viernes, 7 de abril de 2017

HACER CREER A LOS DEMÁS
¡Y SIN MILAGROS!


Concluye el Evangelio de hoy (Juan 10,31-42) de la siguiente manera:

Se marchó de nuevo (el Señor) al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.

¡Cómo nos gustan los milagros! ¡Porque mira que nos gusta fijarnos siempre en lo más espectacular y en lo más ostentoso...! ¡Preferiríamos mil veces gastar un dinero bien invertido en ir de peregrinación a LOURDES, para ver milagros, cuando todos los sábados se cerra el Rosario, en nuestra parroquia, que nos sale gratis, y es más cerca, pero claro, carece de milagros! Y lo mismo nos sucede a nosotros mismos: Querríamos ser tan pobres como San FRANCISCO de ASÍS; tan cabezones en lo bueno como Santa TERESA de JESÚS de ÁVILA; hacer tantos milagros como San MARTÍN de PORRES;  ser tan amantes de la Virgen MARÍA como Santo DOMINGO... ¡No, hombre, no...! 

Y es que, no se trata tanto de que hagamos milagros, ni que pretendamos hacerlos, claramente ha dicho el Evangelio "Juan no hizo ningún signo" solamente dio testimonio del Señor, pues añade el texto "pero todo lo que Juan dijo del Señor era verdad", y porque era verdad "muchos creyeron en el Señor" ¡Así de fácil, fe mucha, milagros cero, por el sólo valor de un testimonio verdadero! Hay una especie de refranillo, que circula mucho por internet y las redes sociales que dice así: "Ten en cuenta que tu vida puede que sea la Biblia que muchos leerán", no he podido localizar el autor, salvo que se haya deformado mucho una cita, ésta sí, de CHARLES SPURGEON (un reconocidísimo pastor bautista, que ya hemos mencionado en alguna ocasión) que dice así "la Biblia no es la luz del mundo, es la luz de la Iglesia. Pero el mundo no lee la Biblia, el mundo lee cristianos. Tu vida misma, tú eres la luz del mundo", o si lo preferís, San FRANCISCO de ASÍS "predicad el Evangelio, y si es preciso, con palabras".

¡Ojalá que se pueda decir de nosotros que nuestro testimonio del Señor, pese a que nosotros no hacemos milagros, es verdadero, y eso baste para que muchos crean!