jueves, 1 de junio de 2017

QUE TODOS SEAMOS UNO
¡PERO NO UNIFORMES...!


Pide el Señor al Padre en el Evangelio de hoy (Juan 17,20-26):

Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.

Evidentemente no se trata de una "unidad a la coreana": Un partido único, una televisión única, una radio única, un periódico único, incluso la misma uniformidad en funcionarios, trabajadores y civiles... hasta hay una leyenda urbana que dice que todos los coreanos del Norte reciben, en su mayoría de edad, un pin del partido, que ha de lucir puesto siempre ¡y no se sabe de nadie que o haya perdido, o del destino de aquellos que lo pierden!

Ésta evidentemente no es la unidad que el Señor quiere para nosotros, puesto que unidad no es uniformidad, ni mucho menos una unidad basada en la disciplina, ni en el temor a la sanción. Es una unidad que florece como consecuencia del amor mutuo, de la donación total del uno al otro. Lo segundo es que una unidad que florece en la tierra de la libertad. Hay que recordar aquello que decía PABLO: “Para ser libres nos liberó el Señor”. Por tanto, tenemos que construir nuestra unidad en el amor y en la libertad. Y no hay más instrumento que el diálogo, la escucha, la empatía, el trato personal. La unidad no se construye desde ya a golpe de orden y autoridad. Se va haciendo poco a poco. Es proyecto más que realidad. Es tarea de todos a partir siempre del respeto al otro. Es don ciertamente pero también es compromiso y esfuerzo de todos. 

El Señor oró para que esa unidad se realizase en su Iglesia. Ahora es tarea nuestra hacerla realidad. Para que en esta casa del reino nadie quede fuera, excluido, y todos nos sintamos miembros de la única familia de Dios.


Hasta aquí la teoría, precisamente en la víspera de la celebración de Pentecostés, que además es la Jornada de la Acción Católica y del Apostolado de los Seglares, y es que muchas veces los Obispos se comportan "a la coreana", es decir, muchas buenas iniciativas llevadas a cabo por los fieles, por los laicos, sucumben a la dirección de los obispos, cuando no de penas canónicas expresas, simplemente porque "a ellos no se les había ocurrido primero la idea" y ensombrecen su papel como pastor único; otras veces porque rigen sus diócesis creyendo que la unidad es la comunión pasiva de los fieles (los laicos no pasan de ser la masa becerril a la que guiar con el cayado....) con todo aquello que emane de su forma de ver las cosas.

A veces he llegado a pensar que el solideo que le ponen a los obispos, tras la imposición de manos en su consagración episcopal, es como una especie de escudo protector para que se hagan inmunes a la acción del Espíritu Santo ¡cómo ya han quedado plenos de Espíritu en su ordenación episcopal, para qué quieren más! Ejemplos de ello hay muchos en los medios de comunicación, no es hora de hacer una enumeración de este rosario de enfrentamientos entre los laicos y sus pastores... Un ejemplo, y para que nadie me tache de partidista, lo pondré bien antiguo, aunque de rabiosa actualidad, me temo, por esas ideas y venidas de la tan atacada Exhortación Apostólica Post-Sinodal del Papa FRANCISCO "Amoris Laetitia":


El escritor, ensayista y poeta francés CHARLES PIERRE PÈGUY (1873-1914) debido a su situación matrimonial irregular -casado civilmente con una no bautizada- quedaba privado de los sacramentos -al tenor del derecho canónico de aquella época-, se quejaba a su amigo JOSEPH LOTTE, en una carta (Conversaciones, nº 69), diciendo: 

Los curas son muy fuertes. Como detentan el poder de administrar los sacramentos, dan a entender que sólo existen los sacramentos, olvidan decirnos que también existen las oraciones y las plegarias. Ellos poseen los unos, nosotros las otras, lo que al menos, es la mitad del conjunto. 

Cuando empezó sinceramente a convertirse al catolicismo fu visto con recelo por sus antiguos compañeros del Partido Socialista, por su parte la Iglesia también le miraba con recelo, él mismo llegó a decir que se sentía "una especie de cristiano sin Iglesia" por eso quedó fascinado al descubrir "unas asambleas de oración, llevadas a cabo en la absoluta libertad del Espíritu", que eran reuniones de oración, de grupos de creyentes, muchas veces en domicilios particulares, en las que no había ningún sacerdote guiando el rezo, y donde todo era libertad de Espíritu, iniciativa de los creyentes... ello le llevaba a hacerse la siguiente pregunta, que debería ser examen de conciencia para muchos obispos: "¿No demostraría esto el poder de la iniciativa personal de los fieles, no en contra de la institución, pero si, claramente, sin su mediación?"

Y ahora que está tan de moda, en algunos obispos, y medios de comunicación tendenciosos, recurrir a BENEDICTO XVI, para pretender sembrar dudas de su fidelidad al pontificado de FRANCISCO, o que pretenden ensombrecer el papado de éste aludiendo al magisterio de aquel, os traigo a la consideración unas palabras, del aún Cardenal RATZINGER, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, reflexionando sobre el correcto equilibrio entre el carisma y la institución, entre los fieles y los obispos, a estos últimos les recordaba lo siguiente:


Hay que advertir a los Obispos que no caigan en la tentación de condescender ante cualquier pretensión de uniformidad absoluta en la organización y en la programación pastoral (...) No pueden erigir sus proyectos pastorales como la piedra de lo que se le permite hacer al Espíritu. Ante lo que son meros proyectos humanos, puede suceder que las Iglesias se vuelvan impenetrables al Espíritu de Dios, a la fuerza de la que viven (...) No es lícito pretender que todo deba inscribirse en una determinada organización de la unidad: ¡Mejor menos organización y más Espíritu Santo!