miércoles, 31 de mayo de 2017

DONDE LLEGA MARÍA SE HACE PRESENTE EL SEÑOR


MARÍA se entera de que su prima ISABEL, está embarazada, y como sabe que está mayor se decide ir a su casa para ayudarla con las tareas propias de una mujer de aquella época, que no eran pocas, para que no estuviese sola los últimos meses de su embarazo como nos cuenta el Evangelio de hoy (Lucas 1, 39-56), pues concluimos hoy el Mes de Mayo, Mes de MARÍA, con la celebración de la Visitación de Nuestra Señora. Supo olvidarse de sí misma, que también estaba ya embarazada, y le faltó tiempo para acudir en ayuda de quién la necesitaba.  Solemos quejarnos cuando estamos enfermos, o solos, o deprimidos, de que el Señor la ha tomado con nosotros, que no merecemos su favor, que nos ha abandonado.... pero lo que más nos duele es la soledad con la que solemos enfrentar los malos momentos... El Señor no tiene la culpa de que seamos tan dejados, tan descastados, tan insensibles con las necesidades, la soledad o el sufrimiento de nuestros hermanos.

Cuando fuimos de viaje a TIERRA SANTA, por aquella época (Julio del año 2011) una compañera de mi trabajo se había quedado embarazada, ya tenía un niño, de nueve años y ha querido tener más hijos, aunque hasta entonces había tenido también dos abortos naturales espontáneos… Después del temor inicial una sorpresa: ¡Estaba embarazada de gemelos! con lo que, dados los antecedentes, se incrementa aún mas su temor y su miedo, para lo que le hacía falta poca cosa, pues aunque es muy buena, es muy aprensiva, y siempre está temerosa y apocada por todo.  Yo le prometí que en el lugar de la Visitación de la Virgen, en el lugar del abrazo de las dos primas, embarazadas ambas, oraría por ella y por los gemelos poniendo mis manos sobre el seno de ambas mujeres; y así lo hice, después, durante el resto de la visita, pues la casa de ZACARÍAS e ISABEL se encuentra en una localidad, llamada AIN-KAREM, me he quedado un poco rezagado del grupo, y ante el Sagrario de la Iglesia de la Casa de Isabel y he orado un ratito por esta misma intención, encendiendo dos velas en un lugar habilitado para ello.

De esta forma me he sentido, por un momento, como la Virgen, en camino por una necesidad de uno de mis hermanos y, de hecho, era una de las ilusiones que tenía al realizar la peregrinación a TIERRA SANTA, en el que las circunstancias del mismo fueron ya un regalo, recorrer tantos kilómetros –al igual que María, que tuvo que recorrer, embarazada, ya fuera a pie o en borriquillo la distancia de 150 kilómetros que hay entre NAZARET y AIN-KAREM- para poner mi pobre camino, mi pobre oración, al servicio de otra embarazada. 

Y está mal que lo diga yo, como andaluz que soy, pero no está mal que, de vez en cuando, bajemos a MARÍA del trono, la despojemos de los oros y las platas, de los vestidos lujosos, de los oropeles y las parafernalias con que la adornamos, como hijos que la aman exageradamente, y nos quedemos con MARÍA, mujer, madre y esposa, atenta, delicada y servicial, llena del Espíritu Santo, y nos quedemos con estas bellas palabras del Papa BENEDICTO XVI:


Hoy, en la fiesta de la Visitación, como en todas las páginas del Evangelio, vemos a MARÍA dócil a los planes divinos y en actitud de amor previsor a los hermanos. La humilde joven de NAZARET, aún sorprendida por lo que el ángel GABRIEL le había anunciado —que será la madre del Mesías prometido—, se entera de que también su anciana prima ISABEL espera un hijo en su vejez. Sin demora, se pone en camino, como dice el evangelista, para llegar "con prontitud" a la casa de su prima y ponerse a su disposición en un momento de particular necesidad. ¡Cómo no notar que, en el encuentro entre la joven MARÍA y la ya anciana ISABEL, el protagonista oculto es el Señor! MARÍA lo lleva en su seno como en un sagrario y lo ofrece como el mayor don a ZACARÍAS, a su esposa ISABEL y también al niño que está creciendo en el seno de ella. "Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo —le dice la madre de JUAN Bautista—, saltó de gozo el niño en mi seno". Donde llega MARÍA, está presente el Señor. Quien abre su corazón a la Madre, encuentra y acoge al Hijo y se llena de su alegría. La verdadera devoción mariana nunca ofusca o menoscaba la fe y el amor a Jesucristo, nuestro Salvador, único mediador entre Dios y los hombres.