domingo, 14 de mayo de 2017

YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA


Hoy, V Domingo de Pascua el ciclo litúrgico de lectura nos trae el mismo Evangelio del día (Juan 14,1-12) del otro día, en el que el Señor nos dice "Yo Soy el camino, la verdad y la vida", así que para no repetirme en el comentario, pero tampoco echar mano de comentaros de terceros es por lo que os proponemos que el que aterrice aquí hoy por vez primera y quiera leer el comentario del Evangelio de hoy lo haga desde el siguiente enlace, para los demás y quien quiera, os traemos hoy una propuesta de oración:

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Porque quedan tres semanas para Pentecostés, porque llevamos esta cincuentena pascual clamando a una sola voz: ¡Ven, Espíritu Santo, ven!

Ven, Espíritu Santo, ven, Espíritu consolador,
ven y consuela el corazón de cada hombre que llora lágrimas de desesperación.
Ven, Espíritu Santo, ven, Espíritu de luz,
ven y libera el corazón de cada hombre de las tinieblas del pecado y las confusiones.
Ven, Espíritu Santo, ven, Espíritu de verdad y de amor,
ven y colma el corazón de cada hombre, que no puede vivir sin verdad y sin amor.
Ven, Espíritu Santo, ven, Espíritu de la verdad y de la Gloria,
ven y concede a cada hombre la plena comunión contigo, 
con el Padre y el Hijo, en la vida y en la alegría eterna,
para quienes hemos sido creados. 

Amén.

Hagámonos seres silenciosos 
para escuchar a Dios, 
que tiene tanto que decir.

(Isabel de la Trinidad)

MOMENTO DE ESCUCHA

Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. Pues está en la Escritura: "He aquí que coloco en Sión una piedra angular, elegida, preciosa y el que crea en ella no será confundido". Para vosotros, pues, creyentes, el honor; pero para los incrédulos, la piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido, en piedra de tropiezo y roca de escándalo. Tropiezan en ella porque no creen en la Palabra; para esto han sido destinados. Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz.

(1 Pedro 2, 4-9)

Yo soy la luz, y vosotros no me véis.
Yo soy el camino, y vosotros no me seguís.
Yo soy la verdad, y vosotros no me creéis.
Yo soy la vida, y vosotros no me buscáis.
Yo soy el Maestro, y vosotros no me escucháis.
Yo soy vuestro Dios, y vosotros no me oráis.
Yo soy vuestro mejor amigo, y vosotros no me amáis.
si sois infelices, no me lo achaquéis a mí.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

Una mente atormentada por las dudas 
no puede concentrarse sobre la vida 
que conduce a la victoria.

(A. Golden)

MOMENTO DE ORACIÓN

Señor Jesús, Maestro bueno,
nuestro corazón anda confuso y turbado,
por todos los males que hy en el mundo,
y por nuestra debilidad,
por todas las traiciones de las que somos capaces.
Aumenta nuestra fe en ti, y en Dios, 
que se nos ha mostrado en ti.
Tú eres el camino: ¡Haz que te sigamos!
Tú eres la verdad: ¡Haz que te conozcamos!
Tú eres la vida: ¡Haz que vivamos en ti para ver al Padre
y glorifiquemos tu nombre delante de todos los hombres!.

Abandónate a ti mismo 
y me encontrarás.
No prefieras nada, no te ates a nada,
y siempre me verás. 

(De la Imitación de Cristo, Kempis)