sábado, 29 de abril de 2017

NO TENGÁIS MIEDO...
OS LO REPITO:
¡NO TENGÁIS MIEDO...!


Es tan breve el Evangelio de hoy (Juan 6,16-21) que se puede compartir entero:

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. El les dijo: "Soy yo, no temáis". Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban. 

¡No temáis! es una de las expresiones preferidas del Señor, constantemente está animando y exhortando a los discípulos con estas palabras. En tiempos de persecución y turbulencias nos dice que no temamos a los que matan el cuerpo pero no pueden acabar con la vida imperecedera del alma (Mateo 10,28 y Lucas 12,4); cuando los discípulos caen rostro a tierra desconcertados por la visión de la Transfiguración, de nuevo "no temáis, levantáos" (Mateo 17,7); de nuevo en el mismo episodio del Evangelio de hoy narrado por Marcos (Marcos 6,50)... Una y otra vez el Señor nos insiste, no tengamos miedo, porque por encima de la más adversa circunstancia, como su figura se recorta sobre el mar, siempre estará él, velando por nosotros, custodiando su barca, la Iglesia, es por ello que en el cenáculo el Señor desvelará a los discípulos en donde debe radicar su y nuestra ausencia de temor, "confiad, yo he vencido al mundo" (Juan 16,33)

En la mañana de su resurrección, a las mujeres aturdidas y alborozadas por la ausencia del cuerpo en el sepulcro, una vez más el ángel les dice "No tengáis miedo" (Mateo 28,5), desde la experiencia del resucitado, nosotros ya sabemos de su victoria sobre los enemigos del hombre, el pecado y la muerte. Por eso, hoy, sus palabras resuenan en nuestro corazón con una fuerza especial, porque son las palabras de Alguien que está vivo: ¡No tengamos miedo! Desde entonces este ha sido el lema de todos los que han puesto su confianza en el Señor sin ningún atisbo de zozobra: Palabras que hizo propias JUAN PABLO II al comienzo de su pontificado "¡No temáis, no tengáis miedo, abrid vuestras puertas a Cristo!", que BENEDICTO XVI repetía a los jóvenes "¡No tengáis miedo! Cristo puede colmar las aspiraciones más íntimas de vuestro corazón. ¿Acaso existen sueños irrealizables cuando es el Espíritu de Dios quien los suscita y cultiva en el corazón? ¿Hay algo que pueda frenar nuestro entusiasmo cuando estamos unidos a Cristo?

Ante la personal fragilidad para llevar a buen puerto las misiones que el Señor nos pida, sean del tipo que sea: Una vocación, un proyecto apostólico, un servicio..., nos consuela sobremanera, saber también que MARÍA escuchó las mismas palabras de parte del ángel antes de afrontar la misión que el Señor le tenía encomendada "No temas, María", que ella, hilvanando con el Evangelio de hoy, sea nuestra barca en medio de la tormenta, según esta bella oración compuesta por San BERNARDO:

Si se levanta la tempestad de las
tentaciones, si caes en el escollo de
las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella
del Mar: ¡Invoca a María!

Si te golpean las olas de la soberbia,
de la maledicencia, de la envidia,
mira a la estrella: ¡Invoca a María!

Si ante el recuerdo desconsolador 
de tus muchos pecados 
y de la severidad de Dios, 
te sientes ir hacia el abismo del desaliento 
o de la desesperación,
lánzale una mirada a la estrella, 
e invoca a la Madre de Dios.

Si Ella te tiene de la mano no te puedes hundir. 
Bajo su manto nada hay que temer. 
¡Bajo su guía no habrá cansancio,
y con su favor llegarás felizmente 
al Puerto de la Patria Celestial!