domingo, 12 de marzo de 2017

TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
Y LA CRUZ GLORIOSA

Dice el Evangelio en numerosas ocasiones, de vez en cuando, respecto del Señor "y su fama se extendía cada vez más" (Mateo 4,24; Marcos 6,14; Lucas 4,14), porque si hubiera necesitado un publicista ya es que me figuro el anuncio: 

¡Señora, lave con detergente TABOR, el único detergente recomendado por profetas...!

¡Le dejará la ropa como transfigurada! 

¡Parecerá nueva!

¡Vale, es una exageración de las mías! Pero en el episodio del Evangelio de hoy (Mateo 17,1-9) de la Transfiguración del Señor se dice algo parecido "se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz", e incluso, en el Evangelio de MARCOS se añade la nota sobre la que yo hacía la broma "y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo" (Marcos 9,3).

En la Transfiguración el Señor muestra a sus discípulos un mínimo reflejo de lo que es su divinidad y su filiación divina, la voz del Padre desde la nube dice claramente "éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo", precisamente, esta irradiación de la Gloria de Cristo, en la nube, con su Padre, era precisa para que los discípulos estuvieran dispuestos a aceptar el camino de la Cruz, donde Cristo se encontraría pese, precisamente, "su condición divina" como dice San PABLO: "Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz" (Filipenses 2,6-11), donde se ha de manifestar nuevamente su gloria "elevado sobre todo nombre (...) es el Señor, para Gloria de Dios Padre" (Filipenses 2,9.11).

La Transfiguración del Señor hace aparecer a MOISÉS y ELÍAS conversando con él, como síntesis del cumplimiento en Cristo de todo el Antiguo Testamento, al que los judíos se suelen referir genéricamente como "Moisés y los profetas" (es decir, el Pentateuco y resto de libros del Antiguo Testamento).

La Transfiguración del Señor ayudará a los discípulos a comprender el misterio de la Cruz, la pasión y la muerte del Señor, como reza un antiguo himno de la liturgia bizantina:

Dios Cristo, 
sobre el monte te has transfigurado
y tus discípulos, en la medida en que podían,
han visto tu gloria, a fin de que 
los que te iban a ver crucificado, 
entiendan que tu pasión era voluntaria 
y prediquen al mundo entero 
que tú eres verdaderamente 
el esplendor del Padre.

La Transfiguración del Señor nos ayuda a comprender la Gloria del Señor cuando regrese "entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria" (Mateo 24,30).

Desde el principio, la Cruz misma ha estado asociada a esta glorificación de Cristo, casi todos los Santos Padres han estado de acuerdo en comentar que esta "señal del Hijo del Hombre en el cielo" (Mateo 24,30) habrá de ser la señal de la Cruz; en la representación de Cristo resucitado muchas veces se le pinta con la Cruz a modo de estandarte victorioso, como también lo expresa así un antiguo himno, el "Vexilla Regis" que dice:

Avanzan los estandartes del Rey: 
Fulge el misterio de la Cruz,
por el que la vida venció a la muerte 
y por la muerte se extendió la vida.
Del costado herido 
por el hierro cruel de la lanza,
para lavar nuestras manchas, 
manó agua y sangre.
Cumpliéronse entonces 
los fieles oráculos de David,
cuando dijo a las naciones: 
"Reinará Dios desde el madero"

San JUAN CRISÓSTOMO en su homilía titulada "De Cruce et Latro" (Sobre la Cruz y el Ladrón) aún va más lejos en asociar la Cruz a la Gloria de Cristo resucitado, hasta el punto de hacer a la Cruz ascender al cielo, afirmando: "No permitió el Señor que la Cruz permaneciera en la tierra, sino que la abrazó y ascendió con ella al cielo".

Si la Transfiguración del Señor era un pálido reflejo de la Gloria para ayudar a los discípulos a comprender la Pasión, en este tiempo de Cuaresma, en el que caminamos bajo la sombra de la Cruz en el horizonte, nos debe hacer mirar a la Cruz asociándola a la Gloria de Cristo resucitado, porque ya no es para nosotros motivo de escarnio, o derrota, sino signo de victoria y salvación. Concluimos con el himno "la Cruz Gloriosa del Señor resucitado" contenido en una antigua homilía pascual del Siglo II:


La Cruz Gloriosa del Señor resucitado,
es el árbol de la salvación,
de él yo me nutro,
en él me deleito,
en sus raíces crezco,
en sus ramas yo me extiendo.

Su rocío me da fuerza,
su espíritu, como brisa me fecunda;
a su sombra he puesto yo mi tienda.
En el hambre es la comida,
en la sed es agua viva,
en la desnudez es mi vestido.
Angosto sendero, mi puerta estrecha,
escala de Jacob, lecho de amor,
donde nos ha desposado el Señor.

En el temor es mi defensa,
en el tropiezo me da fuerzas.
En la victoria es la corona,
en la lucha ella es el premio.
Árbol de vida eterna,
misterio del universo,
columna de la tierra,
tu cima toca el cielo
y en tus brazos abiertos
brilla el amor de Dios.