jueves, 25 de mayo de 2017

VAMOS Y VENIMOS...
VEMOS Y NO VEMOS...
LLORAMOS Y REÍMOS...


Si el otro día me quejaba de Evangelio del día farragoso y trabalenguas, el de hoy ya se lleva la palma ¿os acordáis del chiste del otro día? ¡Pues eso mismo! Tanto juego de palabras, por tres veces repetido (la primera ve que el Señor lo dice, los apóstoles que no lo entienden y el Señor que se reitera) entre el ir y venir, entre el ver y no ver, que al Evangelio de hoy (Juan 16,16-20) le pones musiquilla de fondo y te sale un spot de televisión en homenaje a los vendedores de la ONCE, que encima remata con que unos lloran y otros no ¡pues claro, a los que les ha tocado el cuponazo!

Bromas aparte, es normal... a los apóstoles, que tuvieron que pasar por la pena y el mal trago del Viernes Santo y la Cruz, con distintos resultados, todos se escabulleron, PEDRO le negó, JUAN mantuvo el tipo con MARÍA en la Cruz... y cuando menos se lo esperaban, porque de entender se ve que entendieron más bien poco (o habrían manifestado tener un poco más de esperanza que la de estar todo el día encerrados apesadumbrados)... ¡la alegría del resucitado! que hasta TOMÁS estuvo ahí, ahí, dudando... que ahora es normal que tengan más dudas y más pena que antes... 



Porque el Señor cada vez les habla de una manera más críptica e ininteligible, y eso que ya les ha advertido que no se preocupen que el Espíritu Santo vendrá a explcárselo todo, cuando él falte... que es lo que causa la nueva zozobra de los discípulos ¿y a qué habrá de marchar de nuevo si ya le tenemos de nuevo entre nosotros? Y el Señor que insiste, os conviene que me vaya para que venga sobre vosotros el Espíritu Santo. Y ellos que siguen sin entender, con lo que se tornan casi más obtusos y cerriles que cuando el Señor convivía con ellos antes de su muerte, pero claro, si en tres años de íntima convivecia con el Señor no llegaron a pillarle el truco a lo de la resurrección... ¡Imagináos lo que va a suponer comprender el misterio del Espíritu Santo en un cursillo acelerado de cincuenta días!


Y mirad, me voy a quedar hoy con esta idea, porque a nosotros nos pasa lo mismo, solemos tener, a lo largo de la vida, muchas idas y venidas nosotros también, a veces pensamos de una manera, otras veces de otra, en unas ocasiones somos muy valientes para tomar una decisión seria, como tener un hijo, por ejemplo y otras veces nos debatimos en meses de darle vueltas a la cabeza para algo tan sencillo como ¿cambiamos las cortinas del salón de color?, unas veces somos más papistas que el Papa y en otras ocasiones una manga más ancha que LUTERO... porque somos así, y ni qué decir tiene de las cosas que vemos o no vemos,porque cuando creemos tenerlo claro ¡ya baje Dios del cielo nadie nos mueve de nuestras conclusiones! y cuando nos cerramos en banda lo mismo ¡ya baje Dios del cielo que no hay quien me lo meta en la mollera!

Pero lo mismo le sucedió a PABLO, hasta que el Señor se le apareció resucitado, iba a detener y hacer prisioneros en nombre de los judíos, y él mismo se convirtió en prisionero de Cristo para siempre, fue hecho un judío ortodoxo y regresó cristiano convencido, tuvo una visión del Señor resucitado y se quedó momentáneamente ciego... Pues si él pudo tener tantas idas y venidas, tantos "veredes y non veredes" (el QUIJOTE dixit), hemos de creer que nosotros también podremos ver, entender y orientarnos en la dirección correcta. El Espíritu Santo todo ello nos lo manifestará, paciencia... ¡apenas uedan diez días!