martes, 2 de mayo de 2017

YO SOY EL PAN DE VIDA
¡QUE NOSOTROS LO SEAMOS TAMBIÉN!


Del Evangelio de hoy (Juan 6,30-35):

Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre

Sólo podemos hacer una lectura, la nuestra, la que se pretende vivir en esta pobre casa y comunidad que somos nosotros, y es en una clave eucarística y de adoración:

¡Seamos como las hojas de un árbol, como hojas que fijan su sustento a la luz del sol de justicia! (Malaquías 4,2) A la luz de este sol que es el Señor Eucaristía, fijamos nuestro sustento que es el Espíritu Santo, que sostiene al árbol entero y le da vida, como a la Iglesia misma; lo dice de la misma manera el apóstol al afirmar: 

"Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu" 

(2 Corintios 3,18).

En el libro del Éxodo leemos que cuando "Moisés bajó del monte Sinaí (...) no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante, por haber hablado con él"  (Éxodo, 34,29) Moisés no lo sabía, tampoco podemos saberlo nosotros, pero ojala sucediera que nosotros mismos, regresando de un tiempo de Adoración Eucarística, los demás percibieran de la misma forma que regresábamos con el rostro radiante, porque hemos contemplado al Señor. Sería el testimonio más grande que podríamos dar al resto de nuestros hermanos.


"No puede haber una vida expuesta que previamente no se haya expuesto delante del Santísimo" 

(Antoine de Chatelart)



Por eso queremos ser no sólo como la presencia real del Señor-Eucaristía para ser contemplado, sino como presencia real suya en medio de su pueblo, y de nuestros hermanos, haciendo de nuestras vidas una vida permanentemente expuesta a todos los ojos, a todos los riesgos, la ofrenda de una vida accesible a los demás con la facilidad de un pan que se come.


Por eso queremos ser "pequeños y accesibles" para todos aquellos que se crucen en nuestras vidas, sabiendo que nuestra vida puede que sea el único Evangelio que muchos hombres y mujeres de hoy lean, como solía decir San Francisco "predicad el Evanglio, y si es preciso con palabras". Teniendo siempre presente aquello que dijo el Señor "no sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que proviene de Dios", queremos que sea la misma luz la que alumbre por igual, tanto el Sagrario como la Palabra, haciendo que sean una "tanto la mesa de la Palabra, como la mesa de la Eucaristía"