domingo, 2 de abril de 2017

CHIQUITO DE LA BETANIA


Todos tenemos amigos, o en palabras de mi abuelo: “Un amigo es un hermano que te da la sociedad”, aquellas personas que se hacen tan íntimas de nuestra propia vida y a las que queremos, efectivamente, como si de hermanos nuestros se tratase, y que al no estar ligados por lazos de sangre, no nos une a ellos más compromiso que la mera gratuidad, el compartir la vida, dicho en plata, la amistad… Y el Señor, mención aparte de los discípulos, evidentemente tuvo también esta intimidad con las más diversas personas, es decir, tuvo amigos, y el Evangelio nos ha dejado el testimonio de una familia, tres hermanos, MARTA, MARÍA y LÁZARO, con los que el Señor tenía especial amistad y en cuya casa gustaba descansar y charlar con ellos, en medio de sus idas y venidas.


Enclavada en BETANIA, la iglesia, en cuyo subsuelo se conserva la casa-cueva (recordad que las casas por aquella época tenían mucha semejanza a las cuevas, por ejemplo, hoy en día, del ALBAICÍN granadino, o de GUADIX, es decir, con algunas estancias construidas el exterior y otras excavadas en la roca) de los mejores amigos del Señor, tiene las mismas notas de sencillez y buen gusto que caracteriza a todos los lugares protegidos y gestionados directamente por los franciscanos.

Hay que señalar que, de todas las casas-cueva o grutas visitadas, sobre las que se alzan las iglesias correspondientes (llamadas por eso “Domus Ecclesia” o casas-iglesia), a excepción hecha de la casa de la Virgen MARÍA, en NAZARET, ha sido una de las que más me gustó, por lo bien conservada que se encuentra. En un entorno ajardinado se alza la iglesia y el convento franciscano, en cuyo exterior se pueden apreciar algunos elementos de la edificación antigua, como por ejemplo algunas arcadas del patio de la casa al aire libre.

Ya, en el interior, bajo el subsuelo de la Iglesia, destacan las estancias del lagar, o bodega, en el que destaca el molino, lo que es lógico si pensamos que al ser interior, y excavada en la roca, sería un lugar fresco y oscuro para conservar el vino, el aceite, el grano. También destaca, lo que podríamos llamar salón, o estancia principal, que es lógico que estuviese dentro del área fresca y protegida de la casa, y que actualmente es una pequeña capilla inferior de acento marcadamente franciscano.

Con todo, también los amigos de Jesús tuvieron que enfrentar ese momento de duda, ese punto de inflexión que hace tambalearse toda relación humana, y aún la desconfianza en el mismo Señor, que no nos atiende cuando más necesario se nos hace… Así, en el Evangelio de hoy (Juan 11,1-45) LÁZARO enferma y sus hermanas mandan decírselo al Señor "Señor, el que tú amas, está enfermo", ellas tienen la esperanza de que, si ha sanado a otros, con más razón lo hará con su hermano, al que tanto quiere, sin embargo el Señor retrasa la llegada y LÁZARO muere… Cuando por fin, el Señor aparece en BETANIA, es lógico y comprensivo el reproche de MARTA y MARÍA: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Hay que decir que con su actitud el Señor no fue en nada indolente, de hecho el Evangelio de JUAN nos muestra que, ciertamente, el Señor lloró, conmovido por las lágrimas de las hermanas de LÁZARO muerto y de todos los presentes… era su amigo y le amaba, y la muerte es el dolor mas grande… hasta los presentes se dijeron “Mirad, cómo le amaba” (Jn 11, 36) y, finalmente, Jesús obró el milagro y LÁZARO resucitó.

Hay unas palabras bellisimas de San JUAN DAMASCENO comentando esta misma escena:


Siendo Dios verdadero, Señor, Tú conocías el sueño de Lázaro y lo anunciabas a los discípulos.... Viviendo en la carne, Tú que no tienes límites, vienes a Betania. Hombre verdadero, rompes a llorar por Lázaro. Dios verdadero, por tu voluntad resucitas al que llevaba cuatro días enterrado. Ten piedad de mí, Señor, ya que muchas son mis transgresiones. ¡Desde el abismo clamo a ti, sácame de él! ¡A ti grito, escúchame, Dios de mi salvación! 


Llorando por tu amigo, en tu compasión has enjugado las lágrimas de Marta, y por tu pasión voluntariamente aceptada, has enjugado las lágrimas de tu pueblo. (Is 25,8) “Dios de nuestros padres, te bendecimos.” (Esd 7,27) Guardián de la vida, tú llamas a un muerte como si se tratase de uno que duerme. Por una palabra has rasgado las entrañas del infierno y has resucitado a aquel que se puso a cantar: “¡Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres!” Yo, ahogado por los lazos de mis pecados ¡levántame y te cantaré: “Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres!” ... 

Movida por la gratitud, María te trae un frasco de mirra como una deuda para con su hermano (Jn 12,3) y te canta por todos los siglos. Como mortal, tú invocas al Padre; como Dios despiertas a Lázaro. Por esto te cantamos, oh Cristo, por los siglos de los siglos... Tú resucitas a Lázaro, un muerto de cuatro días. Tú lo haces surgir de la tumba, convirtiéndole en testimonio verídico de tu resurrección al tercer día. Tú caminas, lloras, hablas, Salvador mío, mostrando tu naturaleza humana. Pero resucitando a Lázaro revelas tu naturaleza divina. De manera inefable, Señor, Salvador mío, según tus dos naturalezas, has realizado mi salvación.

Curiosamente, la resurrección de LÁZARO, aparte de otras disquisiciones teológicas, suscitó un interesante debate, una noche, estando todos los peregrinos en la terraza del hotel, tomándonos una cerveza, mucho antes de visitar BETANIA,  acerca de cómo pudo salir de la tumba, haciendo caso al mandato del Señor de “¡Lázaro, sal fuera!”, teniendo en cuenta la costumbre judía de amortajar a los muertos, envueltos en una sábana, de arriba abajo, con manos y pies atados, que uno se imagina al pobre LÁZARO, saliendo de la tumba, dando saltitos, diciendo “Señor, no puedo, no puedo, no puedo…” -en plan CHIQUITO DE LA CALZADA.


Y claro, días después de aquella conversación, ya en BETANIA, cuando el fraile franciscano que era nuestro guía nos invitó a contemplar, en la Iglesia el fresco referente al milagro, fue alzar la cabeza y todos los peregrinos estallamos en risas -¡algo que nuestro guía no se explicaba! (claro que él no estuvo en las cervezas y no sabía de qué venía aquello)-