viernes, 10 de marzo de 2017

VAMOS DICIENDO ¡BUENOS DÍAS!

Compartiendo el Evangelio de ayer (os acordáis, en el que el Señor nos decía que más que "no matar" empezáramos por "no insultar, ni faltar el respeto a nuestros hermanos") en el TWITTER se me ocurrió hacerlo así "precisamente cuanto parece que menos exige el Evangelio, más nos cuesta"... ¡Qué lejos estamos de comprender! Nos gustaría ser santos prodigiosos, cargados de dones y milagros, aspiramos a la santidad más alta, y no somos capaces de algo tan sencillo como "mordernos la lengua" ante nuestros hermanos.

¡Y menos mal que el Señor no es como nosotros! Pues bien dice el Evangelio de hoy (Mateo 5,43-48) que "el Señor hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos" ¡Menos mal! ¿Os figuráis lo contrario? Sucedería como en los dibujos animados, cuando sólo llueve encima del personaje que está triste o enfadado, o habría eclipses de sol selectivos, porque algunos andaríamos siempre en sombras ¡si es por pobres pecadores nadie se salva! Tendría la ventaja que distinguiríamos a los santos fácilmente ¡siempre habría una luz sobre ellos, como las aureolas! Y ahora que caigo, somos tontos hasta para eso, porque a un santo no se le distingue, aunque sea en vida, por la luz que brille sobre él, sino por lo contrario, la luz de Cristo que él mismo irradia en todo lo que hace ¿A qué no somos tan listos para percibir esta bondad, esta santidad cotidiana en quienes nos rodean? ¡Pero que buen olfato tenemos para ir criticando y chismorreando de los que consideramos malos!

Nos dice también hoy el Señor "si saludáis solamente a vuestros  hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario?" Y ya que hablábamos de ser santos... ¿Veis qué fácil? Si un santo es una persona extraordinaria, y saludar a nuestros hermanos nada tiene de extraordinario, el presupuesto lógico se resuelve solo: Nos bastará para ser seres extraordinarios, un pasito a la santidad, el que empecemos desde hoy a saludar con un enérgico, sentido, luminoso y radiante "¡Buenos días!" a todas las personas que nos salgan al paso: Al barrendero, al kioskero del periódico, al camarero que nos pone el café, al segurata de la oficina, a la mujer de la limpieza, a nuestros compañeros de trabajo... Hoy por ser hoy no va a resultar muy testimonial, ahora que lo pienso, porque es Sábado ¡A lo mejor todo el mundo se piensa que esa alegría tuya se debe a que es fin de semana! Quizás debas repetir el compromiso del Evangelio de hoy el lunes... ¡Entonces sí que todos se sorprenderán! Puede que haya alguien que te pregunte que a qué se debe tanta alegría siendo lunes, tú puedes responderle que la fuente de tu alegría es el Señor "estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres" (Filipenses 4,4) ¡Mira, basta un buenos días, alegre y sincero, para dar pie a evangelizar! Claro, siempre que queramos empezar a vivir el Evangelio desde abajo, desde un simple "'¡Buenos días!", porque para aspirar a las cosas de arriba, a la Santidad con mayúsculas, habrá que hacerlo pasito a pasito. 


Y me despido, ya que vamos andando de saludos, con unas palabras del Papa FRANCISCO que una vez compartió que fue una de las cosas que siempre le inculcó su padre: "Vete siempre saludando a todos los que te encuentras en el camino mientras subas, porque son los mismos que encontrarás cuando bajes".