miércoles, 17 de mayo de 2017

YO SOY LA VIDA, VOSOTROS LOS SARMIENTOS...



Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Si realmente somos “sarmientos”, estamos llamados a ser reflejo de la vid en la que nos hayamos insertos, que es el Señor, que busca en nosotros frutos de compasión y misericordia, siguiendo con la imagen vegetal será preciso que nos nutramos convenientemente para poder crecer y dar estos frutos, para ello RAINIERO CANTALAMESSA, Ofm,Cap nos dice "¡Seamos como las hojas de un árbol, como hojas que fijan su sustento a la luz del sol de justicia! (Malaquías 4,2) A la luz de este sol que es el Señor Eucaristía, lo mismo que las hojas de un árbol convierten los nutrientes, en la fotosíntesis, fijamos nuestro sustento que es el Espíritu Santo, que sostiene al árbol entero y le da vida, como a la Iglesia misma; de esta manera no solo nos alimentamos, crecemos, damos fruto, sino que nos vamos conformando a la imagen de la vid en la que nos insertamos, lo dice de la misma manera el apóstol PABLO al afirmar: "Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: Así es como actúa el Señor, que es Espíritu(2 Corintios 3,18).


Pongámonos frecuentemente en la presencia del Señor, para poder alimentarnos y sustentarnos de esta manera, en la presencia del Señor Eucaristía, en la Adoración, precisamente hoy, además, que se celebra a San PASCUAL BAILÓN, un sencillo franciscano cuya vida giró entera al amor a la Eucaristía, hasta el punto de que cuando estaba de camino o en el campo, y escuchaba las campanas de alguna Iglesia anunciando que en el interior el Señor estaba siendo alzado en la consagración, se giraba hacia el lugar donde divisaba dicha Iglesia, o de donde procedía el sonido, se ponía de rodillas y adoraba. Algo que sabía muy bien Santa TERESA DE CALCUTA, cuya congregación, pese  su ingente labor de atención a los pobres y los necesitados, ninguna de sus hermanas olvida jamás comenzar el día con una hora, al menos, de adoración, pues ella misma decía:

No es posible comprometerse en el apostolado directo si no se es un alma de oración. Seamos conscientes de ser uno con Cristo, tal como él era consciente de ser uno con su Padre; nuestra actividad no es verdaderamente apostólica si no en la medida en que le dejamos a él trabajar en nosotros y a través nuestro con su propio poder, su deseo y su amor. Hemos de llegar a la santidad pero no para sentirnos en estado de santidad, sino para que Cristo pueda plenamente vivir en nosotros. El don total de nosotros mismos en el amor, en  la fe, en la pureza, está ligado al servicio de los pobres. Sólo cuando hayamos aprendido a buscar a Dios y su voluntad, nuestras relaciones con los pobres serán un camino de santificación para nosotros y para los demás. 

Y esto es así porque como dice ANTOINE DE CHATELART, religioso y teólogo frances, perteneciente a los Hermanitos de Jesús, la congregación fundada, muchos años después de su muerte, por quienes descubrieron la figura de CHARLES DE FOUCAULD: "No puede haber una vida expuesta que no se haya expuesto previamente ante el Santísimo Sacramento expuesto". Por vida expuesta ha de entenderse una vida para los demás, a la vista de los hermanos, accesible a los necesitados, presencia real del Señor en medio de su pueblo, y de nuestros hermanos, haciendo de nuestras vidas una vida permanentemente expuesta a todos los ojos, a todos los riesgos, la ofrenda de una vida accesible a los demás con la facilidad de un pan que se come. Ser, en suma, "pequeños y accesibles" para todos aquellos que se crucen en nuestras vidas, sabiendo que nuestra vida puede que sea el único Evangelio que muchos hombres y mujeres de hoy lean, como solía decir San Francisco "predicad el Evanglio, y si es preciso con palabras". 

Pero no olvidemos que las plantas a veces pierden su fuerza y su vigor, en la naturaleza algunas ramas y brotes terminan por morir, y la planta busca estrategias de expansión y crecimiento por otras ramas alternativas, y poco a poco la vida se abre camino; de este proceso natural los agricultores se dieron pronto cuenta y surgió el procedimiento de podar las plantas, para que crecieran con mayor vigor, estimulando la floración y por ende, los frutos. De la misma manera no olvidemos que en el caso de nuestra vida cristiana, se ha de ir podando, sobre todo, aquello que impide la cercanía y la proximidad del Reino de Dios entre nosotros. Y para concluir con esta reflexión las palabras, a modo de pensamiento, de esa otra alma, bendecida especialmente por el Señor por su amor a la Eucaristía, que fue Mª EMILIA RIQUELME y ZAYAS que nos recuerda, casi, a modo de oración, para la Adoración Eucarística:

Hermoso rostro 
que predica muy alto el amor. 
Yo te prefiero a todo lo deleitable 
del cielo y de la tierra; 
yo quiero por tu amor asemejarme a Ti; 
yo detesto cuanto de Ti me aparte.
¡Corta, rasga, quema, 
cuanto a tu misericordia plazca!
Pero, no me dejes sin Ti ni un solo instante,
que yo no te ofenda, ni te deje,
ni por mi propia miseria,
 deje de manifestar tu gloria.