viernes, 21 de abril de 2017

PESCAR POR EL LADO CONTRARIO DE LA BARCA


Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.  Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".  El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.  El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua... 

Es parte del Evangelio de hoy (Juan 21,1-14), y puede que me repita, si es que esto ya lo compartí alguna vez con vosotros, pero el episodio de la pesca milagrosa siempre me recuerda que, en líneas generales, "es mucho más cómodo, al parecer, remar mar adentro, que pescar del lado contrario de la red", pongo un par de ejemplos y me entenderéis:

Y es que nos gusta “ir a pescar mar adentro, es verdad, pero a lo cómodo, sin que nos suponga mucho esfuerzo” Hacemos encuentros, convivencias, retiros, para jóvenes, pero para los de la parroquia, nuestros grupos, o nuestras congregaciones... Pescar del otro lado significaría, por ejemplo, hacer en un colegio redentorista una convivencia vocacional pero que el testimonio lo diera ¡un dominico, quizás! ¿pero qué estás diciendo, nosotros somos redentoristas? Claro, yo no dudo que un joven llamado por el carisma redentorista, conociendo a los redentoristas de cerca, decida ingresar como redentorista, pero también estoy cierto que si un joven tiene atisbos vocacionales, y lo suyo es la devoción a la Virgen del Carmen, por decir algo, seguro que se pierde un gran carmelita, o no se alienta su vocación porque “no se le alienta a ello, porque no quiere ser redentorista” ¡A lo mejor si tan claro lo tiene ya no se le invita al siguiente retiro vocacional...! 

¿Cuántos obispos no han escrito, alguna vez, alguna carta pastoral recordando la importancia del domingo? ¿O denunciando los problemas de algunos trabajadores para conciliar el trabajo y el domingo? Ya no te digo la cantidad de documentos que, de justicia social, producen cientos de delegaciones de pastoral obrera de nuestras diócesis, o de la HOAC... Todos estos documentos escritos, sin duda, por gente que conoce los problemas del mundo laboral, comprometidos, sinceros... Pero oigan, un pequeño detalle, yo trabajo en un puesto de trabajo que hace que trabaje también domingos y festivos, y hasta ahora, y ya llevo diez años en dicho trabajo, pues como que no he visto al Obispo venir a visitarnos “en medio de nuestra jornada de trabajo dominical”, que tampoco he visto a ningún representante de la HOAC, dicho sea de paso, a lo mejor podrían hacerse una idea “in situ” de lo que pensamos, lo que sentimos o lo que creemos los que estamos allí trabajando, o qué se yo ¿y proponer al centro de trabajo celebrar la eucaristía, algún domingo de los que se abre, esporádicamente, en el propio centro de trabajo, en algún despacho, almacén o descansillo, y que ya vaya quien quiera y pueda? Pero que va, esto ya es casi más cansado que remar mar adentro, es que encima hay que hacerlo al revés, por el lado contrario de la barca.

Hace cuatro o cinco años, precisamente en una Vigilia de Pentecostés, durante la adoración del Santísimo me quedé dormido, la noche era avanzada y encima estaba muy cansado por los preparativos de la celebración. No suelo acordarme de los sueños, rara ve me sucede, pero en ese intervalo de tiempo en que me quedé transpuesto soñé lo siguiente (diremos, soñé, porque hablar de visión puede resultar excesivo a algunos ¡de todas formas recordad que soy carismático, o sea que ambos términos me vienen bien!):


Una barca con una gran red cargada de peces se acercaba a la orilla, eran tantos los peces que cuando faltaban pocos metros para la orilla, la red se rompía y los peces muertos caían al agua, algunos llevados por las olas llegaban a la orilla, yo cogía uno del rompeolas y se lo daba al Señor, que con cara de disgusto me decía "ése no lo quiero, es hijo de la comodidad".

Puede que desde entonces ya no me quede otra forma de interpretar este episodio de la pesca milagrosa. Pero nunca, en la medida de lo posible, que mis frutos, mis peces, mi trabajo, no sean "hijos de la comodidad", del camino fácil y ya trillado, experimentado y seguro, probado y testado por otros... Seguiremos haciendo nuestra labor calladamente, sin escándalo, sin ruido, puede que hasta sin grupo de oración, puede que hasta sin reuniones, puede que hasta sin grandes manifestaciones… Con la labor callada del boca a boca, del abrazo, del acompañamiento en medio de la vida y sus afanes… En espacios no habitualmente sacros de la calle, la plaza, el lugar de trabajo, la terraza del bar o la propia casa… En las nuevas ágoras de la tecnología, internet, el correo electrónico, las redes sociales y lo que la inteligencia humana nos siga brindando… Y así seguiremos haciendo Iglesia, como “lo que se pesca por el lado contrario de la barca”, donde cada pez, cada hermano ("y os haré pescadores de hombres" (Mateo 4,19)), lo será quizás no al son de trompetas y aclamaciones, como en JERICÓ, sino al son de los sollozos y los ayes de la vida, pero por eso mismo, cada pez, cada hermano, ni siquiera han de permanecer junto a nosotros, en esta red, para siempre, porque nuestro afán no es retenerlos, sino que lleven siempre esta experiencia en su corazón, y con ella, a su Señor, Jesucristo.