jueves, 18 de mayo de 2017

LA PERFECTA ALEGRÍA....
LA QUE EL SEÑOR NOS OFRECE...

El Evangelio de hoy (Juan 15,9-11) es tan breve que bien merece la pena copiarlo entero, ya que no tiene desperdicio:

 Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, también yo os he amado. Permaneced en mi amor. Si cumplís  mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que mi alegría sea la vuestra, y esa alegría sea perfecta.»

Y mayor alegría que los comentarios se me escriban solos, porque sólo tengo que seguir la senda iniciada ayer, en que os compartí las palabras del Señor "Yo soy la vid, vosotros los sarmientosen clave eucarística de la mano de RAINIERO CANTALAMESSA, Ofm.Cap, de Santa TERESA DE CALCUTA, de ANTOINE de CHATELARD, religioso de los hermanitos pobres de Jesús de CHARLES de FOUCAULD y de Mª EMILIA RIQUELME, religiosa y fundadora granadina.

¿Y qué os diré hoy de la alegría de la que el Señor nos dice que nos hace participes? Todos conocemos, para empezar, la canción que musicaliza el evangelio de hoy:


Pero sigamos avanzando en la alegría, permitidme que lo hagamos también hoy con los guías que tuvimos ayer para movernos por el Evangelio.

El padre RAINIERO CANTALAMESSA, Ofm.Cap, en la tercera predicación de Adviento del año 2012 exponía la alegría de evangelizar, y entre otras cosas, afirmaba:


Esta es la alegría de la que tenemos que dar testimonio. El mundo busca la alegría. “Al solo escucharla nombrar –escribe san Agustín–, todos se alzan y te miran, por así decirlo, a las manos, para ver si eres capaz de dar algo a su necesidad”. Todos queremos ser felices. Es lo que es común a todos, buenos y malos. (...) Este anhelo de la alegría es el lado del corazón humano naturalmente abierto a recibir el “mensaje alegre”. Cuando el mundo llama a la puerta de la Iglesia –incluso cuando lo hace con violencia y con ira–, es porque busca la alegría. Los jóvenes sobretodo buscan la alegría. El mundo a su alrededor es triste. La tristeza, por así decirlo, nos toma de la garganta, (...) no es una tristeza que depende de la falta de bienes materiales, porque es mucho más evidente en los países ricos que en los pobres. En Isaías leemos estas palabras, dirigidas al pueblo de Dios: “Dicen sus hermanos que los odian, que los rechazan a causa de mi Nombre: que el Señor muestre su gloria y participemos de su alegría” (Isaías 66, 5). El mismo desafío enfrenta silenciosamente al pueblo de Dios, aún hoy. Una Iglesia melancólica y temerosa no estaría, por lo tanto, a la altura de su tarea; no podría responder a las expectativas de la humanidad y especialmente de los jóvenes. La alegría es el único signo que incluso los no creyentes son capaces de percibir y que puede meterlos seriamente en crisis. No tanto los argumentos y los reproches. El testimonio más hermoso que una esposa puede dar a su marido es un rostro que muestre la alegría, porque eso dice, por sí mismo, que él ha sido capaz de llenar su vida, de hacerla feliz. Este es también el testimonio más hermoso que la Iglesia puede prestar a su Esposo divino, y con él, al mundo entero.

Dice Santa TERESA de CALCUTA sobre la alegría: 

La alegría es una necesidad y una fuerza para nosotros, también psíquicamente. Una hermana que cultiva el espíritu de alegría siente menos la fatiga y está cada día dispuesta a hacer el bien. Una hermana rebosante de alegría predica sin predicar. Una hermana alegre es como el rayo de sol del amor de Dios, la esperanza de la alegría eterna, la llama de un amor ardiente. La alegría es una de las mejores garantías contra la tentación. El diablo es portador de temor y barro, toda ocasión para arrojarlo contra nosotros es buena para él. Un corazón alegre sabe cómo se ha de proteger.

Por su parte ANTOINE de CHATELARD nos ayuda a buscar el justo punto de equilibrio entre la alegría del hombre, que pareciera contrastar con la Cruz, y la Redención de Cristo, nos dice:


Es un hecho, hubo una Encarnación y una Redención subsiguiente. A un Dios crucificado ningún corazón o mente humana se lo podría haber imaginado. Entre Dios y el hombre hay que poner para siempre la persona de Jesucristo. Imprescindible, pero que no sustituye a nadie. Estamos todos emplazados al pie de la Cruz. Son tiempos para una revisión antropológica del misterio del Hombre. Sin dejar de lado la luz de la Redención. Hay que recuperar la alegría de la Redención. No podemos prohibirnos la alegría, por compromiso moral con los que sufren, porque prohibirnos "cantar en tierra extraña" no hace bien a nadie. Si no eres capaz como cristiano de decir "¡la vida es bella!" ¿qué aportas al mundo? Permite, al pie de la cruz, que Dios te consuele. La perfecta alegría no será dueña de nuestros sentimientos y afanes terrenos en tanto no sepamos decir, motivados por la gracia y de todo corazón "Padre, me abandono a tí, haz de mí lo que quieras". La experiencia y el deseo de abandono en Dios es cosa de todo creyente que busca a Dios con sinceridad. Así nos lo dice el testimonio de la multitud de creyentes que nos han precedido.


Y para el final, por humildad, me dejo un par de pensamientos de Mª EMILIA RIQUELME a modo de reflexión final, para que se nos quede en la cabeza, cual sencilla jaculatoria, aunque haced el siguiente experimento, comparad sus palabras con las que un poco más arriba hemos compartido de Santa TERESA de CALCUTA, aunque ambas mujeres se llevan 63 años de diferencia en sus respectivos nacimientos, se ve que cuando el Señor toca el corazón, de suyo, imprime en él la misma noción de alegría: 

Servir a Dios con alegría, es la bondad misma. Contentas y alegres siempre, que Dios nos quiere muchísimo. Es mal enemigo la tristeza, todo lo echa a perder. Vamos a luchar que Dios nos ayudará.

(Pensamientos, nº 358 y 359)


Como epílogo añadiremos a San FRANCISCO con su perspicaz intuición de lo que es la perfecta alegría, en las palabras que le compartió a su íntimo e inseparable Fray LEÓN:



Cierto día el bienaventurado Francisco, en Santa María, llamó a fray León y le dijo: «Hermano León, escribe». El cual respondió: «Heme aquí preparado». «Escribe –dijo– cuál es la verdadera alegría. 4Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría. Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría. También, que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría. 



Pero ¿cuál es la verdadera alegría? Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas. Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco. Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás. E insistiendo yo de nuevo, me responde: Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos. Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: Por amor de Dios recogedme esta noche. Y él responde: No lo haré. Vete al lugar de los Crucíferos y pide allí. Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.»