domingo, 9 de abril de 2017

DOMINGO DE RAMOS




La fiesta de hoy presenta a los ojos de los hombres aquel que nuestra alma desea "con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure la vida, madrugaré para buscarte" (Isaías 26,9) bajo dos aspectos diferentes, porque el Señor es “el más bello de los hombres” (Salmo 45,2), y al mismo tiempo le veremos "tan desfigurado en su aspecto que no parecía ni hombre, ni su apariencia era humana(Isaías 52,14) Pero no podemos apartar nuestra mirada de él en ningún momento; bello o desfigurado sigue siendo nuestro deseo y nuestro amor, porque de ambas maneras se muestra el Salvador de los hombres.

Si contemplamos al mismo tiempo la procesión de hoy y la pasión, vemos a Jesús glorioso y sublime y humillado y sufriente. En la procesión recibe los honores de Rey y en la pasión es golpeado como un malhechor. Aquí, la gloria y el honor le rodean; allí “sin forma ni hermosura” (Isaías 53,2). Aquí, él es la alegría de los hombres y el orgullo del pueblo; allí, “oprobio de los hombres, desprecio del pueblo” (Salmo 21,7) Aquí es aclamado: “Hosanna al Hijo de David. Bendito sea el rey de Israel que viene...”; allí los gritos enfurecidos de la gente que pide su muerte, burlándose del que se hizo rey de ISRAEL. Aquí, la gente sale a su encuentro con palmas en las manos; allí le dan bofetadas y con cañas le golpean en la cabeza. Aquí es colmado de elogios; allí cubierto de injurias. Aquí la gente porfía extendiendo sus mantos ante Jesús; allí es despojado de sus vestiduras. Aquí es recibido en JERUSALÉN como el Rey justo y el Salvador; allí es expulsado de JERUSALÉN como un criminal y un impostor. Aquí va montado sobre un asno, envuelto en agasajos; allí es colgado en la madera de la cruz, roto por los golpes, cubierto de llagas y abandonado por los suyos... 


Señor Jesús, en tu rostro resplandece la sabiduría, tanto si aparece glorioso como si se presenta humillado. En él resplandece la gloria de la luz eterna (Sabiduría 7,26) Que brille siempre sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro (Salmo 4,7), en la tristeza como en las alegrías... tú eres la alegría y la salvación de todos, tanto si te vemos montado sobre el asno o clavado en la cruz.

(Sermón del Domingo de Ramos, beato GUERRIC de IGNY, Abad, Siglo XII)