sábado, 13 de mayo de 2017

SEÑOR... ¡MUÉSTRANOS AL PADRE!


En el Evangelio de Hoy (Juan 14,7-14) el apóstol FELIPE hace una petición "Señor, muéstranos al Padre y nos basta" que permite la respuesta del Señor "creedme, yo estoy en el Padre y el Padre está en mí (...) el que crea en mí, también hará las obras que yo hago y aún mayores", curiosamente volveremos a encontrarnos a FELIPE más adelante, ya en la época de la primera Iglesia, en los Hechos de los Apóstoles, en su encuentro con el eunuco ministro de la reina etíope CANDANCE (Hechos 8,28-40) es a él a quien se hace la petición "¿Me explicas esto que estoy leyendo?", y debe ser verdad que aprendió la lección de que el rostro del Padre es Cristo, de lo contrario, no habría podido explicárselo al eunuco, más aún cuando se trataba de un texto de ISAÍAS que no es precisamente el mejor para empezar a hablar de la Gloria del Padre, de Cristo resucitado, cuando parece todo lo contrario "como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, así él no abrió la boca"; pero debió de ser capaz FELIPE de dar ese salto cualitativo, en fe, de la cruz y la muerte, a la confesión del Señor, que el eunuco quedó tan maravillado que pidió, inmediatamente, ser bautizado.

La enseñanza es sencilla, aparentemente, "el Padre está en Cristo, Cristo es el rostro del Padre, y en todos nuestros hermanos está Cristo", aunque no debe de ser la enseñanza que mejor ponemos en práctica, si fuera un artículo del credo todo pecaríamos de incrédulos, hasta el mismo JUAN, aún en una época más tardía de la primera Iglesia, en una de sus cartas, ha de repetírnoslo una vez más "quien dice amo a Dios, a quien no ve, y no ama a sus hermanos, a los que ve, es simplemente un mentiroso" (cfr 1 Juan 4,20)... El año pasado, más o menos por estas fechas, el Papa FRANCISCO, en un discurso -creo- a los voluntarios de las CARITAS italianas dijo "¡Cómo me gustaría que al entrar un pobre en una Iglesia todos se arrodillasen!"... No faltaron voces en contra, que corriendo se han apresurado a decir que "el Señor está en el Sagrario, el único ante el que nos hemos de arrodillar", y efectivamente así es, nadie lo duda (que yo soy el primero que jamás me veréis de rodillas en otra circunstancia que no sea ante el Santísimo), pero si no lo hiciéramos de esta moda ¿acaso no seríamos -como en la parábola del buen samaritano- como el sacerdote que pasó de largo del hombre malherido porque tenía que atender al templo?

Y sí, entiendo perfectamente lo que ha dicho el Papa FRANCISCO, porque yo mismo he tenido una vez en la vida esa misma compasión, esa misma certeza de ver al Señor en mis hermanos, aunque para ello tenga que compartir una experiencia personal:

Un verano, en un campamento al que fui con unas religiosas, en PORTUGAL, el trabajo consistía en ayudar en las tareas de un asilo de ancianos. Una tarde me encargaron darle la merienda a una señora, de unos cincuenta años, llamada ANA RITA. Había que darle la merienda porque tenía Alzheimer y ella sola no podía. Había sido maestra, una de las mujeres más inteligentes de aquel pobre pueblo del sur de PORTUGAL, y debió ser guapa, por sus hermosos ojos azules... Y ahora no era nada. Sentada en el sillón de su cuarto, con la mirada perdida, le iban pasando las horas y los días, como se apaga poco a poco la luz de una vela, así se iba consumiendo su vida...

Yo me senté frente a ella largo rato, intentando comprender qué estaría pensando, qué sentiría, cómo sería el sentirse atrapado en un cuerpo –como en una cárcel- y, de repente, surgió en mí, a la hora de irme, un deseo muy profundo, nacido de lo más profundo de mi corazón, y fue que al irme hice una genuflexión ante ella (es decir, el arrodillarse en señal de respeto con que los católicos saludamos la presencia del Señor en el sagrario). Al compartirlo luego con las religiosas, casi les da un patatús: ¡Arrodillarse ante una persona como si del Señor se tratara! Era todo un escándalo para ellas, pero como yo les dije: “En ese momento todo mi ser, mi corazón y mi alma y mi entendimiento, me decían que el Señor estaba realmente ahí presente, en el sufrimiento de ANA RITA"

Por cierto, una curiosidad, ANA RITA, que como dije, había sido maestra de aquel pobre pueblo deprimido, debió conocer, en los años 70-80 el golpe de la droga entre sus hijos, ya que -en un momento de lucidez- (ya sabéis que este tipo de enfermos cuando recuperan algo se acuerdan siempre de cosas "muy fijadas" en su mente) me contó que había escrito una poesía para enseñar a los jóvenes los peligros de la droga, y que lo mejor que podía hacer por ella era compartirla, así que cumpliendo mi palabra lo hago:

Meu filho, diz não á droga,
aprende bem a viver á vida,
que tudo isso é má obra
da sociedade perdida.
A ti, que és jovem e forte,
não caias nessa barreira,
não te chegue assim a morte,
ainda a felicidade te trouxera.

Hijo mío, di no a la droga,
aprende bien a vivir la vida,
que todo eso es mala obra
de la sociedad perdida.
A ti, que eres joven y fuerte,
no caigas en esa barrera,
que no te llegue así la muerte.
aunque la felicidad te trajera.

Dios ha hecho por nosotros, por su amos y su misericordia, el movimiento más difícil, el descendente, de eso se trata el misterio de la Encarnación, se ha mostrado, su rostro bueno, su corazón misericordioso, en Jesucristo, y éste ha tendido la mano definitiva a la humanidad "se rebajó en todo, como nosotros", y nosotros, que nos decimos discípulos y cristianos somos incapaces de hacer el movimiento ascendente ¡y eso que vamos a celebrar en par de semanas la festividad de la Ascensión! de ver en cada uno de nuestros hermanos a Cristo, y por medio de Cristo, conocer a Dios... pues va a ser, ciertamente, como dice JUAN en su carta, que somos unos mentirosos entonces....