, Jesús además dice "sed perfectos, como vuestro Padre del cielo es perfecto" (Mato 5,48), sed perfectos significa sed misericordiosos, una persona que no es misericordiosa no es perfecta, y tampoco es buena, la bondad y la perfección radican en la misericordia. La Iglesia sigue siendo llamada a ser testimonio de la misericordia de Dios, que es perfecto, y de esta manera surge de forma natural el mandato, la exigencia de Jesús, que es realista, de que es posible que seamos misericordiosos como Dios, si contemplamos en la historia de la salvación en la que toda la revelación de Dios es una incesante e inmutable relación de amor con los hombres.  Dios es como un padre, es como una madre, que ama a su criatura.

Al lado de este amor que es sin medida, nuestro amor siempre parecerá imperfecto, pero Jesús quiere que sus apóstles sean señal, canal, testimonio de su misericordia. La Iglesia no puede ser otra cosa sino sacramento de la misericordia de Dios en el mundo. Cada cristiano, por tanto, está llamado a ser este testimonio de la misericordia, cada uno de nosotros. Pensemos en el ejemplo de los santos, que son tantos, todos ellos se dejaron colmar el corazón por la misericordia, cada uno lo ha manifestado de una forma diferente, en este florecer de tantas formas de caridad es posible descubrir el rostro misericordioso de Cristo. 

Preguntémonos ahora qué significa, para nosotros, como discípulos de Jesús, el ser misericordiosos. Esto nos lo explica Jesús con dos pilares "perdonar y entregarse", he aquí los dos pilares de la vida cristiana y de nuestro ser misioneros de la misericordia:

El primer pilar es el perdón, porque la misericordia se expresa en primer lugar en el perdón, no juzgar, no condenar, el Señor, con el uso de estas palabras, no pretende subvertir el orden de la justicia humana, sólo nos recuerda que para ser hermanos hemos de cesar en nuestros juicios de condena, en el perdón se muestra la gratuidad con la que Dios nos ha llamado primero. El cristiano ha de perdonar, pero... ¿Por qué? Porque ha sido perdonado. Todos nosotros, que estamos hoy aquí, en esta Basílica del Perdón, hemos sido perdonados ¡tantas veces! lo repetimos todos los días en el Padrenuestro "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", perdonar debería ser natural, casi lógico, si Dios me ha perdonado a mí cómo no voy a perdonar a los demás ¿somos acaso más que Dios? En la vida de los padres del desierto leemos de un monje que ha tenido conocimiento de un pecado de otro monje mucho más joven que él, y en su corazón comenzaba a juzgarlo, a condenarlo, diciendo "este hermano ha causado un grave daño a la comunidad", pero lo juzgaba sólo en su corazón, de noche se le aparece un ángel que lleva en la mano el alma de este monje más joven diciéndole al monje de mayor edad "contempla, esta alma, la de tu hermano, que tú has juzgado, esta noche ha muerto, ahora te pregunto ¿dónde quieres que o mande, al cielo o al infierno?" y este santo monje desde entonces cerró la boca, y desde entonces no la volvió a abrir jamás. Juzgar y condenara nuestros hermanos que pecan es inútil, no porque no se reconozca la gravedad de sus pecados, sino porque condenar a los pecadores rompe con ellos la ligazón de fraternidad que les debemos, y desprecia la misericordia de Dios. Tenemos el deber de recuperar a este hermano o esta hermana pecadores a la dignidad de hijos del Padre y de acompañarles en su camino. Perdón, el primer pilar de la misericordia.

Y el segundo, la entrega. Jesús entrega a la Iglesia un segundo pilar, entregarse, donarse. El Señor se nos entrega al margen de nuestros méritos, es tanto más generoso con aquellos que aquí en la tierra son tanto más generosos. Con la medida del amor que entreguemos es con la que nosotros mismos vamos a recibir, y con la que vamos a ser juzgados. Cuánto deseo tenemos todos nosotros de ser un poco más misericordiosos, de no farfullar contra los demás, de no juzgar, esta caridad, este amor permite a los discípulos de Jesús reconocerse como hijos del mismo Padre. En el amor que practiquemos se revelará la misericordia que no tiene fin. Que cada uno de nosotros, esta tarde, se haga sinceramente la siguiente pregunta ¿qué corazón quiero tener? ¿un corazón de piedra, o un corazón lleno de amor? El egoísmo, la rabia, nos dan un corazón pequeño, que se endurece como la piedra, y he aquí el consejo  todos los cristianos: Si queréis un corazón lleno de amor, debo ser misericordioso, debo ser consciente de la misericordia recibida, ser generoso en vivirla con los hermanos y con las hermanas más cercanos a mí, e implorar y desear la misericordia sobre todo el mundo. Nosotros, discípulos de Jesús, somos llamados a saber leer los signos de los tiempos, a saber vivir como cristianos en medio del mundo de hoy.

