lunes, 24 de abril de 2017

HAY QUE NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU


Nos narra el Evangelio de hoy (Juan 3,1-8) el encuentro entre NICODEMO "que era uno de los notables entre los judíos" y el Señor; NICODEMO cree sinceramente en la figura del Señor, pues le reconoce "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él", sin embargo el Señor le corrige, no basta con este reconocimiento, ni siquiera con ser un rabino notable, un experto en la palabra de Dios, hace falta "renacer de lo alto (...) nacer del agua y del Espíritu de Dios".

Para cualquiera de nosotros parecería que NICODEMO ya estaba "orientado, enfilado, a la salvación", como hemos dicho, pertenece al estamento sacerdotal, es un hombre de palabra, ha comenzado a percibir y creer en el Señor, pero todo esto no le basta; podríamos pensar, por ejemplo, en CORNELIO, aparentemente más piadoso que NICODEMO pues leemos en los Hechos de los Apóstoles "había en Cesarea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica, piadoso y temeroso de Dios, como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y continuamente oraba a Dios(Hechos 10,1) pero él también tuvo necesidad de este "renacer en el Espíritu" de la mano de PEDRO cuando éste se alojó en su casa.

Este renacer del agua y del Espíritu es una necesidad indispensable para todos nosotros. Ya hemos nacido "del agua" por nuestro bautismo, ciertamente, pero muchos cristianos de buena fe consideran que con ello, valga la expresión, se culmina el trámite, y vemos, que el Señor nos dice que "es necesario nacer del agua y del Espíritu". 

Este "renacer de lo alto (...) en el Espíritu Santo" como dice el Señor a NICODEMO, además, es un acontecimiento espiritual (que no implican la carne, no depende de algo empírico, fáctico, que dependa de nosotros) “lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu” (Juan 3,6). De este renacer del Espíritu Santo el beneficiario es nuestro espíritu interior. Puede incluso que no sepamos ni cómo aconteció, ni cómo sucedió, ni de que dependió, pues es en esta libertad que se mueve el Espíritu Santo "el viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va", al contrario que en el bautismo en agua, por el que sabemos con certeza somos constituidos hijos de Dios, y se perdonan nuestros pecados, y depende de un quehacer sacramental, en el caso del bautismo en el Espíritu Santo, pese a su necesidad, no hay un camino trazado, sino darse cuenta de que "hay que renacer de lo alto", aspirar a cosas mayores, crecer en la vida del Espíritu, desear que él lo sea todo en nosotros, que obre en nosotros.

El Señor se asombra de la ignorancia de NICODEMO en estos temas “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes estas cosas?” (Juan 3,10). Hoy en día, el Señor nos lanza esta misma pregunta a todos nosotros, y que nadie crea que está en una posición de conocimiento mejor que la de NICODEMO: Hay ciento de miles de bautizados en el agua, que están muertos en el Espíritu Santo (de lo que se sorprendía San SIMEON, el Nuevo Teólogo, en el Siglo XI, diciendo "no concibo que haya nadie que diga que no ha experimentado nada en su bautismo, y que viven como si la totalidad de las gracias y dones del Espíritu Santo, fueran un tesoro desconocido para ellos"); así como aquellos otros que ya han nacido de nuevo, han recibido este don del Espíritu Santo, y puede que nunca hayan oído hablar de renacer, de bautismo del Espíritu Santo, de dones y carismas... pero que aventajan a los simples bautizados en su caridad, su amor, su testimonio, sus acciones, su oración, en suma, haciendo de sus vidas auténtico testimonio de la bondad y la gloria de Dios.

Para poder responder a NICODEMO "¿Cómo es posible renacer de nuevo?" hagámonos asiduos de la oración, la escucha y la interiorización de la Palabra de Dios, porque allá donde se encuentra la Palabra de Dios obra su Espíritu (estaba la Palabra de Dios creando el mundo y el Espíritu Santo ya aleteaba sobre lo recién creado (Génesis 1,1-3)), como también dijo el Señor "El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida(Juan 6,63); es preciso además un primer movimiento por nuestra parte, saberse necesitado de ello, lo que motivó a NICODEMO buscar este encuentro con el Señor, y tener una actitud humilde, de reconocimiento de nuestro pecado, de nuestra indignidad, y aceptando que, como continuará el diálogo más adelante, que Jesús es el Señor "porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Juan 3,16) 

No hay que esperar acontecimientos maravillosos en nosotros al renacer de lo alto, al recibir el Espíritu Santo y renacer por él, antes dijimos que el Espíritu Santo obra de forma misteriosa en cada uno de nosotros "el viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu", pero no menos cierto es que "la brisa, por suave que sea, se percibe", y en nosotros empezarán a percibirse actitudes nuevas como crecer en nuestra vida espiritual, ser más precavidos con las ocasiones de pecado, pero no hacer de nuestra experiencia anterior de pecado un lastre que nos impida seguir caminando, donde antes Dios, Cristo y el Espíritu Santo eran entes irreales,asumidos por la fe, pero sin implicación con la vida, ahora son tan reales como nuestra vida misma, que nos relacionamos con ellos no desde el intelecto, sino desde la fe, hecha vida; la Biblia, la Palabra de Dios, su lectura, su oración, la escucha de la Palabra y la comunión y la fraternidad con los demás, la caridad, el coraje para hablar del Señor a los demás... todo eso que ahora nos parecía tan lejano, o que hacíamos con desgana, se convierten en necesidades vitales para nosotros, como el respirar...