martes, 30 de mayo de 2017

EL SEÑOR ORANDO POR NOSOTROS
¡NO LE DEJEMOS EN MAL LUGAR!


¿Quién de nosotros no se ha quejado alguna vez -seamos sinceros- de que el Señor no escucha nuestra oración? Especialmente nos pasa en tiempos difíciles, porque cuando las cosas nos van bien -seamos sinceros otra vez- no es que estemos, precisamente, orando todo el rato... la acción de gracias y la alabanza no suelen ser nuestras oraciones más habituales en tiempos de bonanza...pero si las cosas se nos tuercen ¡qué rezadores nos volvemos de repente! 

Os digo esto porque hoy (Juan 17,1-11) el que ora es el mismo Jesucristo a su Padre, y le pide ¡por nosotros!, pues le pide:

Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos.

Escuchando esto que el Señor pide al Padre, por nosotros, quizás por la cercanía de Pentecostés, me acuerdo de aquellas otras palabras de San PABLO en la que nos dice "¡No apaguéis el Espíritu Santo!" (1 Tesalonicenses 5,19), porque lo que estaría feo de verdad es que, encima de que nos quejamos que el Señor no nos escucha en la oración, es que además ¡dejáramos al Señor en mal lugar por no cumplir en nosotros las expectativas de su oración!

Así que, esforcémonos en anunciar en nuestro entorno al Señor "las palabras que él nos dijo", para que las personas de nuestro alrededor ¡qué tampoco todos estamos llamados a misiones!, pero todos tenemos familiares, amigos, compañeros de trabajo, la cajera del supermercado, la vecina del quinto derecha, los padres del cole, el conserje de la oficina, el frutero de toda la vida y el hombre que nos trae las bombonas de butano ¡ese es nuestro entorno, ese es nuestro campo de misión!... para que todos ellos se den cuenta de que, ciertamente, "hemos salido de parte del Señor", y tampoco todos hemos sido bendecidos con el don de la Palabra y de la predicación, ¡seríamos todos dominicos!, ni con el don de ese descaro para abordar a los demás hablando cosas del Señor ¡este don del descaro, y la pesadez, ya lo tienen los Testigos de Jehová, que otra cosa no, pero ya quisiéramos muchos la mitad de constancia y entrega misionera que ellos! ¡otro gallo nos cantaría si fuéramos, al menos, de pesados como ellos!, pero tampoco hace falta, como me gusta repetir muchas veces, San FRANCISCO solía decir "predicad el Evangelio, y si es preciso, con palabras", porque muchas veces nuestra alegría, nuestra sencillez, nuestra forma de vivir, nuestro optimismo, nuestra cercanía, nuestra preocupación por los necesitados... y sin necesidad de citar ni un sólo versículo del Evangelio, pueden hacer que muchos se interroguen acerca de por qué somos así, pueden que descubran, poco a poco, o nos pregunten directamente, por las razones de ello, entonces podremos decirles que somos así "porque sabemos de quién nos hemos fiado" (2 Timoteo 1,12), del Señor.

Y ya ni te cuento ¿Qué sucedería si en nuestras calles hiciéramos algo como en este vídeo?


Puede que mucha gente "pase del tema", pero se observa como otra mucha gente, al darse cuenta de que el Señor está en la calle, se detiene y adora, puede que otros se sientan interrogados por ello, o los tomen por locos...no se aprecia, entre los viandantes ningun actitud violenta o de desprecio, aunque ¿y qué, si así sucediera? Al menos han tenido el valor de pensar que "si la gente no viene al Señor... ¡cuántas veces está el Santísimo expuesto sólo en las Iglesias!... al menos, como en su vida terrena, que sea el Señor el que se hace el encontradizo con la gente". No apaguemos el Espíritu de Dios en nosotros, no hagamos caer la oración del Señor por nosotros en saco roto, no desperdiciemos el don de Dios que hay en nosotros... Se acerca el día de Pentecostés, ¡invoca al Espíritu Santo!, que él te engalane con sus dones, que te fortalezca en el testimonio, que te dé el arrojo para manifestarte como discípulo del Señor "allá donde fueres"... porque si de un grupo de discípulos temerosos, en una casa escondidos, con las puertas cerradas, orando con MARÍA, el Espíritu Santo hizo nacer la Iglesia, de la misma manera puede convertir a dos personas anodinas, tibias, como tú y yo, en apóstoles más arrojados y entregados que PABLO ¡a poco que lo pidas...! ¡Ven, Espíritu Santo!