lunes, 5 de junio de 2017

LOS VIÑADORES HOMICIDAS
¡Lo mío es mío, aunque no sea mío!


¡Ah, la parábola de los viñadores homicidas! (Marcos 12,1-12) con su terrible final:

El dueño de la viña (...) Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: "Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia." Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. 

Ahora nos parece tan evidente que hace referencia al propio Jesucristo, este hijo amado del viñador al que envió, y los viñadores homicidas tampoco le respetaron la vida, como se lo pareció en su día a los destinatarios de esta parábola, pues dice el Evangelio además que "trataban de detenerle -pero tuvieron miedo a la gente -porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándolo, se fueron" (Marcos 12,12)


De hecho todo el Evangelio, incluso las referencias más veladas que hace el Señor a su propia Pasión y muerte, al contrario de lo que sucedía a los discípulos, todo el dia sin entender, deberían sernos igual de claros, tenemos una ventaja sobre los pobres discípulos... ¡porque siempre olvidamos que el acontecimiento de la resurrección, además de dos mil años de fe aquilatada por el paso de la historia, hacen que nuestro horizonte de comprensión del Evangelio sea infinitamente mayor de quienes tuvieron que vivirlo "sobre la marcha"!

Y el caso es que esta parábola, lecturas cristológicas aparte, tiene mucho que decirnos a nosotros... ¡Todos podemos ser siervos ingratos y una vez más, es delgada la línea que nos separa de ser homicidas! Porque... ¿Y si en el trabajo algún compañero destaca más que nosotros? ¿Y si se apropiara injustamente de nuestro trabajo y del mérito que nos corresponde? ¡Eso sería el acabose! ¡Se convertiría inmediatamente en un enemigo acérrimo, alguien susceptible de "ser eliminado", al menos, laboralmente hablando! ¿O que sucede el día que una madre escucha por vez primera a su hijo, su ojo derecho, su predilecto, decir que su mujer hace las lentejas más buenas que las suyas? ¡Ahí será la madre de toda las batallas! 

Porque todos somos celosos de lo nuestro, de lo que consideramos nuestro, esto puede ser hasta cierto punto legítimo, aunque no demasiado, muchos Santos Padres, destacando San JUAN CRISÓSTOMO, nos recordarán que "aún legítimamente, lo que nosotros tenemos, es porque le suele faltar a otro", pero peor aún es apropiarnos de aquello, que aún sin ser nuestro, nos lo hemos arrogado injustamente como nuestro... ¡Acordaos de GOLLUM de EL SEÑOR DE LOA ANILLOS (y eso que él tenía conciencia de que el anillo no era suyo -lo mismo que los viñadores de la parábola-! Cómo se va amargando, degradando, deshumanizando, incluso esta amargura se va traduciendo en la degeneración física y externa del personaje... 

Estemos alerta porque en cualquier momento corremos el riesgo de quedarnos prendados física o espiritualmente de lo que no nos corresponde, de lo que no es nuestro, no sea que en nuestra ceguera, seamos tan celosos, que podamos hacer daño a alguien.