viernes, 9 de junio de 2017

EL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS
¡Jesús en la Eucaristía, nuestra alegría!


Corazón Eucarístico de Jesús,
dígnate contarme entre tus adoradores,
sin tener en cuenta la carencia de mis méritos,
humildemente vengo a tu presencia,
y me postro con toda devoción,
y me consagro a ti enteramente,
para que mis palabras, actos, pensamientos,
sean una acción de gracias
porque sé que eres mi redentor,
y me postro especialmente,
ante tu presencia que habita entre nosotros
para siempre, en el Santísimo Sacramento,
que mi adoración sirva
para consolar a los pobres en su aflicción,
para ganar el arrepentimiento de los pecadores,
para acercarte a todos los que no te conocen,
esta es mi petición, Señor,
la única que hare, en tanto en cuanto,
mi corazón siga latiendo.

Amén.


Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Salmo 94)

"¡Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación!" (Isaías 12,3) Al incrédulo Tomás tuvo que decirle el Señor "Ven, mete tu mano en la herida de mi costado" (Juan 20,27) Tanto como decir ¡Mira mi costado abierto, mira mi corazón herido de lado a lado, pero que sigue latiendo! ¡Siente su pulso! ¡Comprueba la temperatura de la sangre, que sigue fluyendo por vosotros, consumiéndome de amor, que lo hace inflamar! ¿Acaso no crees que es el mismo corazón del Mesías, que te llamó; el amigo que te amó; el hermano que dio la vida por ti; el Sacerdote que sacrificó por ti; el Dios que hizo milagros en tu presencia? ¡No seáis incrédulos, sino fieles!  


Éste es el mismo Corazón de Señor resucitado que sigue latiendo en el pecho eucarístico del Señor escondido en la frágil apariencia del pan. Si no quieres ser como Tomás, si de verdad quieres que tu fe se robustezca hasta el punto de decir "¡Señor mío y Dios mío!", si quieres que tu alegría se plena y gozosa como la de los apóstoles al decir "¡Es el Señor!" al verle resucitado, si quieres tocar con tu mano un corazón batiente... no tienes más que acercarte a su presencia, acercarte a la vida de Jesús Sacramentado, que no ha dejado de estar ahí, sólo por ti. Esta es la verdadera vida de nuestro Señor, que sólo vive para traer alegría a los corazones, por eso les dice "¡Soy yo!", "¡No tengáis miedo!", por eso la Iglesia participa de esta alegría y no ha encontrado mejor forma para honrar a la Madre de nuestro Señor resucitado que unirse a esta alegría gozosa, diciéndole "¡Reina del Cielo, alégrate!"; la gran devota del Corazón de Jesús, Santa MARÍA MARGARITA de ALACOQUE una vez contó que:

Estando yo haciendo Adoración del Santísimo, en mi rinconcito, como siempre, me pareció ver al Sagrado Corazón de Jesús que se aparecía más radiante que el sol. Y en medio de las llamas que inflamaban su divino amor me pareció ver un coro de ángeles que cantaban "¡El amor triunfa, el amor vence, el amor del Corazón de Jesús alegra!

Lo que me permite terminar, precisamente, citando otras palabras de otra alma humilde enamorada de la Eucaristía, Mª EMILIA RIQUELME, que nos dice, de forma parecida: 

Es semejante tu misión a la de los ángeles. Pídeles que te enseñen a amar y reverenciar a Jesús (...) ¡Cómo están los ángeles ante el Señor! Deberíamos emular a esos mismos espíritus angélicos; puesto que, no por ellos, sino por nosotros se quedó el Señor en la Sagrada Eucaristía.

(Mª EMILIA RIQUELME, Pensamientos, nos 31 y 92)




Virgen María, 
Nuestra Señora del Santísimo Sacramento,
que eres la alegría de los cristianos,
que eres la gloria de la Iglesia,
que eres la esperanza del mundo,
ruega por nosotros,
prende en nosotros el amor
y la devoción por la Eucaristía,
para que gustemos de su riqueza
todos los días de nuestra vida.

Amén