miércoles, 12 de abril de 2017

NUESTROS CÁLCULOS...


Ante opciones radicales del tipo "el sumo bien y el sumo mal" nos suele suceder que nos quedamos cómodamente en el medio, como si la opción no tuviera nada que ver con nosotros, que el Señor nos dice "sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mateo 5,48), pues ya nos es fácil desentendernos ¡cómo nunca nos vamos a poder parecer a la perfección de Dios!... O como cuando escuchamos el Evangelio del hijo pródigo (Lucas 15,11-32), que nos es mucho más cómodo ponernos de parte del hijo menor, del pródigo, porque todos entendemos su debilidad, pero nunca nos identificamos con el hijo mayor ¡no hombre, no, no somos tan miserables...!

Y lo mismo sucede con el Evangelio de hoy (Mateo 26,14-25) ¡quién se va a identificar con ese malo malísimo que es JUDAS! ¿Traicionar al Señor, yo? ¡Qué barbaridad! y es que leemos claramente:

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?» Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

Y desde entonces ahí queda, como arquetipo de la traición y del traidor por excelencia, son muchas las citas, de los más diversos autores al respecto "la gente constantemente dice cosas malas sobre Judas porque es la única forma en la que ellos se pueden sentir mejores que él" (DENNIS E.ADONIS), "Judas se ha convertido en el portavoz de todos los que, a través de los siglos, han protestad por el ornato del culto cristiano y que creen que, cuando el oro y las joyas sirven a Dios, por otra parte su creador, se está cometiendo una ofensa a los pobres -pero no porque les interesen  los pobres, sino porque ellos mismos envidian esa riqueza" (Monseñor FULTON SHEEN), "El mero conocimiento de la voluntad de Dios es ineficaz si no se pone en práctica para mejorar el corazón. El conocimiento solo es como un sol de invierno, del que no se percibe claramente su calor o su influencia; cuya ausencia de vida no caldea los afectos, ni purifica  la conciencia. Judas era un gran luminaria, que pese a conocer la voluntad de Dios, terminó siendo un traidor" (THOMAS WATSON) y así podríamos seguir citando mucho rato.


Pero... ¿Y nosotros? No nos engañemos, nosotros también nos ajustamos, no en treinta monedas, pero sí en aquello que nos conviene, y andamos buscando la manera de hacernos con la nuestra, también hacemos nuestros cálculos, pues nadie toma decisiones para perder... Porque... ¿Qué puedo ganar si no apoyo ante la comunidad de vecinos, que se ponga un ascensor? ¡Cómo nadie quiere hacer frente a un gasto tan grande, a lo mejor aprueban que se arreglen mis toldos, que es un gasto menor! pero ese cálculo egoísta deja fuera de la deliberación a la anciana del segundo, en andador, que ya no puede usar las escaleras... ¿Qué puedo ganar si me arrogo el mérito de un trabajo en equipo frente al jefe? ¡Al fin y al cabo, soy yo el que se lo está entregando! aunque ese cálculo egoísta deje injustamente a tus compañeros de trabajo, y de equipo, en la consideración de los jefes... ¿Qué puedo ganar si compro unos pantalones falsificados, o me descargo de internet contenidos protegidos por derechos de autor, o si intento hacer algún equilibrio en la declaración de la renta para sisar unos pocos cientos de euros? ¡Al fin y al cabo las grandes empresas siempre ganan! pero del paro de los trabajadores que, pagan, pese a todo, cuando a las empresas, a su vez, no le cuadran sus cuentas, no es responsabilidad mía...

Es verdad, yo nunca entregaría al Señor por treinta monedas, ¡lo hago constantemente, a veces por más, a veces hasta por menos!, debe de ser, claro está, que aquello otro de "lo que a estos de mis hermanos hicisteis, a mí me lo hicisteis" (Mateo 25,40) no va conmigo... debe ser.