domingo, 21 de mayo de 2017

¿BAUTIZADO SIN ESPÍRITU?


Nos dice el Señor en el Evangelio de hoy (Juan 14,15-21) "yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad", la Pascua avanza y la Iglesia, como Maestra y pedagoga nos va introduciendo en la reflexión de lo que viene, el Espíritu Santo; las referencias al resucitado empiezan a diluirse en favor del Espíritu Santo "yo le pediré al Padre que os lo envíe" y su acción en nosotros y en la Iglesia, hasta su culminación en la fiesta de Pentecostés, por ende, ademas, este año 2017, que se celebra el Jubileo de Oro de la Renovación Carismática Católica.

Sin embargo, muchas veces al pensar en los dones y carismas del Espíritu Santo nos viene a la mente el adjetivo "carismático", y puede que muchos enseguida desdeñen este pensamiento "¿carismático yo?", cuando ser carismático no es tanto como pertenecer a un grupo de oración de la Renovación Carismática Católica, sino en dejarse hacer en nosotros por el Espíritu Santo, lo que sucede es que nunca hemos sido educados a comprenderlo de esta manera, lo que, dicho sea de paso, es una gran pobreza, nos quedamos en la gracia del bautismo y no desplegamos en nosotros todo el potencial que el Espíritu Santo quiere desarrollar en nosotros. Para que comprendáis esto hoy os traigo el comentario del Evangelio de hoy de la mano de STEVE SCHOLER, que es el Ecónomo y Administrador de la UNIVERSIDAD DE CREIGHTON, de los jesuitas, que pareciera un comentario carismático, pero que es simplemente un laico diocesano, para que os deis cuenta de cómo ellos, en EEUU, me refiero, los fieles tienen perfectamente asumido el papel del Espíritu Santo en sus vidas... ¡Sin necesidad de ser de la Renovación Carismática Católica! Sus palabras son las siguientes:

Imaginad que vuestro reverendo comienza la homilía preguntando que levanten las manos los que han sido bautizados. Casi todo el mundo se sorprendería de la pregunta porque no habría razón de estar allí sin estar bautizado, tras la sorpresa inicial probablemente todos los presentes levantarían la mano. Ahora imaginad si la siguiente pregunta de vuestro reverendo fuese que levantaran la mano aquellos que se sientan imbuidos con el poder del Espíritu Santo. ¿Habría el mismo numero de manos levantadas?, ¿Levantaría la gente la mano con la misma decisión que cuando les preguntaron por su bautismo?, ¿O habría más manos titubeando entre levantarse o no, por no haber entendido muy bien la pregunta?

¿Dónde estaría, concretamente, tu mano? ¿La levantarías? A lo mejor tu posición es como la de los samaritanos de la primera lectura de hoy (Hechos 8,5-8.14-17) "que habían recibido la palabra de Dios (...) aunque el Espíritu Santo no había bajado sobre ninguno de ellos, porque sólo estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús" Por eso fueron para SAMARIA los apóstoles PEDRO y JUAN para que los recién bautizados en la fe tuvieran un discernimiento de la voluntad de Dios en sus vidas, y nada mejor que invocar el Espíritu Santo sobre ellos, para que fueran más receptivos a la presencia constante del Señor en sus corazones y en sus almas. 

Hay pistas para saber si el Espíritu Santo está en nosotros, se pueden encontrar en PABLO que dice: “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, auto control" (Gálatas 5,22) Ahora tendríamos que preguntarnos si estos elementos forman parte de nuestra forma de relacionarnos con Dios, con nuestros hermanos, con el resto de personas que el Señor pone cada día en nuestro camino. ¿Y qué vamos a decir entonces de aquellas personas a las que no conocemos, peor aún, de aquellas otras con las que no nos apetece tratar?

Para mí, el más importante de los frutos del Espíritu Santo enumerados por PABLO es el amor, un amor que busca lo mejor para los demás y un amor que está dispuesto a dar sin pedir nada a cambio. Si somos capaces de marcar esta casilla, en la lista de frutos del Espíritu Santo obrando en nosotros, entonces me atrevería a decir que el resto de los frutos deberían ser cosa natural en nosotros. Durante el día deberíamos prestar especial atención a cómo el Espíritu Santo está presente en nuestros pensamientos, palabras y obras. Demos gracias por todos los dones que hemos recibido y reconozcamos con humildad cuando nos hemos comportado "poniendo el listado muy bajo", actuando por debajo de lo que se espera de alguien que está lleno del Espíritu Santo. Pero lo más importante durante el día es darnos cuenta de que, ejercitando el amor, como dije antes, el resto de los frutos del Espíritu Santo se irán manifestando en nosotros, que nos demos cuenta de las veces en que, en efecto, somos alegres, pacíficos, tenemos paciencia, somos benignos, buenos, fieles, mansos y sabemos controlarnos. Tal vez nos demos cuenta de que poseemos en nosotros más Espíritu Santo del que pensábamos. Tal vez la próxima vez que nuestro reverendo nos pregunte quién está lleno del Espíritu Santo, seamos capaces de levantar la mano...