viernes, 19 de mayo de 2017

JESÚS, AMIGO....

Dice el Evangelio de hoy (Juan 15,12-17) que el Señor "ya no nos llama siervos, sino amigos", y sin embargo pensar en el Señor como amigo, he descubierto, a lo largo de la vida y de la gente creyente con la que me he relacionado, es una de las cosas que más cuesta arriba y difícil se nos hace. 

Es verdad, todos hemos escuchado muchas veces este Evangelio, quizás estemos familiarizados con aquella imagen, o póster, tan famoso hace muchos años, en la década de los ochenta, que solía estar presente en muchos salones parroquiales, y que decía "Jesús, amigo que nunca falla" (yo mismo lo tenía en el llavero, durante todo el tiempo de mi BUP-COU hasta que se me perdió o se me rompiera, que es el destino que aguarda a los llaveros), o que hayamos cantado alguna canción de esas como la que dice, en su letra, "Jesús amigo, yo no me canso de hablar contigo"... Aunque buscando la canción me he dado cuenta que en verdad se titula "Contigo amigo", se ve que le cambiaban la primera palabra por Jesús ¡y ya tenías una oración, ciertamente, preciosa!, como he encontrado la canción, cantada por su autor, salvando lo que he dicho sobre la primera palabra, de todas formas os la comparto:



Amigo mío (JESÚS AMIGO), yo no me canso de hablar contigo
y aunque mi voz enmudezca tú sabes lo que te digo.
Ambos sabemos que en este mundo nosotros no estaremos solos
pues seremos siempre amigos tú y yo.
Contigo, amigo, se hace muy corto un largo paseo,
y si discutimos ninguno se quiere dar por vencido.
Y aunque los dos digamos disparates, eso es punto aparte,
porque luego cederemos tú y yo.
Ver como pasan los años y cambia la vida alrededor de los dos,
y recordar los amigos que fueron en busca de algo mejor.
Todos, si quiere el destino, en torno a un buen vino nos veremos un día
y nos contaremos qué tal nos trata la vida.
Amigo mío (JESÚS AMIGO), cuando cuando tú sufres sufro contigo
y tus silencios y tus tristezas son algo mío.
Deja tus dudas fuera, tu amargura, la amistad perdura,
aunque a veces discutamos sin razón.
Ver cómo cambia la gente y cómo cambiamos nosotros también
cómo gira la tierra y se hizo mujer esa niña de ayer.
verás que estaremos contentos, que los viejos tiempos son siempre mejores
y brindaremos por nuestra juventud.
Cuando contemos lo que hoy nos cuentan nuestros abuelos,
cuando nos queden solo unos pocos bellos recuerdos,
y en una casa grande frente a frente, con el mar delante,
será hermoso estar charlando tú y yo. 

Y pese a todo, pensar en la amistad de Jesús, en contra de lo que pudiera parecer, es uno de los conceptos que más trabajo nos cuesta asumir. Yo tengo mi propia teoría al respecto, ahora os la compartiré.

Vale que la amistad es uno de los sentimientos más ambiguos, complejos y problemáticos de cuántos somos capaces de suscitar los seres humanos, es de difícil definición, nunca sabemos donde están sus límites exactos (nunca sabemos dónde se encuentra la frontera entre el mero conocido y el amigo, es un concepto devaluado por las redes sociales -donde tenemos tantos amigos como veces hayamos pulsado un botón-, en el caso del hombre y la mujer, polémicas aparte de si es posible la amistad entre ambos nunca sabemos establecer tampoco el límite entre la amiga y la enamorada), y muchas veces nos son más íntimos que la familia o un confesor, o una vez rota la amistad, se convierten en enemigos acérrimos de por vida... Verdaderamente un sentimiento complejo donde los haya, mi abuelo, por aquello de la sabiduría de los mayores, tenía un refranillo que decía así: "Un hermano es un amigo que te da la familia, un amigo es un hermano que te da la sociedad", hasta ahora me sigue pareciendo una buena definición.

Haced el siguiente experimento: Preguntad a la gente de vuestro entorno algo tan sencillo como "¿Quién es Jesús para ti?" (que fue el mismo experimento que hizo el Señor con sus discípulos "¿Vosotros, quién decís que soy yo?" (Mateo 16,15)) porque muchas veces, la simple respuesta, ya te indica el grado de relación que tiene una persona con Jesús, y en otras ocasiones, te informa de la madurez eclesial de una persona, o de su estado. Cuanto más grandes somos en edad puede que se te responda diciendo "Jesús es el Señor" -casi diría que es la opción mayoritaria-, más rara es la respuesta, como primera opción "Jesús es Dios" o "Jesús es mi Padre" (normalmente suele ser respuesta de tipo apologético); si se te responde diciendo "Jesús es el camino, la verdad y la vida" o "Jesús es mi hermano", seguro que has topado con un evangélico, les gusta citar mucho la escritura, o usan mucho el concepto de hermano, referido a todo... Si te responden que "Jesús fue un gran maestro" o "Jesús fue un hombre bueno" andas ahí, ahí, con un agnóstico, o un no creyente que respeta la figura y el peso cultural de Jesús... Y cómo de todo tiene que haber en la viña del Señor, ya alucina cuando te digan que "Jesús es un iluminado"... a partir de este punto te hayas con un fan de la nueva era, o con un espectador de CUARTO MILENIO... ¡Pero muy pocas veces encontrarás que alguien te diga "Jesús es mi amigo" como primera respuesta! Salvo con una excepción muy honrosa: Los niños... los niños suelen ser los que casi siempre te responden "Jesús es mi amigo" entonces... ¿Dónde está esta dificultad nuestra de relacionarnos y entender a Jesús como amigo?

