jueves, 13 de abril de 2017

JUEVES SANTO


FRANCISCANOS EUCARÍSTICOS
POBRES DE NAZARET 

OS INVITAN A ADORAR:

¡AL SEÑOR EUCARISTÍA!


(Si queréis crear clima de oración, podéis poner la siguiente canción,
musicalizando uno de los textos de Mª EMILIA RIQUELME y ZAYAS)


Lectura de la Palabra


Yo recibí del Señor lo que os he transmitido: Que Jesús, el Señor, en la noche que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cada vez que la bebáis, hacedlo en memoria mía». Pues siempre que coméis este pan y bebéis este cáliz anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva.

(1 Corintios 11,23-26)

Nuestro Señor nos ha elegido por su infinita misericordia; 
al dársenos a sí mismo, y al hacernos suyas, 
nos ha sellado con el sello celestial de la vocación eucarística; 
y este sello lleva consigo la dulce misión 
de amar a Jesús con delirio,  hasta el martirio;  
la de darle a conocer a las almas  y hacer que le amen;  
en una palabra,  la santidad más consumada. 

(Pensamientos, Mª EMILIA RIQUELME,96)



El Señor cogió un pan

Vete a la cocina y cógete un trozo de pan. Todas las barras de pan son aparentemente iguales, –como los zapatos de un montón–, pero cada una es distinta, única, irrepetible... Cada una tiene una historia, aparentemente trivial, pero probablemente distinta. 
Coloca ese trozo de pan sobre tus rodillas o retenlo en tus manos... 

El mejor predicador 
es Jesús Sacramentado.
Ámalo con ardor.
(Pensamientos
Mª EMILIA RIQUELME, nº 111)

Dile que te cuente cómo se siente al haber sido elegido por ti entre todos... Dile que te cuente su historia personal hasta el momento en que tú lo has escogido entre todos... Su germinar en la tierra... Sus horas duras pudriéndose en la oscuridad... Su dejarse mojar y empapar por la lluvia... El doloroso romperse por dentro para engendrar vida... Su brotar en el campo y el soportar fríos y heladas... Su gozoso germinar en espiga fecunda y apretada... La experiencia de la siega... De la muela en el molino... de dejarse perder en la harina de otras espigas... El amasado... el calor del horno... El convertirse en pan... EL SABERSE ESCOGIDO POR TI. Identifícate con tu trozo de pan... Ve poniendo en paralelo tu vida con este pan. Siéntete cogido, escogido, elegido entre un montón de panecillos... 

Visualízate, hecho pan, en las manos de Cristo y deja aflorar, poniendo nombre, tus sentimientos.

El Señor cogió un pan, y lo partió

Corta, rasga, quema 
cuanto a tu misericordia plazca; 
pero, no me dejes sin Ti 
ni un solo instante.
(Pensamientos,
Mª EMILIA RIQUELME,30)

Pero el Señor no te ha elegido para tenerte en sus manos, porque lo partió. Rompe despacio el panecillo en dos mitades y obsérvalo partido... Ya nadie lo podrá reconstruir ni restaurar del todo... Es exactamente lo que Jesús está a punto de hacer: dejarse partir, desgarrarse, perderse. Tú eres ese pan: no un pan redondo, sino un pan partido... Ah, sí. Partirse duele. Implica renuncias. ¿Te dejarías partir si te lo pidiera el amor? Ve poniendo nombre a tus sentimientos, a tus resistencias, a tus razonamientos, a tus construcciones mentales... para no dejarte romper... 

(Ve recordando situaciones que te han roto por dentro... 

Ve analizando esas cosas y circunstancias que te duelen y te hacen sufrir... 

Descubre esas heridas y comprueba si han cicatrizado o aún sangran). 

¿Sabes lo que dulcifica las penas?
El amor de Jesús
¿Qué te dará dulzura, 
paciencia y caridad? 
El amor de Jesús. 
¿Quién te dará una espléndida corona? 
El amor de Jesús. 
¿Quieres ser valiente misionera? 
Ama. ¿Quieres ser Santa? Ama. 
¿Quieres consolar a Jesús? Ama. 
¿Quieres ser siempre fiel a Jesús? 
Humíllate siempre. 
¿Quieres complacer a Dios? 
No quieras más que su santísima voluntad.
(Pensamientos,
Mª EMILIA RIQUELME, 28)

Visualízate hecho pan en las manos de Jesús y déjate romper por Él.

El Señor cogió un pan, lo partió, y lo bendijo.

El Señor te ha elegido para, una vez roto, bendecirte... Ve recordando a esas personas que a lo largo de este año han dicho bien de ti, te han bendecido... Han pronunciado palabras buenas, constructivas, cariñosas, a veces duras y exigentes, pero que te han hecho crecer... Recuerda sus rostros de agradecimiento...

Visualízate como un pan roto en las manos de Jesús y escúchale decir sobre ti: 

Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros.


Este soy yo, un pan roto, para dejarse comer.

Y ve dejando, y ve sintiendo, cómo todo tu ser se va transfigurando en el mismo Jesús.

El Señor cogió un pan, lo partió, lo bendijo, y lo repartió


Si Jesús te ha elegido, si te tiene en sus manos, si te rompe, si te bendice, es para que seas alimento de los demás... Siendo consciente de que eres tú mismo el que se entrega, toma ese trozo de pan sobre el que has hecho esta oración, envuélvelo con cariño en una servilleta blanca, la mejor que tengas ¡la de la mantelería del ajuar! (como dirían las abuelas) y hoy, si sales a la calle, y tienes valor, dáselo a un pobre, a tu frutero, a tu compañero de trabajo, a un familiar, a un vecino, a tu barrendero... ¡Es tu vida que se entrega en ese pan! ¡Te has convertido en Eucaristía!

En la sagrada Comunión es donde mejor
conoce el alma a Jesús; bebe allí, por decirlo
así, la dicha inmensa de la transformación
eucarística; ya no respira el alma más que en
Jesús, por Jesús, para Jesús; allí siente su amor, y
crece en su amor, y lo ama cada vez más y más;
y en su amor se abrasa, consume y quema, con
ese fuego divino que vino a traer a la tierra; y del
cual Él mismo dice: ¡y qué quiero sino que arda!
(Pensamientos,
Mª EMILIA RIQUELME,88)

Esta es la única respuesta coherente que podemos dar nosotros a un Dios que se entrega, hecho pan, por nosotros: Entregarnos nosotros por los demás en cada una de las situaciones.