sábado, 22 de abril de 2017

ANUNCIAD EL EVANGELIO A LA CREACIÓN ENTERA

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»

El Evangelio de hoy (Marcos 16,9-15) parece una especie de "Informe Semanal" de todas las apariciones del resucitado que hemos ido viendo a lo largo de esta octava de Pascua, y concluye el Señor resucitado dando a sus discípulos lo que se denomina el mandato misionero "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación".

"A toda la creación...dice, curiosamente hoy, además que se celebra el DÍA MUNDIAL DE LA MADRE TIERRA por la ONU, los destinatarios de la misión además de los hombres, también alcanza el cosmos. El Papa FRANCISCO no puede evitar citar la relación de todo lo creado de San FRANCISCO de ASÍS en su encíclica LAUDATO SI cuando afirma:

Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores «invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón». Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, «lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas».

(Laudato Si, nº 11)


El mismo san FRANCISCO de ASÍS lo demostró en GUBBIO, donde por la zona había un lobo muy grande y feroz, que no sólo devoraba animales sino también a los hombres, por lo que todos estaban atemorizados. Entonces el santo, poniendo toda su confianza en Dios, fue en busca del lobo y le dijo: «Ven aquí, hermano lobo; te mando de parte de Cristo que no hagas daño ni a mí ni a nadie». De inmediato el lobo se comportó dócil como un cordero, y san Francisco se lo llevó a la ciudad, cuyos habitantes se encargaron de alimentarlo, el animal no volvió nunca a sus fieras cacerías sino que vivió con el santo y, dos años más tarde, murió de viejo.

Por su parte el beato SEBASTIÁN de APARICIO, como era el limosnero de su convento, viajaba en su carreta tirada por bueyes, distribuyendo limosnas por todos lados, incluso a los animales. Cuentan sus biógrafos que los mismos jóvenes estudiantes franciscanos se entretenían llevándole forraje a fray SEBASTIÁN para que lo distribuyera entre el ganado, y que todos los bueyes, por turno, iban recibiendo el alimento de su mano, sin tratar de arrebatárselo entre sí, y que obedecían a la voz del beato. Aun cuando ya era muy anciano (falleció a los noventa y ocho años) nunca tuvo dificultad para controlar a los bueyes: los llamaba para uncirlos al carro, y ellos venían sin resistencia. En sus largos viajes, por las noches los dejaba en libertad mientras él oraba y luego se echaba a descansar debajo de la carreta, pero ya antes les advertía que no entraran en los sembrados ni pelearan, y obedecían. En la mañana siempre estaban de vuelta a tiempo para empezar el trabajo. Cuando le hacía falta algún buey a fin de acarrear piedras, lo pedía prestado. A veces sus dueños le advertían de la bravura de alguno de estos animales, pero fray SEBASTIÁN simplemente se quitaba su cordón franciscano de la cintura, se lo ponía en el cuello al buey, y automáticamente éste se comportaba dócil y obediente.


Le sucedió a otro franciscano, san ANTONIO de PADUA, que estaba predicando pero los oyentes se burlaron y lo rechazaron. Entonces fray ANTONIO se fue al río considerando que valía más la pena predicar a los peces que a los hombres de corazón duro. En la orilla comenzó a predicar con gran fervor, y los peces se acercaron y amontonaron cerca del predicador, sacando fuera del agua la parte superior de sus cuerpos, mirando atentamente al santo, y no se marcharon sino hasta que terminó la predicación y san Antonio los bendijo.


A raíz de la renuncia de BENEDICTO XVI, con ocasión de su traslado al convento vaticano que es ahora su residencia, se supieron muchas curiosidades, como que tenía dos gatos, CHICO y su favorita CONTESSINA, que él mismo había adoptado de las calles; cuando era cardenal sus vecinos dicen que pasaba ratos sacando comida a los gatos callejeros de ROMA, y que cuando iba al VATICANO a trabajar, muchos le seguían, hasta que casi a las puertas, los Guardias Suizos de veían obligados a espantarlos para que no le siguieran más adentro. Se dice, no sé si verdad o no, que en su Cónclave de elección a un compañero cardenal le dijo "A ver si esto termina pronto, y me aceptan la renuncia, sólo quiero jubilarme y a ver si me da tiempo a uno de mis deseos, más tontos, pero por eso más queridos: Escribir un libro de gatos".



Cuando visitamos TIERRA SANTA vimos muchos animales, especialmente gatos, sobretodo en JERUSALEN en el casco antiguo, callejeros, así como algún perro aisladamente (los musulmanes no admiten los perros, salvo para labores de pastoreo, y los judíos ortodoxos consideran tener perro algo propio de la decadencia de nuestros valores) ¡El primer perrito callejero lo vimos en BELÉN!, así como muchos pájaros, especialmente una especie de cuervos muy feos que sólo habitan, curiosamente, en la explanada de las Mezquitas... El caso es que cuando nuestro guía franciscano nos estaba explicando en la capilla, de lo que se supone fuera el salón, arqueológicamente hablando, la casa de LÁZARO, MARTA y MARÍA en BETANIA, todos los peregrinos nos sonreíamos porque en la sede había un gato medio durmiendo la siesta... El fraile, al darse cuenta de nuestras risitas y descubrir al gato dijo "¡Está aquí el bribón...! ¿Alguien quiere un gato? Porque este cabezón siempre hace lo que le da la gana...!"

Unas religiosas, Franciscanas Misioneras de la Expiación, en ESTADOS UNIDOS se quedaron sin perro, y adoptaron un HUSKY negro, imponente, que pronto empezó a hacer "cosas" que a las religiosas les sorprendían "No nos deja entrar en nuestras celdas si primero no entra él y las comprueba; cuando hay mucha gente en el convento y el aparcamiento se llena, se dedica a caminar entre los coches como verificando el terreno" y añade "está aquí por cariño, compañía y protección, no tiene límites especiales, incluso se diría que en ese afán de pasar revista (debió de ser perro del ejército o de la policía antes de estar en la perrera, o no se explica), cada tarde ya nos está esperando en la capilla antes de llegar nosotras para el rezo".

Nosotros también tenemos perros, y tampoco han tenido nunca ninguna restricción, siempre decimos, medio en broma, medio en serio "que si tenemos perros es por la Providencia de Dios, porque si nosotros cuidamos del perro, Dios de la misma manera ha de cuidar por nosotros".



Para ellos, que hacen en todo la vida con nosotros y a los que ciertamente sólo les falta hablar a veces, toda la casa y actividades de la misma están a u disposición, como aquella vez, celebrando el perdón de Asís, el día 2 de Agosto, en que como gesto penitencial el sacerdote bendijo un cuenco de agua bendita (el agua de nuestro bautismo, que nos lava y purifica de nuestros pecados, ya que se trataba de un momento penitencial), y al ofrecerla luego en el ofertorio, se quedó a los pies del altar, y en esto aparece el perro en la capilla, se acerca... ¡y se la bebió toda! ¡se quedó tan pancho el colega...! 


La perrita es más de entrar y quedarse embelesada mirando cualquier cosa, pero nunca molestan, se ladran entre sí o interrumpen cuando entran en la capilla, y eso que son muy nerviosos y están siempre ladrando o chinchándose entre ellos... Además el perro, cuando alguna vez cantamos en lenguas, no es que aulle, es que se pone a acompañarnos haciendo tonalidades, que muchas veces, será porque lo hace mejor, o nos pica la risa, o nos callamos dejándole a él....