miércoles, 21 de junio de 2017

JESUITAS DE GRANADA
Y UN TESTIGO EJEMPLAR:
EL PADRE PEDRO CLOSA


Entre los grandes difusores de la devoción al SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS se encuentran los jesuitas, así que como estamos en vísperas, como quien dice, de su celebración hoy es por lo que os hablaré de la Iglesia del SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS de GRANADA, situada en la Gran Vía, a cuya espalda se encuentra la residencia de los jesuitas y un centro de estudios, conferencias, cursos y seminarios, llamado CENTRO PADRE SUÁREZ, el corazón de la cultura jesuita en la ciudad.


La iglesia se levanta durante el pasado siglo XX para la Orden de los Jesuitas. Entre sus materiales de construcción destaca la utilización en su fachada principal del ladrillo visto, un elemento de clara tradición mudéjar. También destaca su sencilla portada en piedra, formada por tres huecos de arcos apuntados que evocan el arte gótico. Sobre la portada presenta un gran ventanal, estrecho y acabado en arco apuntado, sobre el que se dispone una vistosa decoración de crestería al modo de los grandes templos góticos.


El interior está organizado a partir de una sola y amplia nave, que se cubre con bóvedas de nervios por tramos, siguiendo la secuencia de los altos pilares neogóticos. Estos pilares no se levantan adosados a los muros laterales, sino despegados un poco de ellos, lo que permite la creación de un peculiar "balcón" o paso superior entre cada uno de ellos, que avanza desde los pies hasta el presbiterio, que se presenta elevado sobre gradas. La cabecera de la iglesia es de planta poligonal de cinco lados, y en la parte superior de sus delgados tramos incluye ventanales altos y estrechos, cerrados con vidrieras de colores, al estilo de las iglesias góticas tradicionales También existen altos ventanales de líneas góticas a ambos lados del templo , lo que permite gozar de una notable iluminación natural en el interior del templo.


Desde el año 1989, cada Miércoles Santo, de esta iglesia sale la popular Cofradía de los Gitanos (Cristo de los Gitanos), fundada en 1939 y con sede canónica en la Abadía del Sacromonte.

Y me viene bien citar la Abadía del SACROMONTE, porque ello me va a permitir daros a conocer a un jesuita, cuya parte de su vida se desarrolló en GRANADA, y que tiene mucho que ver con el desarrollo de esta parte de la ciudad, periférica, donde residimos, y que dedicó todo su trabajo pastoral a trabajar con los gitanos, pues aunque siendo catalán de nacimiento, aquí la gente le llamaba el "jesuita gitano". Nos estamos refiriendo al Padre PEDRO CLOSA FERRER, SJ, imposible me ha sido encontrar una foto suya.

PEDRO CLOSA nace en BARCELONA en 1932. Desde joven, dedica parte de su tiempo a trabajar como voluntario con las personas que vivían en las barracas de MONTJÜIC y del SOMORROSTRO. En 1963 es ordenado sacerdote. Miembro de la Compañía de Jesús, termina sus estudios de sacerdote en CÓRDOBA, donde mantiene un contacto estrecho con el pueblo gitano de la provincia: «He hecho amistades profundas sin pretender nada más. Todo llega poco a poco. Mi ideal es vivir con ellos, compartir su vida y ponerme a su servicio, como ellos se ponen al mío. Solo intento convivir sin hacer ruido, pero no se trata de convivir teóricamente sino prácticamente. Yo no estoy con ellos para hacer un barrio nuevo ni para proporcionarles un lugar donde vivir, colchones o mantas; solo trato de vivir. Y si alguien necesita una manta y yo tengo una, comparto lo mío con él. Y si es él quien la tiene y yo no, también acepto que él me la dé.»

Un cordobés retrató así su figura: «Largas patillas, un pañuelo rojo al cuello, gorrito y un ajustado vestido gris con el polvo de toda Andalucía, y una guitarra en la espalda: esta era su apariencia. Quizá no era muy clerical, aunque en el fondo era un corazón profundamente sacerdotal que latía con todo el mundo gitano»

Estando destinado en el año 1962 en GRANADA, se suceden unas fuertes lluvias torrenciales que inundan especialmente el barrio del SACROMONETE, en el que, desde siglos, vivían muchas familias gitanas. Una de las cuevas queda aplastada y mueren varias personas. Hay cantidad de familias gitanas afectadas, que lo han perdido todo, y que son reubicados, como urgencia, en la misma plaza de toros de la ciudad.


Para estas familias gitanas damnificadas empieza un largo itinerario a modo de éxodo, que culmina al cabo de varios años en lo que hoy se llama el POLÍGONO, en el extremo nordeste de la ciudad. Pero antes de llegar a este lugar, se pasa por otros tres de forma provisional: SANTA JULIANA, Los Frigoríficos y La Virgencita.

Barracones, mucha miseria, en condiciones infrahumanas y, sobre todo, al margen del estilo cultural y tradicional de la identidad gitana. Como acontece con frecuencia las administraciones estudian, diseñan y deciden desde los despachos, sin tener en cuenta la tradición y las culturas de los futuros usuarios.

