lunes, 29 de mayo de 2017

LA PAZ DE FRANCISCO
¡DE LOS DOS FRANCISCOS!


En el Evangelio de hoy (Juan 16,29-33) el Señor nos dice unas palabras, por otra parte, de dolorosa actualidad "Os he hablado de esto, para que gracias a mí tengáis paz. En el mundo pasaréis aflicción; pero tened valor: yo he vencido al mundo"... -Unas palabras, hemos dicho de "dolorosa actualidad" porque siguen abiertas, a día de hoy, las heridas causadas por las guerras (más o menos larvadas, más o menos evidentes) en países como SIRIA, IRAK, CENTRO ÁFRICA, no podemos calificar de guerra, pues no hay un enemigo externo, pero sí un conflicto civil que se ha saldado ya medio centenar largo de vidas, en VENEZUELA... A lo que hay que añadir la persecución de nuestros hermanos cristianos, ya nos acostamos ayer intentando asumir el nuevo atentado contra los cristianos coptos de EGIPTO, camino de peregrinación a un Monasterio, que se ha segado otra treintena de vidas, entre ellas, muchos niños, y con la pena de que éstas víctimas, por ser cristianas y estar en medio de un desierto, y no en una sala de conciertos en EUROPA, son vidas que valen menos, o así se lo parece a nuestros medios de comunicación social... por ellos no habrá etiquetas sensibleras en las redes sociales, ni minutos de silencio en las plazas mayores de nuestros pueblos, para ellos sólo queda nuestra oración, la de sus hermanos, nosotros, hermanos todos en el bautismo "una sola fe, un solo bautismo, un solo Señor" (Efesios 4,5).

Dice el Salmo 120 "Yo estoy por la paz, pero si hablo, ellos están por la guerra" y a la vista de todo lo anterior cabría preguntarse ¿Qué paz podemos esperar entonces en el Señor? ¿A qué se está refiriendo? Tendremos que recurrir quizás, a un maestro de paz para entenderlo:

San FRANCISCO de ASÍS, al que tanto gustaba saludar diciendo "paz y bien", y que hizo de ese saludo el inicio de alguno de sus escritos, incluido su testamento, y que recomendaba a sus frailes que se saludaran de esta manera, quizás tenga algo que decirnos sobre la paz, y es que, la paz de FRANCISCO no es la paz que se consigue por la ausencia externa de conflictos o de problemas, sino la que se consigue propagando la que hay en nuestro interior, por eso dice:  "Que la paz que anunciáis de palabra, la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones Que ninguno se vea provocado por vosotros a ira o escándalo, sino que por vuestra mansedumbre todos sean inducidos a la paz, a la benignidad y a la concordia. Pues para esto hemos sido llamados: para curar a los heridos, para vendar a los fracturados y para corregir a los equivocados." (Leggenda dei tre compagni, nº 58). La paz franciscana presentada por FRANCISCO de manera metafórica hace clara alusión a la oveja perdida, es decir, al pecador que se desvía y que necesita reconciliarse con Dios. Las llagas y los miembros fracturados son más bien una evocación de los conflictos humanos y de sus consecuencias: El odio, la ira y todos los sentimientos desencajados de la turbación. FRANCISCO, conscientemente, va sembrando el camino de fermentos de concordia, sabiendo además que sus hermanos son un testimonio vivo de ello.


FRANCISCO (lo que vale también por su homónimo, el Papa FRANCISCO, al que tantos conflictos abiertos reclaman como "mediador internacional") no es un pacificador en el verdadero sentido de la palabra. A él no le compete la obligación de negociar acuerdos, de equilibrar concesiones, recibir juramentos o satisfacer a las partes en una mesa de negociación. Este papel es noble, pero no es el suyo. A él le corresponde crear las condiciones espirituales que permitan a cada cual tener el empujón necesario para optar por sí mismo a favor de la paz y la concordia. El Evangelio que alimenta esta meditación espiritual consiente también hacer frente a los acontecimientos. FRANCISCO sabe bien que la paz puede pasar del corazón de sus hermanos al de cada hombre. Él les da una misión de paz cuando los envía de dos en dos a predicar (1 Celano 29). Él tiene un plan de paz para el mundo (1 Celano 24), y esta empresa abre las puertas del Reino de los Cielos. 

De la misma manera el Señor, constantemente, en sus apariciones como resucitado, saluda a los discípulos de la misma manera "mi paz os dejo, mi paz os doy" (Juan 14,27-31), porque se trata de una actitud interna, que brota del corazón... consigamos primero la paz en nosotros, pacifiquemos nuestros entornos (familiar, laboral, de amistades...) y así, poco a poco, que esta paz verdadera se extienda, creando en nosotros la fraternidad humana que tenemos, en tanto en cuanto hijos de Dios. Que es lo mismo que no se cansa de decir ese otro mensajero de paz, otro FRANCISCO, el Papa, cuando nos dice:

¡La violencia y la guerra nunca son el camino para la paz! Que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano — pienso en los niños, solamente en ellos…—, mira el dolor de tu hermano, y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha roto; y esto no con la confrontación, sino con el encuentro. 

(Vigilia de Oración por la Paz, 7 de Septiembre de 2013).