¿Cuál es el camino que el Papa FRANCISCO ha querido mostrar a la Iglesia y a todos nosotros, al convocar el AÑO DE LA MISERICORDIA, para que seamos capaces de afrontar estos tiempos? Ante todo un camino revolucionario, básicamente contracorriente, el camino del amor y de la misericordia, ambas encarnadas en lo concreto de lo cotidiano. El amor es siempre revolucionario porque rompe las limitaciones establecidas, porque no acepta el argumento de que "esto se ha hecho siempre así", porque inventa y encuentra formas siempre nuevas de responder a aquello de lo que tiene deseo, esto es algo que sabemos todos, no se puede ser madre con un simple manual de pedagogía porque las circunstancias son siempre imprevistas, y no se puede dar a todos las mismas soluciones, porque lo que funciona para unos, puede no convenir a los otros, porque cada uno plantea problemáticas diferentes. El amor de Dios que está revelado en nuestros corazones por medio  del Espíritu Santo que nos ha sido dado tiene en nosotros esta capacidad de leer la realidad viva, nuestro caso concreto. Es un camino regenerador éste que propone el Papa FRANCISCO a toda la Iglesia, porque cada uno de nosotros, consagrados o laicos, tenemos siempre ante nosotros esta opción entre la esterilidad y la regeneración. Regenerar es la capacidad de introducir en el mundo a un hijo, a toda persona que encontremos, ayudándoles a llevar a cabo una especie de segundo nacimiento, una segunda oportunidad, favoreciendo las condiciones para una vida digna, para que sus cualidades puedan florecer, y así también nosotros participemos de este renacimiento. Misericordia es esta palabra regeneradora, puede parecer que forma parte de un vocabulario un poco pío o ñoño, pero que en realidad, en su esencia, es la única alternativa a la cultura de la indiferencia y de dominio que estamos viviendo. Misericordia es una palabra que indica un movimiento, dejarse tocar el corazón, porque un corazón endurecido no es que sea un corazón increyente, es que no es ni un corazón humano. Misericordia es la palabra regeneradora que el Papa FRANCISCO ha ofrecido al mundo como respuesta a la situación de desigualdad, muchas desigualdades en este mundo. Las relaciones entre nosotros no han de ser parejas, porque somos diferentes, pero en todos nosotros, sutilmente, ya hay una tendencia peligrosa, que a la primera de cambio es capaz de determinar nuestro comportamiento, y es ésta "hacerse pequeño delante de los grandes, y hacerse grande delante de los pequeños", la misericordia, sin embargo, corrige la desigualdad favoreciendo al más débil, donde haya una debilidad, una fragilidad, no he de ser dominante, sino servir, acoger, acompañar, y debo dejarme acompañar por esta debilidad, y no avergonzarme de ella. 

