domingo, 11 de junio de 2017

SANTÍSIMA TRINIDAD
Y CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS


Corazón Eucarístico de Jesús,
dígnate contarme entre tus adoradores,
sin tener en cuenta la carencia de mis méritos,
humildemente vengo a tu presencia,
y me postro con toda devoción,
y me consagro a ti enteramente,
para que mis palabras, actos, pensamientos,
sean una acción de gracias
porque sé que eres mi redentor,
y me postro especialmente,
ante tu presencia que habita entre nosotros
para siempre, en el Santísimo Sacramento,
que mi adoración sirva
para consolar a los pobres en su aflicción,
para ganar el arrepentimiento de los pecadores,
para acercarte a todos los que no te conocen,
esta es mi petición, Señor,
la única que haré, en tanto en cuanto,
mi corazón siga latiendo.

Amén.


En toda actuación de Dios siempre interviene toda la Trinidad, pero el Señor nos dijo que "nos enviaría el Espíritu Santo". El Espíritu que genera la vida, como viene narrado en el libro del Génesis, transformando la arcilla en un cuerpo viviente. Es el Espíritu Santo el que hace resurgir el cuerpo crucificado de Jesús. El Espíritu Santo es el gran don prometido por el Señor para que siguiéramos unidos a él después de su ausencia, y unidos entre nosotros.

Cuando la lanza se clava en el costado de Cristo de su Corazón brotó el Espíritu que genera la nueva vida simbolizada en el agua que vivifica y en la sangre que da la vida. Lo que nos introduce en el misterio pascual, del Corazón transido del Señor nace toda la vida nueva sacramental de la Iglesia, y de la comunidad cristiana. Comentando este pasaje del Evangelio, comentaba en su momento el Cardenal RATZINGER: "El agua que sale del costado abierto del Señor manifiesta también la unión existente entre Jesús y el Espíritu Santo, el agua que sale del costado abierto de Cristo manifiesta la unión existente entre Dios Padre y el Espíritu Santo, con esta agua crean y dan vida a la Iglesia, como crean y renuevan todo lo creado, una vez más, transformando los desiertos en vergeles"

Por este motivo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús debe servirnos para alimentar nuestra espiritualidad y nuestra devoción a la Santísima Trinidad, pues en el Corazón del Señor vemos "la Palabra de Dios Padre, que acampa entre nosotros", en el fuego de amor que le consume, ¡y no quiero sino que arda!, vemos la acción del Espíritu Santo en la Iglesia desde el acontecimiento de Pentecostés. La asidua meditación sobre el Corazón de Jesús nos posibilitará darnos cuenta de que el amor de Dios sólo es visible en Jesús, su único hijo "Dios al mundo amó, a su hijo dio, para que todo aquel, que crea en él, no se pierda y tenga vida en él" (Cfr. Juan 3,16)


La verdadera devoción al Sagrado Corazón consiste en esto: Conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, contemplando a Jesús par fiarnos de él que nos enseña, nos exhorta, nos anima, nos guía constantemente a descubrir el amor del Padre y su rostro, y todo ello sólo lo podemos apoyados y fortalecidos en el Espíritu Santo, que nos sustenta.

En el Evangelio de Juan leemos:

El Padre os mandará un defensor, el Espíritu de la Verdad que estará siempre con vosotros (...) Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.

(Juan 14,16-17.23)

La Santísima Trinidad ha escogido nuestro propio corazón como lugar de estancia, mejor aún, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos envuelven con su amor y nos involucran en su amor, nuestra respuesta ante esta gratuidad ha de ser proporcionada a este don que hemos recibido en el bautismo, y es Jesús mismo el que nos propone cómo podemos corresponder, porque nutriéndonos nosotros mismos de la vida de su cuerpo y de su sangre, también nosotros podamos convertirnos en un sacrificio de amor. Que nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús sea Eucarística, de acción de gracias al Señor viviendo nuestra jornada de una forma eucarística, que es el eje que ha de vertebrar la vida cristiana. ¡Por eso se alegra mi corazón, exulta mi alma y mi cuerpo se siente seguro!



Virgen María, 
Nuestra Señora del Santísimo Sacramento,
que eres la alegría de los cristianos,
que eres la gloria de la Iglesia,
que eres la esperanza del mundo,
ruega por nosotros,
prende en nosotros el amor
y la devoción por la Eucaristía,
para que gustemos de su riqueza
todos los días de nuestra vida.

Amén