miércoles, 14 de junio de 2017

CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS
¡UN FUEGO DE AMOR QUE NO SE APAGA!


Corazón Eucarístico de Jesús,
dígnate contarme entre tus adoradores,
sin tener en cuenta la carencia de mis méritos,
humildemente vengo a tu presencia,
y me postro con toda devoción,
y me consagro a ti enteramente,
para que mis palabras, actos, pensamientos,
sean una acción de gracias
porque sé que eres mi redentor,
y me postro especialmente,
ante tu presencia que habita entre nosotros
para siempre, en el Santísimo Sacramento,
que mi adoración sirva
para consolar a los pobres en su aflicción,
para ganar el arrepentimiento de los pecadores,
para acercarte a todos los que no te conocen,
esta es mi petición, Señor,
la única que haré, en tanto en cuanto,
mi corazón siga latiendo.

Amén.



Durante cientos de años el Señor ha sido perseguido, despreciado, humillado, ultrajado de todas las formas que la sinrazón humana ha sido capaz de imaginar... Resulta incomprensible que el amor mismo pueda ser despreciado de manera tan absoluta por algunos insensatos. Este frió invernal de la insolidaridad, la increencia, el fanatismo, la obstinación, que se cierne sobre la humanidad pareciera ser capaz de apagar el fuego inextinguible de su amor; las profanaciones no tienen en cuenta su Santidad; los desprecios no echan cuentas de su Realeza; los asesinatos, homicidios y persecuciones abusan de su encarnación en la humanidad, en la dignidad preciosa de cada ser humano.



El mismo Señor reveló esta fuerza incomprensible de su debilidad a Santa MARGARITA Mª de ALACOQUE cuando le dijo "recibir de los hombres tantas ingratitudes después de haberlos amado hasta el extremo, es algo tan inexplicable, que me causa aún un dolor más grande que el experimentado en la Pasión" pero añade, mostrándonos los tesoros de las profundidades de su Corazón "pero si ellos fueran capaces de regresar a mi Amor, aún este sufrimiento lo tendría en nada, y si fuera por atraer a muchos más, no me importaría sufrir un poco más".



Lejos de arrepentirse del amor que nos tiene, pese a nuestras infidelidades, incoherencias, ultrajes, vejaciones, pecado, el Señor vuelve a amarnos aún más de forma redoblada, es una amor de tal naturaleza inconcebible, que si fuera un fuego, lejos de quedar apagado por las olas bárbaras del mar embravecido de nuestros pecados, al contrario, aún se inflama y se incrementa mucho más "mi Divino Corazón está tan apasionadamente unido a los hombres que, lejos de poder constreñir la fuerza de mi amor, necesita fogar, en estas llamaradas de amor que no pretenden sino ser un faro, para que me encuentren y regresen a mí".

Sólo se puede concluir de una forma, haciendo nuestras las palabras de JUAN cuando nos dice:

"Amemos al Señor, porque Él nos amó primero" (1 Juan 4,19)


Virgen María, 
Nuestra Señora del Santísimo Sacramento,
que eres la alegría de los cristianos,
que eres la gloria de la Iglesia,
que eres la esperanza del mundo,
ruega por nosotros,
prende en nosotros el amor
y la devoción por la Eucaristía,
para que gustemos de su riqueza
todos los días de nuestra vida.

Amén