miércoles, 19 de abril de 2017

¡COMER PARA SENTIRSE VIVO!

Nos narra el Evangelio de hoy (Lucas 24,35-48) que el Señor, ante la incredulidad y la alegría de los discípulos, para demostrarles que “no era un fantasma” hizo algo que nos parece extraño “pedir de comer”… Sin embargo no es algo extraño, me acuerdo –precisamente- de una anécdota que me sucedió siendo niño, tendría yo unos ocho años:

Mi padre (el encargado de poner el Belén en mi casa) lo dejó todo preparado ese año, antes de irse a trabajar, a excepción de la instalación eléctrica, que estaba montada pero faltaba poner el enchufe, sólo había dos cable pelados y nos dijo que no lo tocáramos… Mi madre se fue con mis hermanos pequeños a la calle, y ya sabéis lo que pasa, dile a un niño que no haga algo… ¡y basta para que lo haga!, en efecto, yo me dije “¡total, sólo hay que meter cada cable pelado en un agujero del enchufe!” tal era mi impaciencia en comprobar el efecto del Belén en funcionamiento… Así lo hice ¡y menudo calambrazo me metió aquello!, sin embargo, después de la sorpresa inicial (y creo que de ver una casa del belén humeando por la ventana) mi primer instinto fue ir a la cocina y comerme un trozo de pan… ¡Cómo suena! Era como si comprobando que era capaz de comer, instintivamente creía que el resto de mí no habría sufrido percance alguno, o sea, tanto como decir que seguía vivo.

En el Libro de Tobías, en el mismo sentido, cuando el arcángel RAFAEL desvela su identidad dice: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio de Dios y tienen acceso ante el Señor de la gloria (…) Aunque me veíais comer, no comía; era pura apariencia” (Tobías 12,16.19) porque, precisamente, los seres espirituales no tienen necesidad de comer, por eso el Señor afirma tajante “¡No soy un fantasma, dadme de comer!”, lo mismo que en las demás apariciones siempre hay comida de por medio (la cena de Emaús, el pez asado junto al mar de Galilea, etc, etc…), porque sólo así se demuestra que el Señor, está vivo de verdad, no es una visión, ni un fantasma… (en un pretendido Evangelio 2.0 diríamos que tampoco era “un holograma”).

Decimos, creemos, afirmamos con la fe, que “el Señor ha resucitado, primicia de toda la humanidad”, quizás, para aquellos menos dados a creer sin ver, como yo a los ocho años, tras electrocutarme, aún nos dejó el Señor otro golpe de efecto, si necesitabas pruebas “¡Cómeme, siente que te alimentas de mí! ¿No es esa la prueba de tu misma vida? ¿No soy yo quién te la ofrece? ¿Qué dudas, no temes?” Quizás -con este matiz- no veamos la Eucaristía, ese gran misterio de la vida real de Cristo, alimento real, nutriente real, nuestra vida real de una forma tan “espiritualista”… sino, pensando que uno necesita comer para sentirse vivo, quizás entendamos mejor la necesidad, por ejemplo, de los divorciados vueltos a casar de comulgar realmente, no de forma espiritual como sugieren los inmisericordes, porque se quiera o no, uno necesita comer, mascar, tragar, para saber que se está vivo, en este caso, vivo en la Iglesia, no ser un fantasma, ni un alma en pena...