ADOLFO CHÉRCOLES, SJ
Un grupo de estudiantes jesuitas de la Facultad de Teología de La Cartuja, con la bendición –primero tímida y después de pleno soporte– de sus superiores, se instala en dichos barrios y van siguiendo el éxodo de las familias gitanas. Entre ellos está ADOLFO CHÉRCOLES, que mantiene vivo el recuerdo de aquella época, y en la actualidad sigue viviendo con otros compañeros en el POLÍGONO. El ha sido nuestra principal fuente de información. Al comienzo, los estudiantes jesuitas van a vivir a SANTA JULIANA los fines de semana y acuden algunas tardes. Ya en Los Frigoríficos, su instalación es total, en unas condiciones de precariedad desastrosas y humillantes, similares a las que vive los demás habitantes de la zona. Por fin, en La Virgencita, siguen con su presencia. Esta vez, en unas instalaciones con agua corriente y servicios básicos mínimos. Parece que se construyeron pensando en el turismo, como unos alojamientos provisionales de cara a un turismo popular; pero al no tener éxito, y ante la trágica situación que vivían los gitanos desplazados desde las  inundaciones, de forma provisional se les asignaron a ellos.

La comunidad de jesuitas ya llevaba un tiempo viviendo con los gitanos cuando PEDRO CLOSA se integra a su grupo en 1965. Pronto se dan cuenta de la personalidad y originalidad de aquel hombre, que no pierde su acento catalán por mucho que se esfuerza en hacerse en todo como uno más de los ciudadanos de aquellos miserables barrios. El mismo día de su llegada ya llama la atención por la tabla que trae consigo y por colgar cuadros y dibujos. Descubren que PEDRO es también un artista. Una buena parte de su producción iba para la venta ambulante, y especialmente para los turistas, con lo que siempre andaba consiguiendo dinerillo, que él nunca llevaba encima, para sus gitanillos, en varias ocasiones -en aquella época se podía- donaba sangre por dinero, y al decirle la gente que no podía hacerlo con tanta frecuencia, por su extremada delgadez, creyendo que iba a caer enfermo o anémico, él respondía "¡qué es mi sangre si la cambio por ladrillos para la escuela de los gitanos!". 

El grupo no se componía sólo de jesuitas. En SANTA JULIANA entró en relación con ellos MARÍA ARMADA una asistenta social que trabajaba en una guardería infantil del barrio. Dentro del grupo pronto se constató que Pedro era una persona original, con unas convicciones muy arraigadas y que su opción era no sólo estar al lado de los gitanos, sino llegar a ser uno de ellos. Su forma de vivir y su atuendo, sus expresiones y estilo se fueron agitanando”. Era imprevisible, era libre, no programaba, vivía al día e iba respondiendo según los estímulos y las necesidades del presente. Alternó el trabajo manual, no pocas veces de corte artístico, con las faenas eventuales, como la vendimia, la recogida de la aceituna o la venta ambulante. 

Viviendo en cuadrillas en los campos, algunas veces consta que se separaba del grupo e iba a rezar o a celebrar la misa bajo unos olivos. Nos han contado que una mañana, apenas empezaba a clarear, le vieron salir y cómo allí a lo lejos, se sentaba, con su Biblia, un pañuelo, en el suelo, a modo de mantel de altar, y los enseres precisos para su celebración. Hasta el pan para celebrar es pan normal, no tenía formas en medio del campo, un gitanillo de la chiquillería se le acerca, y le dice "que viene por el pan" y é le responde "pues tendrás que esperar un poco, más adelante te lo doy", poco a poco, varios compadres se fueron acercando, la familia del chavea y miraban a PEDRO cómo oraba, hasta que una gitana mayor le pide que rezara por sus muertos. Aquella misa fue realmente comunitaria. Eran unos cuantos, nunca habían visto nada igual. Estaban emocionados. Les habló del Señor, de su presencia, de sus quereres. Pasados los años, lo recuerdan como un día muy especial. Se puede decir que aquella fue la primera eucaristía gitana de la historia de la pastoral gitana en ESPAÑA.

Otros muchos días se los pasaba en el barrio, ayudando en lo que fuera, o en el barracón. Sentado con las piernas cruzadas trabajando la madera, pintando; o delante de unos tableros en los que siempre había libros abiertos, papeles, cartas y el crucifijo de sus votos, o haciendo oración. Podía estar así muchas horas. Dentro de la casita, donde celebraba la Eucaristía, con unos ladrillos y trozos de saco se hizo un espacio, agradable, sencillo y con mucho gusto.

El Padre PEDRO CLOSA murió en Granada el 16 de diciembre de 1971 a los 39 años. Cuando le quedaban pocas horas de vida, aún tuvo fuerzas para escribir su testamento espiritual: «Ahora veo más claro que nunca que todos los hombres somos iguales.»