martes, 18 de abril de 2017

SEÑOR, SI LO SABES
¡DIME TÚ DÓNDE LO HAN PUESTO!


Del Evangelio de hoy (Juan 20,11-18) que nos dice:

«Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Un sentido diálogo que describe como nadie la desesperación de MARÍA Magdalena buscando a su Señor, ella no sabe que ha resucitado, a lo mejor ni había considerado esa opción ¡pese a tantos años siguiéndole y escuchándole! , pero lo poco que le quedaba de su amor, su cuerpo, se lo han robado... hasta que punto que, más tarde, los apóstoles creyeron luego cuando ella, "apóstol entre los apóstoles" por anunciarles la resurrección "les pareció que deliraba y no le creyeron" (Cfr. Lucas 24,11) ¡Ojalá nosotros sintiéramos la misma pasión, el mismo delirio por nuestro Señor! Y no es de locos, histéricos o mujeres compulsivas, ya decía San JUAN del SINAÍ (un antiguo monje del desierto): "¡Bendito el que ha adquirido el amor de Dios de tal manera que se comporta como una amante histérica!"... 

Y ya que estamos en tiempo pascual, y este encuentro con el Señor resucitado es algo que tenemos que hacer todos nosotros, os compartimos la siguiente oración:

Señor resucitado,
eres el jardinero de mi alma,
durante mucho tiempo te he esperado,
latente, en el silencio
y aún experimento el invierno en mi alma,
ahora, al nombre de Jesús, resucitado:
"¡Rabboni, Maestro...! ¿Eres tú?"
Arranca de mí el mal del pasado
que sigue creciendo...
Rompe los duros terrones
de la rutina y la costumbre...
Abóname con el sustrato
del desafío y el riesgo...
Entierra profundamente en mi alma
la semilla de tu Palabra...
Cultiva, riega y ablanda
la dureza de mi corazón
hasta que lo hagas rico
en flores y en frutos.