lunes, 10 de abril de 2017

SIEMPRE HAY QUE ELIMINAR AL TESTIGO...


En todos los thrillers de película hay un momento en el que el mas malo de los malos dice la frase lapidaria "¡Matadlos a todos, y no dejéis testigos!", que da igual que sean los rehenes de un secuestro frustrado, los presos de un campo de concentración a punto de ser abandonado, los presentes en un atraco a un banco, etc, etc... porque lo importante, en la mente del malo, es que, al margen de quienes debían morir "no queden testigos", y es que me he acordado de ello por lo que se menciona de pasada al final del Evangelio de hoy (Juan 12,1-12) "los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro", porque no sólo empieza a inquietar a las autoridades la figura y el mensaje del Señor, sino también la de los testigos.

Pero tendríamos que preguntarnos, ya sea en las películas, en la realidad, y en el Evangelio de hoy ¿por qué incomodan tanto los testigos? No incomodan como en ese chiste en que un amigo le dice a otro: "¿Tú quieres ser Testigo de Jehová?" y el otro responde "¡Déjame en paz, que ni he visto el accidente, ni conozco a Jehová?", porque la importancia de los testigos es otra.

Porque un testigo conoce la verdad por sí mismo, porque ha visto y oído en primera persona, aquello de lo que habla, no es que conozca cualquier hecho porque "alguien le ha dicho a alguien que le ha comentado al vecino que se lo ha dicho a él", porque se trata de una fuente de conocimiento de primera mano, ¡él mismo ha sido protagonista de lo que cuenta!, y lo mismo sucede con el Evangelio, a este respecto JUAN insiste en aseverar la fuente del testigo, lo hace en dos momentos muy importantes, la pasión y muerte del Señor "el que cuenta esto es uno que lo vio y que dice la verdad. Él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis" (Juan 19,35) y sobre una de las apariciones del resucitado "el que cuenta esto es uno que lo vio y que dice la verdad. Él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis" (Juan 21,24). Por eso el testimonio es tan peligroso, porque se puede sobornar para que no hable, o torturarle para que calle, o poner en duda o desacreditar a una persona que habla cosas de oídas, pero nunca conseguirás que un testigo se retracte de su testimonio, porque el único conocedor de la verdad es él.

Lo que nos lleva al segundo peligro del testimonio, la veracidad, porque un testigo sabe perfectamente que lo que dice es verdad, porque lo ha visto y oído, y por ello, no puede mentir, su propio testimonio se reviste de una convicción, coherencia y presencia que sus oyentes no osarían dudar de algo que se narra, o se cuenta tan vívamente... lo mismo que, a la inversa, se nota a la legua cuando un testigo no es veraz y se inventa las cosas, a poco que cambie la historia entre una oportunidad de compartirlo y otra, apenas se ponga en duda, se contradiga o le tiemble la voz, su audiencia se dispersará diciendo "¡Bah, es un mentiroso!"


Por tanto, para un auténtico anuncio cristiano y evangelización entre nuestros hermanos, en el mundo de hoy, en nuestros ambientes, es preciso que -de la misma manera- sólo lo hagamos mediante el testimonio: Yo no puedo convencer a otros de los milagros de San JUAN PABLO II para su canonización, pero sí de aquellos milagros que yo he visto ¡y los he visto!; yo no puedo dolerme -más allá de un dolor intelectual- por la mártir Santa EULALIA de MÉRIDA, que si la martirizaron así o asá, o si la historia le ha ido añadiendo más o menos leyendas, pero sí puedo dolerme, con desgarro del corazón por los mártires coptos degollados en la playa o en los atentados de ayer ¡es que lo han visto mis ojos!, yo no puedo pretender convencer a un cristiano tibio de la fuerza del Espíritu Santo en la naciente Iglesia de Pentecostés, a no ser que le demuestre que esa misma fuerza se halla en mí, ni puedo conmover a nadie contándole la conversión de San FRANCISCO JAVIER si no es que le cuento la mía propia, seguramente más tortuosa...


Y ya que este Evangelio se nos ofrece en este tiempo de Semana Santa, recordad, nadie puede creer si no es por nuestro testimonio "Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús", y nuestro testimonio nunca será veraz si es que no incomoda -porque incomodan las personas, no los mensajes-; el Evangelio (lo mismo que el MANIFIESTO COMUNISTA de MARX, o la LAUDATO SII del Papa FRANCISCO) es para los poderosos, los enemigos, los ricos, los injustos, los gobernantes, los opresores, el demonio mismo, tan letra muerta como la que hay en el papel impreso, a no ser que entonces aparezca alguien que traduzca la letra muerta en vida, y a ese testigo es al que hay que eliminar, por eso es más probable que asesinen a Monseñor OSCAR ROMERO -por ejemplo, o arriba, Monseñor ANGELELLI- que a un Obispo gordo y lirondo del primer mundo, a un comunista convencido de CHINA que crea que su gobierno se aparta de lo escrito en el manifiesto, o a un catequista brasileño involucrado en la deforestación donde viven sus comunidades que a un integrista de GREENPEACE... ¿A qué se me entiende, verdad?