viernes, 26 de mayo de 2017

¡SED BUENOS, SI PODÉIS!

Nos dice el Señor en el Evangelio de hoy (Juan 16,20-23) "ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría", pero aunque en el contexto se esté refiriendo a la tristeza de los apóstoles, que siguen sin entender que el Señor resucitado "haya de partir de nuevo" y abandonarles, pues aún no alcanzan a comprender que será el Espíritu Santo, dice San PABLO a este respecto "el don del Espíritu es la alegría" (Gálatas 5,20), no cabe duda alguna de que la alegría ha de ser un elemento distintivo de los discípulos del Señor, pues las referencias a la misma se disparan desde el acontecimiento de Pentecostés:

Todos los días se reunían en el templo, y partían el pan en las casas y comían juntos con alegría y sencillez de corazón (...) los creyentes se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo (...) Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría.

(Hechos 2,28; 13,52; 21,17)

Y en lo mismo sucede en las comunidades que iba fundando y evangelizando San PABLO e sus interminables viajes misioneros:

El que ayuda a los necesitados, hágalo con alegría (...) llegue yo con alegría a veros (...) firmes en vuestra fe; lo que queremos es colaborar con vosotros para que tengáis alegría (...) amados míos, mi alegría y mi premio (...) soportarlo todo con mucha fortaleza y paciencia, y con alegría (...) recibisteis el mensaje con la alegría que el Espíritu Santo os daba.

(Romanos 12,8; 15,32; 2 Corintios 1,24; Filipenses 4,1; Colosenses 1,11; 1 Tesalonicenses 1,16)

El Papa FRANCISCO en su homilía del día de hoy, aunque el 15 de Mayo de 2015, sobre este Evangelio nos decía que “la alegría cristiana no es una simple diversión, no es una alegría pasajera; la alegría cristiana es un don, es un don del Espíritu Santo. Es tener el corazón siempre alegre porque el Señor ha vencido, el Señor reina, el Señor está a la derecha del Padre, el Señor me ha mirado y me ha enviado, y me ha dado su gracia y me ha hecho hijo del Padre… Esa es la alegría cristiana. Un cristiano vive en la alegría”.

Y a lo largo de la historia ha habido personas especialmente bendecidas con este don de la alegría, todos conocemos personas cuya alegría a veces, frente a toda circunstancia de la vida, nos da una envidia sana, esas personas que con su sola presencia alegran a los que están alrededor, de forma innata, sin que parezca artificial, ni forzado, y este es un gran medio para la evangelización porque si es preguntado por el motivo de su alegría, responderá justo como ha dicho el Papa "el Señor ha vencido, el Señor reina, el Señor está a la derecha del Padre, el Señor me ha mirado y me ha amado". Y de entre estas personas también los santos, ya sabéis esa cita famosa que se atribuye a San FRANCISCO DE SALES "un santo triste, es un triste santo", especialmente hoy que celebramos a San FELIPE NERI.

No me voy a detener en datos biográficos, que podéis buscar en la WIKIPEDIA o en cualquier página sobre el santo del día, quiero detenerme en su sentido del humor, pues era una persona especialmente bendecida con este don de la alegría, muy pocos pueden que sepan que, en la Iglesia, es el santo patrón oficial de los payasos y los humoristas cristianos: Anécdotas sobre su alegría y sentido del humor hay muchas:

Que era muy amigo de San IGNACIO de LOYOLA, aunque siempre le reprochaba lo adusto y serio que era, que en una ocasión un alborozado IGNACIO le dijo "que había tenido una aparición de la virgen" y FELIPE le preguntó "¿Cuánto tiempo llevas sin comer?", a lo que el otro sorprendido por la pregunta le dijo"una semana, porque estamos de ejercicios" y éste le respondió: "¡Vamos a comer primero y me hablas de apariciones después!" Aparición que él también tuvo, en una ocasión que se le apareció la Virgen María reaccionó de una forma que ninguno de vosotros imaginaríamos, escupiéndole a la aparición, que en seguida se trasmutó en una sombra siniestra, el demonio, que le dijo "¿Cómo has sabido el engaño?" a lo que el otro le respondió socarrón "¿A cuento de qué va a venir a visitarme la madre de nuestro Señor?"

Siempre estaba rodeado de una nube de chiquillos, que iba recogiendo por todos los arrabales de la ciudad eterna, casi todos ellos huérfanos, haciéndoles chanzas y gracias para entretenerlos, pero a los que siempre decía "'¡sed buenos, si podéis!"; siempre con algún gorro gracioso, la sotana puesta del revés, o con una pelliza de lana que nada pegaba con el resto, todo ello provocaba las risas de los demás, pero él lo hacía por humildad, para mantenerse al nivel de sus niños; frecuentaba los peores barrios, de hecho su lugar de pernocta, junto con sus primeros compañeros (el germen de los Oratorios) y toda la chiquillería era una Iglesia medio en ruinas que el Papa le concedió para que, al menos, no durmiera al raso. 

Muchas veces la gente le veía reír a carcajada limpia mientras paseaba, con el devocionario en mano, lo que muchos ignoraban era que dentro llevaba otro librito, más pequeño, de chistes un poco picantes, como diríamos hoy... quizás eso le abría las puertas de los prostíbulos, donde confesó y rescató a muchas prostitutas, porque se le acusaba de ser un borrachuelo y un comilón... 


Cuando iba mendigando por la ciudad, y se cruzaba con otro santo de su época, el humilde pedigüeño capuchino, San FELIX de CANTALICIO, siempre se saludaban a voces de la siguiente manera: "¡Félix, ojalá te maten los herejes para que alcances pronto el cielo!" a lo que el otro le respondía a voces también, para risa de todos los viandantes "¡Y a ti te ahorquen, para perdición de los enemigos de la fe!" y cada cual seguía su camino.

Sin embargo, su vida espiritual era intachable, antes de que se le juntaran los niños, cuando vivía solo, dormía en las catacumbas de la ciudad eterna, donde, un día de Pentecostés, sintió con tanta fuerza el amor de Dios, que el corazón se le ensanchó de tal manera, que dos costillas se le arquearon para hacerle espacio; muchas veces manifestó a su gran amigo IGNACIO de LOYOLA la idea de irse de misionero, jesuita o no; a lo que el otro le decía que la corrupción de la ciudad eterna necesitaban de él; organizó muchas procesiones por la ciudad con el Santisimo Sacramento, especialmente a pie, el recorrido de las siete grandes basílicas romanas, para contrarrestar los excesos de la ciudad en Carnaval; era un gran predicador, y movía los corazones, o por sus palabras, o por sus alocados gestos.


Como curiosidad, actualmente se encuentra enterrado en la Basílica de Santa MARÍA DE VALLICELLA, donde los primeros miembros del Oratorio se trasladaron cuando la congregación del Oratorio comenzó a crecer, pues esta basílica es la que tiene concedida, a título, nuestro Cardenal BLAZQUEZ, la del gran apóstol de la alegría y de los pobres de ROMA, sin duda ¡toda una responsabilidad!