jueves, 4 de mayo de 2017

YO SOY EL PAN DE VIDA
Testimonio de vida Eucarística del Siglo III


Nos dice el Señor en el Evangelio de hoy (Juan 6,44-51):

Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí (...) Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo.

Comentando este Evangelio dice San JUAN CRISÓSTOMO:

“Nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan” (1 Corintios 10,17). ¿Qué es este pan que comemos? El Cuerpo de Cristo. ¿Qué llegan a ser los que comen de él? El Cuerpo de Cristo; no una multitud sino un mismo Cuerpo. Al igual que el pan, compuesto de tantos granos de trigo, no es más que un único pan en el que los granos desaparecen; al igual que los granos siguen formando el pan pero es imposible distinguirlos dentro de la masa en la que subsisten tan bien unidos, así también nosotros, todos unidos con Cristo no formamos más que un todo. En efecto, un miembro no se nutre de un cuerpo distinto del que se nutre otro miembro del mismo cuerpo, sino que es el mismo Cuerpo el que los nutre a todos. Por esto el apóstol Pablo ha añadido: “Participamos todos de un mismo pan”. Pues bien, si ahora todos participamos del mismo pan, si todos llegamos a ser el mismo Cristo, ¿por qué no vivimos todos la misma caridad?... Es eso lo que ya demostraban nuestros padres en su tiempo: “en el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo” (Hechos 4,32). Ahora no es igual; sino todo lo contrario. Y, sin embargo, hombre, es Cristo quien ha venido a buscarte, a ti que estabas tan lejos de él, para unirse a ti. ¿Y tú no quieres unirte a tu hermano?

Me quiero detener en las siguientes palabras "todos los que comemos de Cristo, no somos una multitud, somos el mismo cuerpo" porque debe de ser que -por asociación de ideas- me he acordado de una de las oraciones eucarísticas más antiguas que existen, conservadas en un fragmento de papiro (catalogado como Papiro D.PG 25”) procedente de una antigua "Domus Ecclesiae", es decir, de una casa particular reconvertida en Iglesia, durante las primeras comunidades cristianas, tanto que la datación de dicha iglesia doméstica según lo expertos estarían entre los años 232-256 después de Cristo, en la localidad de DURA EUROPOS, en la actual SIRIA, y del que los expertos aún no han podido establecer los daños que haya sufrido por la destrucción del extremismo islámico, en lo que se refiere a las ruinas, porque los impresionantes frescos ya fueron rescatados en los años 30 y se encuentran en una reconstrucción virtual del edificio en la Universidad de Yale. Porque entre las bellezas de dicho edificio se encuentra, por ejemplo, el que se supone que sea la imagen también más antigua de la Virgen MARÍA, una mujer recogiendo agua de un pozo, que se sabe que es la Virgen MARÍA por la estrella del manto, elemento típico de los iconos para representar a MARÍA, y además, en la tradición oriental la Anunciación se produjo mientras la Virgen iba a por agua (como el pozo de MARÍA que conservan como lugar de la Anunciación los ortodoxos en NAZARET).

El caso es que la referida oración eucarística es tan antigua que aún se encuentra en hebreo, y no en griego, la lengua de cultura y evangelización de las primeras comunidades cristianas, demostrando el estado incipiente de la comunidad de DURA EUROPOS, que aún no había roto del todo con el judaismo oficial, usando el hebreo también con fines litúrgicos.

El texto es el siguiente:


Cuya traducción, más o menos podría ser:

Bendito seas, Señor, Rey del universo, 
que has creado todas las cosas, 
comida repartida, bebida distribuida, 
para todos los hijos de los hombres, 
para que se satisfagan, 
concediéndonos a nosotros, 
los seres humanos, 
el participar de los alimentos 
de las miríadas de su cuerpo angelical. 
Por todo ello tenemos que bendecirte 
con canciones en medio de la asamblea.

Y sí, es verdad, porque cuando participo de la Eucaristía, al margen de la vida venidera, siento vida, la vida de saberme unido a la tradición y la fe ininterrumpida por los siglos de todos aquellos hermanos míos, bautizados, que nos seguimos reuniendo por todo el mundo "para bendecir al Señor y cantarle en medio de nuestras asambleas", participando del mismo pan que se nos distribuye "como miriadas" pues cientos de miles son las Eucaristías ue se celebran por todo el mundo "comida repartida, bebida distribuida", y sólo me queda decir: Amén.