Como os adelanté antes tengo mi propia teoría. He llegado a la conclusión de que pensar en Jesús como amigo es algo que está directamente relacionado, de forma proporcional, con la disponibilidad que tengamos a aceptar la humanidad de Cristo. Porque Jesús es "Dios y hombre verdadero", es un dogma de fe, ya sabéis que los monofisismos son las corrientes de pensamiento, heréticas, que niegan una de las dos realidades, o exageran tremendamente sólo una de las dos dimensiones... Nos gusta pensar en el niño Jesús, en brazos de María, presentado en el Templo por MARÍA y JOSÉ, o adorado por los Reyes Magos, pero no nos imaginamos a MARÍA cambiando pañales, o a un niño Jesús, como seguro hemos visto a nuestros propios hijos, correteando por la calle, con dos o tres años, con la cara churretosa y dos "velones de mocos" colgando.... Nos gusta imaginarnos al niño Jesús, ya crecidito, perdido entre los doctores del Templo, pontificando acerca de la relación con su Padre... pero no solemos pensar en él como un niño, preadolescente, correteando por NAZARET, con el resto de la chiquillería, con las rodillas "echadas abajo" y las piernas llenas de cardenales, como suele ser propio de los niños de esa edad... Nos gusta pensar en el Señor predicando, enseñando el Padrenuestro, rodeado de multitud, haciendo milagros, y se nos hace duro -pese a que el Evangelio también presenta pinceladas de este tipo-  pensar que tuviera hambre, que tuviera frío, que sonriera, que llorara, que se enfadara, que tuviera ternura, etc, etc... 

Y es que tampoco solemos creernos mucho aquello que se dice de que "era igual en todo a nosotros, salvo en el pecado".... Voy a decir una ordinariez que seguro me resta muchos lectores... ¿Nunca nadie, ninguno de vosotros, ha sentido la imperiosa necesidad de hacer pipí, en medio de una excursión en el campo? ¿Qué haces? Pues te retiras con disimulo del resto de tus acompañantes, buscas un árbol y lo riegas... deseando que no pase nadie mientras y te sorprenda... (Y esto, en la "comodidad" de ser hombre, que si eres mujer, el problema se multiplica un poco más) ¿Vosotros os creéis -cuando ni siquiera existen en nuestras ciudades actuales- que por aquellos caminos de GALILEA había muchos baños públicos? ¿Entonces? ¿Alguien de verdad osa pensar en el Señor Jesús, hacía sus necesidades en un árbol, mientras los apóstoles esperaban, en el recodo del camino? 



Y menos mal que el propio Papa FRANCISCO, en un viaje reciente, yendo de no sé dónde a otro lugar, caminando, sintió la necesidad, y como todo mortal, pidió a la comitiva que le esperaba porque necesitaba, eso mismo, hacer uso de un urinario público, que ni siquiera era eso, sino uno de esos portátiles que se montan en los eventos en los que hay mucha gente. Y que no es algo que desmerezca, ni quite valor al personaje, ¡es que simplemente es una persona normal con las mismas necesidades de todos nosotros! Sean esas, como que le guste más la pasta que las verduritas cocidas (porque en el catering de Santa MARTA él se pone de todo, menos verdura ¡y su médico le regaña!), necesite comprarse unas gafas, o tenga la necesidad a veces de desconectar de todo y perderse un rato, a solas, por ahí... ¡qué también lo hace!

Pues eso pasa con el concepto de "Jesús amigo" nos es inversamente proporcional a lo que nos creamos la humanidad de Cristo, cuando más lo divinicemos más nos alejamos de su amistad.... Muchas veces he visto gente criticarme y atacarme de forma un tanto exagerada por haber compartido en las redes sociales la imagen que os pongo a continuación, y ciertamente que nunca he entendido la polémica con esta foto, me gusta decir a la gente que así se escandaliza: Decimos que el Señor es nuestro amigo, que podemos tener una relación personal con Jesús, que está vivo, no muerto, esa es nuestra fe, y sin embargo dime ¿Nunca jamás de los jamases, un amigo te hizo este mismo gesto de complicidad? Y casi siempre, la persona así interpelada te dice, por lo bajini, "es verdad...."  Ya lo dijo el Señor, "de los niños es el Reino de los Cielos", los únicos que te dicen "Jesús es mi amigo" con sinceridad, quizás aún no han tenido tiempo de cubrir a Cristo de capas y capas de teologías, de polvo de la historia, de polémicas, o de raciocinios, para descubrir lo fundamental: "Jesús es nuestro amigo" Por algo será....