viernes, 3 de marzo de 2017

VIERNES POST CENIZA


Decía el Miércoles de Ceniza el Papa FRANCISCO en su homilía:

La cuaresma es el tiempo de decir «no»; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido. Cuaresma es el tiempo de decir no a la asfixia que nace de intimismos excluyentes que quieren llegar a Dios saltándose las llagas de Cristo presentes en las llagas de sus hermanos: esas espiritualidades que reducen la fe a culturas de gueto y exclusión.

¿Pero qué es esto? ¡El Papa dinamitando los tres pilares básicos de la Cuaresma! Limosna, ayuno y oración reducidos al mismo polvo que estábamos a punto de imponernos... ¿O no? Porque el Papa FRANCISCO sólo ha aludido a las motivaciones por las que solemos hacer estas cosas en Cuaresma: Oramos, porque nos tranquiliza la conciencia; damos limosna, para quedar satisfechos, satisfechos en ese sentido autocomplaciente de decirnos interiormente "¡qué bueno soy!"; y finalmente ayunamos para decir que hemos cumplido; es decir que ya hemos hecho lo que se espera de nosotros en Cuaresma, pero lo hacemos por la inercia de la cultura... que además, nos lleva al gueto y a la exclusión.

¿Por qué afirmar que estos gestos cuaresmales, hechos cultural o tradicionalmente nos llevan a la exclusión? Ayer en TWITTER, que es buena herramienta, descubrí la respuesta, en un tuit que decía lo siguiente "@Mj76serna El lenguaje de los signos tiene valor por su significado. Cuando se pregunta por su utilidad es que se desconoce su significado. #Ayuno" ¿Y por qué digo que ella me dio la clave de interpretación? Porque en apenas unos caracteres nos da toda una lección de semiótica, algo que aprendimos, al menos los de mi generación el primer día de clase de lengua en primero de BUP: La relación existente entre el signo y el significado "el signo es la señal concreta que refiere al significado, sin ser él mismo, pero que apunta claramente a su comprensión", ejemplo,:


Todos sabemos que el color amarillo denota peligro o amenaza tóxica de alguna naturaleza (las avispas, las abejas, algunas serpientes, algunas ranas, lagartos...), ningún ser vivo osará comerse o atacar a otro ser que luzca estos colores, bien sea por experiencia propia o por instinto, o conciencia colectiva... las personas hemos adoptado el mismo color para denotar la toxicidad de ciertos productos, especialmente en los envases, y ya no cabe duda si además se dibuja una calavera en él, que refiere directamente a la muerte. Aquí hay una correspondencia absoluta entre el signo (el color amarillo) y el significado (peligro, tóxico), la comunicación es perfecta.

Ahora bien, lo que quería expresar nuestra amiga es que si ayunamos (signo cuaresmal) y sin embargo ello no denota inmediatamente a su significado, pues nos preguntan "¿Y tú por qué ayunas en Cuaresma?" (por ejemplo, si tus compañeros de trabajo e dan cuenta d que ese día, en la sala de descanso, no comes con ellos como siempre, y te dedicas a otra cosa, porque es Miércoles de Ceniza) entonces falla la comunicación, el signo no ha logrado apunta inequivocamente al significado... entonces sí, te convierte en un gueto, te excluye, pasarás a ser "el bicho raro de la oficina que no come hoy

¿Entonces, qué es lo que ha sucedido? ¡Pues que olvidémonos de una vez de la España sociológicamente católica y cristiana! Ésta es una quimera que sólo existe en las encuestas del CIS, o en la mente de los Obispos (¡otros signos que ya no refieren a nada!) que se creen que por el simple hecho de serlo ya tienen una palabra de autoridad entre el común de la gente... Porque, y que se nos meta esto en la cabeza de una vez, somos minoría, ya no imperan en la sociedad los valores del Reino, peor aún, pocos hablan del Señor y su anuncio entre nosotros ¡si hasta los Obispos han renunciado a su sacra misión de anunciar la Palabra de Dios, en las homilías, dedicándose a temas mundanos, que encima les hacen salir escaldados! Y os digo... ¡No, no. y no....! En la Eucaristía quiero la Palabra de Dios, no un discurso sobre la ideología de género, si el Obispo quiere que lo haga en unos ciclos formativos, en una conferencia, en una rueda de prensa, es legítimo que también la Iglesia oriente sobre ello, pero... en la sede de la Palabra de Dios, como pastor de un pueblo que tiene "hambre y sed de la Palabra", insisto... ¡No, no y no...!

Así que si alguien te pregunta "¿Por qué ayunas?" olvídate de explicarle lo que es la Cuaresma, olvídate de decirle que lo haces por solidaridad con el ayuno de Cristo en el desierto, o porque eso te ayuda -por un día- a dedicarte a lo espiritual en vez de a lo material, o que quieres sentir el hambre de todos aquellos que no comen por nuestras injusticias.... 

¡Tampoco...! ¡No, no y no...! 

Porque ante esa pregunta, sólo cabe armarse de valor, irnos al principio del Evangelio de Marcos y responderle a nuestro interlocutor:

Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: "Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas"

Tendrás que convertirte en apóstol, en misionero, en re-evangelizador de esta sociedad nuestra, empezando por quien te pregunta, que ya ha olvidado "la Buena Noticia, el Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios", quizás así comenzarás a ser levadura buena que expanda de nuevo el Evangelio, quizás así, llegará el día en que ya no te pregunten "¿por qué ayunas?" y entonces, la comunicación habrá sido perfecta, el signo, una vez más, tendrá significado.