martes, 11 de abril de 2017

NO DEJARÉ DE MARAVILLARME POR QUIENES NOS PRECEDIERON...

Muchas veces he opinado en público que "las generaciones antiguas lo hacían todo mejor que nosotros, pese a tener menos medios" y mis oyentes se asombran ante tal aseveración, si embargo, dejad que me explique:


Mirad el ACUEDUCTO DE SEGOVIA, he tenido que buscar en internet para confirmar un dato que ya sabía "está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos", es decir ¡qué las piedras están colocadas al peso, sin nada que las una, salvo las tensiones de fuerza y la gravedad! Y ahora con tantos cementos, enconframientos, cimientos, grúas, tecnología... te compras con toda ilusión tu chalet en la playa y a menos de cinco años te ves envuelto en tribunales con la constructora, que por cierto quebró, porque te salen grietas por toda la construcción por las que se puede meter una mano... ergo... argumento demostrado.


Mirad EL QUIJOTE, que sí, que decimos que es la obra cumbre de la literatura española, que todos lo hemos leído, pero es mentira, que nos sabemos los tres o cuatro capítulos que nos leímos en EGB (los molinos de viento, los odres de vino, el espurgo de su bilioteca, el yelmo de Mambrino, el bálsamo de Fielabrás y el caballo de madera Clavileño), pero es que CERVANTES tuvo que escribir a mano y con luz diurna, a lo sumo, caída la tarde, a la luz de velas (lo mismo que su coetáneo SHAKESPEARE si pensamos en inglés) ¿Os imagináis EL QUIJOTE que habría resultado de tener un ordenador, un procesador de textos con la facilidad del "selecciona, corta y pega"? Y ahora, es verdad, que hasta podemos auto imprimirnos un libro on-line, tenemos muchos best-sellers pero todos por una necesidad artificial creada por el marketing en los lectores, pero calidad literaria poca ¡Si hasta BELÉN ESTEBAN ha escrito un libro!...ergo... argumento demostrado.


Mirad cualquier catedral española o europea. Ejércitos de canteros, carpinteros, escultores, vidrieras, artesanos, ponían sus vidas, en varias generaciones, para levantar esos imponentes monumentos a la fe en Dios. ¡Es imposible no estremecerse ante las vidrieras de la CATEDRAL DE LEÓN, o no sentirse insignificante ante Dios a los pies de la CATEDRAL DE MILÁN! Pero eso es posible porque a sus constructores los movía la fe... Y ahora te plantas ante cualquier catedral moderna, que la hay, igual de imponentes, todas ellas un alarde de arquitectura creativa, y luego te pierdes por dentro, si es que eres capaz de encontrar un simple crucifijo que te ayude a orar... ergo... argumento demostrado.

Decía yo esto de que los antiguos lo hacían todo mejor que nosotros, porque reflexionando en el Evangelio de hoy (Juan 13,21-33.36-38) para detenerme en algún punto sobre el que compartir con vosotros, haciendo referencia al momento en que PEDRO, como siempre tan arrojado, le dice al Señor "Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti" a lo que el Señor le responde "¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces" me he encontrado con estas palabras, a modo de comentario, del Papa San LEÓN, Magno, cuya última frase es sencillamente estremecedora:

El santo apóstol Pedro fue el primero en hacer la experiencia de cuán  provechosa ha sido para los creyentes esta humildad. Sacudido por la violenta tempestad de su turbación, volvió en sí por este brusco cambio, y recuperó su fuerza. Encontró el remedio en el ejemplo del Señor… En efecto, el siervo “no podía ser mayor que su señor, ni el discípulo que su maestro” (Mateo 10,24), y no hubiera podido vencer el estremecimiento de la fragilidad humana si el vencedor de la muerte no se hubiera estremecido primero. El Señor, pues, miró a Pedro (Lucas 22,61); ante las calumnias de los sacerdotes, las mentiras de los testimonios, las injurias de los que le golpeaban y abofeteaban, encontró a su discípulo sacudido con la misma mirada que anteriormente había visto su turbación. La Verdad lo penetró con su mirada, justo allí donde su corazón tenía necesidad de curación. Fue como si la voz del Señor se hubiera hecho oír para decirle: “¿Dónde vas, Pedro? ¿Por qué te retraes dentro de ti mismo? Vuelve a mí, confía en mí y sígueme. Ahora es el tiempo de mi Pasión, la hora de tu suplicio no ha llegado todavía. ¿Por qué temer ahora? También tú superarás la prueba. No dejes que te desconcierte la debilidad que he tomado sobre mí. Es por lo que yo he tomado de ti que he temblado, pero tú, a causa de lo que tú tienes de mi, no tengas miedo.


Solamente una persona dotada de una gran fe, me refiero a San LEÓN, Magno, puede ser capaz de escribir la belleza de estas palabras, que nos deberían consolar ante cualquier prueba, tribulación o sufrimiento de la vida, si fuéramos capaces de entenderlo así habríamos entendido mucho del "misterio" de la pasión de Señor "él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores" (Isaías 53,4): "No dejes que te desconcierte la debilidad que he tomado sobre mí. Es por lo que yo he tomado de ti que he temblado, pero tú, a causa de lo que tú tienes de mi, no tengas miedo", debe de ser, como en todo, que los ntiguos también tenían más fe que nosotros... como en todo.