La misericordia no es solo un valor, un valor noble, no es sólo un principio humano, sino que es un movimiento de reciprocidad, que salva al que lo ofrece y al que lo recibe, San FRANCISCO que abraza y besa al leproso es el ejemplo perfecto. La misericordia nos transforma a todos, y reintroduce cualquier cosa en el mundo. La misericordia regenera. La misericordia no es un producto nuestro, que dependa de nuestras buenas acciones, sólo podemos ser misericordiosos porque hemos recibido misericordia. Podemos dar porque hemos recibido. No somos los autores de la misericordia sino sus mediadores, y podemos serlo si primero reconocemos en nosotros que estamos necesitados de misericordia, escribe el Papa FRANCISCO en la carta de clausura del AÑO DE LA MISERICORDIA las siguientes palabras: "Soy amado, luego existo; he sido perdonado, entonces renazco a una vida nueva; he sido «misericordiado», entonces me convierto en instrumento de misericordia" (nº 16, in fine) Así es como nos lo enseña magistralmente el Papa FRANCISCO. La Iglesia, misionera de la misericordia promueve el principio de liberación y de relación recíproca a la que el mundo contrapone, tristemente, la idea de la individualidad estéril que crea nuevos seres solitarios y estériles. La misericordia es un movimiento salvífico que ayuda a encarnar la fe y a convertirla de nuevo en vida. Porque la misericordia ha de ser concreta. Radica en la visión de querer el bien , de tomar cuidado por los demás, y no somos misericordiosos par perfeccionar a los demás, ni hacer proselitismo, porque la misericordia ha de hacer a los demás nacer a la libertad, en el pequeño ve al grande, en el pobre ve a Jesús, en el niño ve el misterio del adulto que puede llegar a ser.

El texto del Evangelio de MATEO, el tan conocido capítulo veinticinco, nos revela a Jesús, que al final de los tiempos, llamará a los hombres a su derecha y les dirá "porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme" (Mateo 25,35-36) el Señor nos prepara para este momento decisivo y nos llama a hacer examen de conciencia ¿tenemos en nosotros esta actitud de salir al encuentro de los hermanos? La misericordia es un estilo de vida ¿me desenvuelvo en la vida, cotidianamente como misericordioso, o como no misericordioso? Una cosa es hablar de misericordia y otra vivir la misericordia. Parafraseando al apóstol Santiago podemos afirmar "la misericordia sin obras está muerta en sí misma" (Santiago 2,14-17) Porque la misericordia tiene su propio dinamismo, ponerse en camino al encuentro de los necesitados, de los necesitados, de las personas en necesidad. El misericordioso tiene ojos para ver, oídos para escuchar, y manos para levantar. La indiferencia nos hace estériles, como hemos dicho, la vida cotidiana nos permite tocar todas las necesidades de esas personas que son más pobres que nosotros, todos nosotros estamos llamados a acoger estas situaciones de necesidad en que se encuentran tantos hermanos y hermanas, pero no basta sólo con mirar, tenemos que actuar, tener la fantasía del amor que se manifiesta en la misericordia. Cuántos son los aspectos de la misericordia de Dios para con nosotros, y cuántos son los que se dirigen a nosotros buscando esa misericordia, porque el que ha experimentado la misericordia del Padre no puede permanecer impasible frente a la necesidad de los demás. La Palabra de Jesús en el capítulo veinticinco de MATEO no nos permite evadirnos "porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis" (Mateo 25,42-43), sólo hay dos caminos, si hay alguno intermedio, no lo se, ni lo hay, las obras de misericordia nos exigen poner nuestras manos a trabajar para aliviar las situaciones de sufrimiento, la mirada del cristiano contempla lo esencial, tenemos que saber contemplar a Jesús en el enfermo, en el encarcelado, en el que no tiene trabajo y ha de sacar adelante una familia, en el que está solo y triste, en cada uno que tenga necesidad y hace el camino a nuestro lado, en silencio, para que se sienta acompañado, estas son las obras que el Señor nos pide, porque el Señor contempla así, con ojos llenos de misericordia, y de atención, también nosotros, que somos miembros de la Iglesia, contribuyamos para que ella sea misionera de la misericordia.

Concluyo con la oración que bien podría ser un programa diario personal, para que podamos ser todos nosotros misioneros de la misericordia:

Señor Jesús, en el silencio de esta jornada que ya declina,
vengo a pedirte paz, sabiduría y fuerza,
hoy quiero contemplar el mundo con ojos llenos de amor,
llenos de misericordia,
quiero ser paciente, comprensivo,
humilde, dócil y bueno,
mirar más allá de las apariencias de tus hijos
como tú mismo los contemplas,
para poder así aprehender la bondad de cada uno,
cierra mis oídos a las murmuraciones,
guarda mi lengua de toda maledicencia,
que mis labios sólo se abran para bendecir,
quiero ser bien intencionado y justo,
de hacer sentir tu presencia a todos los que me rodean,
revísteme con tu bondad,
Señor, Jesús, haz que en este dia,
y todos los días de la vida que me queden,
yo sea reflejo de ti. Amén.