martes, 4 de abril de 2017

CUANDO EL HIJO DEL HOMBRE SEA ALZADO...
...MIRARÁN AL QUE TRASPASARON


Dice el Señor en el Evangelio de hoy (Juan 8,21-30):

Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”

Todos los exegetas y comentaristas bíblicos están de acuerdo en explicar que el Señor con esta frase se estaba refiriendo de forma explícita a su crucifixión "cuando levantéis al Hijo del hombre", ¡cuando la Cruz se yerga sobre el mundo!, en mi parroquia de joven había un imponente crucifijo en una capilla lateral, siempre le llamábamos "el Cristo de VICTOR DE LOS RÍOS" (nombre de su escultor), es moderno, del Siglo XX, aunque un párroco que hubo después comenzó a llamarle "Cristo de la Misericordia", no sé si por querencia suya personal o porque había investigado y se había enterado del nombre. Era tan imponente que impresiona, ya en su capilla lateral, que ahora comparte con la urna que contiene los restos mortales del ya beato linarense, LOLO (Manuel Lozano), periodista y escritor,de la Acción Católica, confinado desde joven en su silla de ruedas, y que además fue perdiendo la vista también con el paso del tiempo, a modo de curiosidad diremos que un célebre sacerdote, también escritor, de la época, JOSÉ LUIS MARTIN DESCALZO le visitó en su casa, y en la pantalla de la lámpara de la mesilla de noche, dejó escrito, con rotulador, de su puño y letra "LOLO, Sacramento de Dolor" ¡Qué mejor destino que compartir espacio físico, por toda la eternidad, con la Cruz de Cristo!.

El caso, es que, el mismo párroco,decidió que ese Crucificado tan imponente debía de ser el que se usara para la adoración de la Cruz del Viernes Santo, debía ser traído entre seis hombres, desde el fondo de la Iglesia, y lo mismo para alzarlo, uno de ellos en una ocasión fue mi padre (otra curiosidad, sin más) y luego quedaba, sobre un impresionante trípode de hierro forja que encargó el párroco para sostenerlo de pie, justo delante del pasillo central, frente a los cuatro peldaños del presbiterio, donde no cabía, para la adoración, en ese momento, imposible no recordar de nuevo las palabras del Señor:

Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”

San FRANCISCO de ASÍS era un gran devoto de la Pasión del Señor, el primer santo de la historia de la Iglesia con los estigmas... un "alter Christus", un auténtico "otro Cristo" en la tierra, ¡en efecto, desnudad a Cristo y a FRANCISCO y no hallaréis la diferencia!, un cuerpo delgado, fibrado por las caminatas y el esfuerzo, pero delgado y maltratado, excesivamente pálido, con las mismas heridas... Habremos de fijarnos, para enteder esto, en otro santo estigmatizado mas cercano, por lo tanto, más documentado a nuestra época, el PADRE PÍO DE PIETRELCINA, para entender este don de las llagas, quien solía decir "sufro mucho y cada día quiero sufrir más por Jesucristo y por los hombres", y en una ocasión que alguien le llamó bendito por sus llagas, le espetó "¡No son un premio, son un castigo, debo ser muy pecador para sufrir tanto!".


Y porque somos pecadores debemos, una y otra vez, en esta Cuaresma, "una vez alzado el Hijo del hombre" en la Cruz, dar cumplimiento a esa otra profecía, del profeta ZACARÍAS (12,10) y recordada después por el evangelista JUAN (19,37) "mirarán al que traspasaron", por eso, en lo que nos resta de Cuaresma, y en adelante también, podríamos hacer nuestra esa costumbre de, hablando de él, San FRANCISCO de ASÍS, que enseñaba a sus frailes que él mismo, y querría que ellos lo hicieran, al encontrarse con una Cruz, siempre por el camino, en las Iglesias, en la calle, la saludaran siempre de esta manera, tradición que es una de las más ciertas, pues aparece recogida en todas las biografías de FRANCISCO recogidas en las llamadas "fuentes franciscanas", y el propio FRANCISCO la menciona en el primer párrafo de su testamento:




Te adoramos, 
Señor Jesucristo, 
también en todas 
tus iglesias 
que hay 
en el mundo entero, 
y te bendecimos, 
porque por tu santa cruz 
redimiste al mundo.