martes, 16 de mayo de 2017

MI PAZ OS DEJO, MI PAZ OS DOY
¡AHORA NOS TOCA A NOSOTROS CONSERVARLA!

Se ve que ayer me equivoqué con el Evangelio del día, que aunque puse la cita correcta (Juan 4,21-26) el Evangelio que comenté fue el de hoy (Juan 14, 27-31), pero bueno, ya que ayer en el comentario puse el acento en el final del Evangelio de hoy "se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi" pues hoy volveremos a comentarlo poniendo el acento en el principio "la paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo".


Antes de la visita del Papa a FÁTIMA, el día de antes,la imagen peregrina de Nuestra Señora estuvo en la sede de la ONU en NUEVA YORK, siendo recibida por Monseñor BERNARDITO AUZA, observador permanente de la SANTA SEDE en dicho organismo internacional, en unas conferencias sobre el mensaje de paz de la Virgen en el contexto de la situación actual mundial. Nosotros en las redes sociales dijimos, ante los constantes llamamientos a la paz que han hecho en esa misma sede todos los Papas, desde JUAN XXIII a FRANCISCO, que "si no han escuchado a sus hijos, al menos escuchen a la madre".


En su discurso ante las NACIONES UNIDAS, Monseñor BERNARDITO AUZA destacó, ante el embajador de PORTUGAL en la ONU y ante un foro de seiscientas personas, las siguientes ideas:

Me gustaría finalmente exponer, en términos actuales “el plan de paz”, que la Virgen transmitió a los pobres niños, pero me gustaría centrarse en lo que yo llamaría las lecciones universales para todas las personas que trabajan por la paz.

La primera se refiere a la necesidad de conversión. Para convertir los medios para dar la vuelta, de cambiar de manera de pensar y de vivir, para examinar uno de los pensamientos, palabras, acciones y omisiones y ver cómo, en lugar de construir la paz, la fraternidad y la solidaridad, lo que hacemos es crear divisiones, o causar daño, o destruir. (...) Sin la conversión, la paz seguirá siendo siempre más que una ilusión. La conversión es una condición previa para la paz.

La segunda lección universal es acerca de dónde comienza la paz. (...) Los pastores dijeron que ello sólo sería posible mediante el triunfo del Corazón de María.  Lo que esto significa es un compromiso para tratar de imitar el corazón de María, que es puro y no tiene doblez, sabio y obediente, fiel y vigilante (...) tal corazón, dijo el futuro Papa BENEDICTO XVI, cinco años antes de su elección, “es más fuerte que las pistolas y armas de todo tipo”, y es capaz de cambiar la historia. La paz comienza en el corazón. Si el corazón no tiene paz, va a ser muy difícil que sea un constructor de paz.

La tercera lección universal es acerca de la oración. La oración es un instrumento de paz. (...) Y más allá de cualquier otra acción de pacificación, MARÍA convocó a los niños pastores a la oración, oraciones por la conversión de los demás, (...) JUAN PABLO II posteriormente diría “MARÍA dirige a los pueblos con ternura maternal a la libertad. MARÍA está diciendo que en el trabajo por la paz, antes de la acción, es tan indispensable o más, la oración y el sacrificio".

Y la cuarta y última lección es acerca de la necesidad de la participación de todos en la obra de construcción de la paz. Es asombroso que MARÍA se aparezca con su mensaje de paz, no a los jefes de Estado, o diplomáticos, o líderes religiosos para que se alistarse en la causa de la paz, sino a tres niños humildes, sin mucha educación y confiarles una tarea especial para la causa de la paz y el bien de las almas y el mundo. Los criterios de selección nos enseñan que MARÍA revela que cada uno tiene un papel, incluso aquellos que el mundo considera insignificantes, o incapaces o demasiado pequeños. Si ella se pudo escoger a unos niños pastores, que podrían responder de todo corazón como lo hicieron, es una señal de que trabajar por la paz es posible para todos.

Y así, al cumplirse el centenario de FÁTIMA, comprendemos que no estamos celebrando simplemente una serie de acontecimientos del pasado, sino algo bastante real, con toda su actualidad, para nuestro presente y nuestro futuro. El mensaje de paz que los niños pastores dijeron que la Señora del Cielo les trajo, y la conversión, la transformación del corazón, la oración y el compromiso son tan importantes hoy en día para la paz en el mundo como lo eran hace un siglo. Como FRANCISCO en FÁTIMA esta noche y mañana pretende llevar a todos los católicos de todo el mundo en la oración por la paz y en agradecimiento por los vivos legado propuesta por el Embajador de la madre de la Paz, también nosotros, reunidos aquí en las Naciones Unidas, comprometernos a hacer nuestra parte, como Francisco, Jacinta y Lucía, al responder a la noble vocación y urgente causa de la paz.