viernes, 28 de julio de 2017

CAMINAD....
¡PERO LIGEROS DE EQUIPAJE!

Llevamos tres días caminando... ¿No andáis cansados ya? Puede ser... de ordinario, el cansancio, sobre todo en la caminatas y peregrinaciones, especialmente si son a pie, pensad en esta Marcia Francescana a ASÍS, o en el Camino de SANTIAGO, el ROCÍO, etc, etc... suele estar motivado por una mala organización del peso, del peso del macuto, de la mochila del peregrino.

La decisión es difícil, uno nunca sabe qué meter en las mochilas, macutos o maletas, da igual el tiempo que le dediquemos, al final nos daremos cuenta que no tiene sentido ocupar espacio echando todos los "medicamentos para todos los imprevistos" ¡acaso es que no hay farmacias por todos lados! (salvo que te vayas a misiones, claro), y qué decir de la ropa, hay que ver lo bien que cabe todo ordenado y cómo parece imposible cerrar la maleta cuando ya lo has desdoblado y manchado todo... que si una muda y unos calcetines para cada dia, que si una camiseta (y otra por si se mancha, para tener dos "de quita y pon"), echaré por ese mismo motivo un par de bermudas, y claro, meteré un chubasquero por si llueve, una rebeca de entretiempo por si refresca, y claro, unos pantalones largos de vestir y una camisa de manga larga, bonita, no vaya a ser que encarte alguna celebración eucarística en un templo, o una recepción al peregrino, o una cena un poco más formal ¡no vamos a ir hechos unos zorros!, las chanclas por si hay que cruzar un río, ducharse en baños dudosos, o si me apetece la comodidad, las zapatillas de deporte para todos los días ¡y los zapatos para el día que haya que ir fino! Creo que echaré una libreta, y un par de bolis, por si apunto cosas por el camino, y un par de libros, los que nunca leo ¡qué aburridas son las noches de hotel o de albergue sin nada que hacer! (que es mentira, que luego los libros vuelven, conociendo un lugar nuevo, pero ni los has abierto para leer dos renglones, que da igual que eches sólo la Biblia, que te va a pasar igual...)... y suma y sigue... y el maletón se hace interminable....

¡Alto, alto....! No nos embalemos... hablando de embalar, no de prisas, sino de empaquetar, es FRANCISCO una vez más el que nos ayuda sobre cómo hacer una buena maleta para el camino: Dice la primera biografía de San FRANCISCO (Vita Prima, Capítulo IX, 22, Celano) que recién restaurada la Porciúncula, la pequeña Iglesita de Santa MARÍA DE LOS ÁNGELES, lo que San FRANCISCO hizo hacia el tercer año de su conversión: 


Sin embargo, un día en que en esta iglesia se leía el pasaje del Evangelio relacionado con el mandato confiado a los Apóstoles de predicar, el santo, que sólo había entendido el sentido general, después de la misa, rogó al sacerdote que se lo explicara más despacio. El sacerdote se lo explicó punto por punto, y Francisco, al oír que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero, ni llevar una bolsa, ni pan, ni bastón, ni sandalias, ni dos túnicas, sino sólo anunciar el reino de Dios y la conversión, exultante en el Espíritu Santo se dijo: "¡Yo quiero esto, esto es lo que busco, esto es lo que deseo hacer con todo mi corazón!". Se apresura entonces el santo padre, rebosante de alegría, para ejecutar los consejos saludables del Evangelio; sin permitirse cualquier retraso en su puesta en práctica, fiel a lo que escuchó: Se quita el calzado de sus pies, abandona su bastón, se contenta con una túnica, sustituye su cinturón por una simple cuerda. Desde ese momento se confecciona un sayal que en sí mismo reproduce la forma e imagen de la cruz, para alejar todas las tentaciones del diablo; la confecciona asperosísima, para crucificar la carne y todos sus vicios, y pecados, y de un material tan pobre y tosco que es imposible que nadie pudiera envidiarla. Con el mismo cuidado y dedicación hace la promesa de hacer realidad todo lo que oiga. De hecho, aunque nunca había sido un oyente sordo del Evangelio, pero teniendo  una memoria encomiable de todo lo que escuchaba, a partir de ese momento trató con toda diligencia ejecutar el Evangelio al pie de la letra.

A Dios gracias esta es una peregrinación urbana, por lo que no vamos a necesitar una mochila... a no ser que decidas echar el día, ya que caminas, fuera, y decidas prepararte algún tupperware con comida, o algún libro para leer en un parque, o alguna libretilla para apuntar experiencias o sentimientos... yo siempre suelo ir con mochila, es una absurdez, porque de la casa al trabajo y vuelta, no tiene mucho sentido, es casi una manía, y eso que va medio vacía, dentro va mi "libreta de los grandes pensamientos" como la llamo en broma, un estuche con dos o tres bolígrafos (siempre negros), la Biblia -a veces, según el peso- o un evangelio pequeñito, unos calcetines negros, obligatorios en la uniformidad de mi trabajo, que me los cambio todos los días y creo que los cascos de escuchar la radio en el móvil... ¡muchas veces pienso el chasco que se llevará el ladrón que me dé un tirón de la mochila y se la lleve! (Y eso que me han atracado ya tres veces regresando del trabajo, pero nunca les da por la mochila...)... en fin, que me lío, que en este caminar urbano no deberíamos tener el problema de la mochila...

En este caminar urbano, andemos ligeros, ligeros de culpas, resentimientos, heridas del pasado, escrúpulos de conciencia... ¡Vamos caminando a un lugar de perdón! Y el malo entre los malos intentará liarnos para convencernos de cuán pecadores e indignos somos, que no merecemos ser perdonados, que somos de lo peor... ¡nada más falso! por eso cantamos la noche de Pascua "¡Bendita culpa que nos mereció tal redentor!" o como dice esa frase lapidaria que he descubierto hace poco (aunque desconozco el autor) "cuando el demonio te tiente con tu pasado, recuérdale tu a él su futuro ¡total, ya está derrotado!"; tampoco hay que ir con agobios materiales, económicos, etc, etc... en el camino todo es gracia, todo es aventura, siempre hay un río del que beber, algún fruto del que comer, como pajarillos, confiemos en la providencia (providencia es encontrar una zarzamora en el camino, llena de moras con que aliviar la sed, pero providencia no es atender nuestros caprichos y pretender encontrarnos un pollo asado en medio del camino...), y carguémonos de alegría, de esperanza, de ilusión, con la misma mirada de ojos muy abiertos que cuando ponemos a un niño, por vez primera, en camino, para ver la cabalgata de los Reyes Magos... ¡Claro que sí!

Caminemos, pero ligeros de equipaje...