sábado, 10 de junio de 2017

EL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS
¡Aprended de mi Corazón Eucarístico!


Corazón Eucarístico de Jesús,
dígnate contarme entre tus adoradores,
sin tener en cuenta la carencia de mis méritos,
humildemente vengo a tu presencia,
y me postro con toda devoción,
y me consagro a ti enteramente,
para que mis palabras, actos, pensamientos,
sean una acción de gracias
porque sé que eres mi redentor,
y me postro especialmente,
ante tu presencia que habita entre nosotros
para siempre, en el Santísimo Sacramento,
que mi adoración sirva
para consolar a los pobres en su aflicción,
para ganar el arrepentimiento de los pecadores,
para acercarte a todos los que no te conocen,
esta es mi petición, Señor,
la única que haré, en tanto en cuanto,
mi corazón siga latiendo.

Amén.



Decimos que el Señor es nuestro maestro, él mismo nos lo dijo claramente, con la docencia de su ejemplo y de su corazón "aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón" (Mateo 11,29) pero podríamos preguntarnos ¿Verdaderamente en esta materia inerte del pan, en la que el Señor quiso quedarse entre nosotros, podemos decir, de alguna manera, que en ella aprendamos todas las virtudes y nos sirva de modelo para nuestra imitación?


Porque durante tu vida terrena tu vida y ejemplo se extendía de forma natural ante los ojos de quienes te contemplaban. El Evangelio mismo, que se conserva hasta nuestros días, inalterable, es para nosotros una fuente de tus enseñanzas y ejemplos. Pero en esta nueva existencia sacramental, sin hablar, sin moverte, sin relación con nosotros ¿Cómo es que podemos aprender de ti, Señor?

Ya sabemos la respuesta que nos da la Iglesia de que en el pan quisiste quedarte ara mostrarnos la gracia de la vida sacramental y espiritual, que no depende de la humildad de los medios, de la especie, y que en el Sacramento de la Eucaristía es más evidente que en los demás sacramentos. Más aún, mientras que el resto de los sacramentos sólamente despliegan su eficacia en el momento de ser realizados, en el Sacramento de la Eucaristía su efecto permanece, se extiende en el tiempo. 



De estos principios básicos ya se extiende la primera de las enseñanzas para nosotros, en que en esta inerte y dependiente materia del pan, el Señor se sigue anodadando a sí mismo, se sigue humillando por nosotros, que es Hijo de Dios y no puede ser contenido en el cielo; más que en la Encarnación que se hizo hombre, en la Eucaristía, pobre trozo de pan. El que es el amor verdadero, el amor sin medida "amando a los suyos, los amó hasta el extremo" (Juan 13,1-15), privado ahora de toda sensibilidad, sin ojos para vernos, sin oídos para escucharnos, sin manos para tocarnos, sin pies para ir a donde quisiera... ¿Acaso no se convierte ara nosotros en el pordiosero más necesitado del mundo? Atrapado en su propio misterio dependiendo de que seamos nosotros los que vayamos a verle, los que vayamos a consolarle, los que vayamos a amarle. Y finalmente, su ternura, su amor, su longanimidad, que no por ello queda expuesto a soledad, injurias, ataques, sacrilegios y profanaciones ¿No son señal de su sublime y heroica paciencia, sostenida por la sola persistencia de su amor, pues la caridad es la reina de las virtudes, su gloria y su corona?  
Comprendiéndolo de esa manera, quizás podamos aprender de ti, como aquél discípulo aventajado que mereció por ello llamarse "tu discípulo amado" y así con él, consumir nuestra vida y nuestro ministerio en la única tarea de darte a conocer.



Virgen María, 
Nuestra Señora del Santísimo Sacramento,
que eres la alegría de los cristianos,
que eres la gloria de la Iglesia,
que eres la esperanza del mundo,
ruega por nosotros,
prende en nosotros el amor
y la devoción por la Eucaristía,
para que gustemos de su riqueza
todos los días de nuestra vida.

Amén