martes, 9 de mayo de 2017

EL PADRE Y YO SOMOS UNO....


Dice el Señor en el Evangelio de hoy (Juan 10,22-30):


El Padre y yo somos una sola cosa

Y el caso es que, en la página en la que suelo consultar el Evangelio del día siempre acompañan con algún comentario de algún Santo Padre, de algún otro santo, del Magisterio de la Iglesia... a veces los leo, a veces los comparto, porque lo que pretendo es que estos comentarios sean "lo que a mí me suscita la Palabra del día", que al fin y al cabo es el ejercicio que deberíamos hacer todos, pues la Palabra es dicha sobre nosotros, para nuestra vida, y en esta ocasión, comentando "el Padre y yo somos uno sólo" presentan un extracto de Santa TERESA de JESÚS, de ÁVILA, la nuestra, en la que expone una comprensión sobrenatural que tuvo, un buen día, del Misterio de la Santísima Trinidad (Relaciones, nº 47) ¡Ahí es nada...!


Como, evidentemente, el Misterio de la Santísima Trinidad no es algo que yo, al menos, vaya a comprender de forma espontánea por un revelación divina, al estilo teresiano, me he acordado por asociación de ideas, de esa otra anécdota de San AGUSTÍN, cuando al principio de su conversión, a comprensión de la Santísima Trinidad era una de las cosas que más se le atragantaba intelectualmente:

Una tradición medieval, que recoge la historia inicialmente narrada sobre un teólogo sin identificar que más tarde fue identificado, por la tradición, con San AGUSTÍN, como he dicho, cuenta la siguiente anécdota: Un día San AGUSTÍN paseaba por la orilla del mar, dando vueltas en su cabeza a muchas de las doctrinas sobre la realidad de Dios, una de ellas la doctrina de la Trinidad. De repente, alza la vista y ve a un hermoso niño, que está jugando en la arena, a la orilla del mar. Le observa más de cerca y ve que el niño corre hacia el mar, llena el cubo de agua del mar, y vuelve donde estaba antes y vacía el agua en un hoyo que había hecho. Así el niño lo hace una y otra vez. Hasta que ya San AGUSTÍN, sumido en gran curiosidad se acerca al niño y le pregunta: "Oye, niño, ¿qué haces?" Y el niño le responde: "Estoy sacando toda el agua del mar y la voy a poner en este hoyo". Y San AGUSTÍN dice: "¡Pero, eso es imposible!". Y el niño responde: "Más imposible es tratar de hacer lo que tú estas haciendo: Tratar de comprender en tu mente pequeña el misterio de Dios".

Recuerdo que cuando el sacerdote que nos daba la asignatura en clase de religión, en el Instituto, nos refirió esta misma historia, ya me picó la curiosidad, así que al llegar a mi casa, me dirigí a la enciclopedia LAROUSSE (esa que compraban en los años setenta todos los matrimonios recién casados para "hacer bonito" en el mueble del salón, y que de tantos apuros nos sacaba luego en el colegio ¡en mis tiempos no había internet, ni WIKIPEDIAS!) y busqué, precisamente, Santísima Trinidad, la explicación de la enciclopedia, más o menos, era la siguiente:

Como Dios es amor, y el amor no puede quedar encerrado en sí mismo, el amor necesita un objeto sobre el que proyectarse,por lo que el amor de Dios Padre engendra, como éste referente de su amor, al Hijo, mientras que la corriente de amor que se establece entre ambos es el Espíritu Santo.

Vale que la enciclopedia no es un tratado de teología dogmática, pero a mí entonces me valía la explicación, además, cerrando la enciclopedia dibujé una sonrisa, acordándome de San AGUSTÍN, mientras pensaba "¡Pues anda qué, complicarse tanto la vida, con lo fácil que le hubiera sido consultar la enciclopedia!" Y nuevamente, por asociación de ideas, por aquello de interrogarnos acerca de la existencia y la naturaleza de Dios, y porque aparece también el entorno de la playa y un niño que resuelve el misterio, es por lo que os quiero compartir la siguiente canción:


Una tarde en la playa 
mirando ponerse el sol 
admirando quedé
la grandeza de Dios 

Él que creó a los hombres 
y este mundo les dio
por sus obras creí en él 
por eso me pregunté:

Oh, oh, oh dónde, dónde esta Dios 
sé que todo lo ha hecho él 
pero donde donde esta él
no lo sé.

Y comencé a buscar 
a los hombres que hablaban de él 
esta aquí esta allá 
mire pero no vi nada.

Entonces tristemente 
a la playa regresé 
vi a un niño jugar 
en la arena y me acerqué. 

Oh, oh, oh, dónde, dónde esta Dios 
sé que todo lo ha hecho él 
pero donde, donde esta él
no lo sé.

El niño sonriendo 
me dijo yo lo encontré 
vive dentro de mi 
desde que en el creí 
y allí mismo en la arena 
un largo rato lloré 
destruyendo mi yo 
hasta que nació él.

Oh, hoy Dios vive dentro de mi 
sé que él vive dentro de mi 
desde que como el niño aquel 
en él creí.