miércoles, 22 de marzo de 2017

NO HE VENIDO A ABOLIR LA LEY


Cualquiera que se aproxime, con un poco de conocimiento, y basta para ello la introducción al Evangelio de Mateo que aparece en cualquier Biblia, sabe que el Evangelio de Mateo está escrito en un momento en el que se verificaba, definitivamente, al ruptura de la sinagoga, es decir, el judaísmo oficial, con la Iglesia, el cristianismo naciente, lo que hace que algunos cristianos conversos provenientes del judaísmo intentaran imponer sus normas a los cristianos procedentes del paganismo, por eso son frecuentes en él las diatribas y constantes reproches que se lanzan, mutuamente Jesucristo con los fariseos y los escribas, a este respecto, por ejemplo, la WIKIPEDIA manifiesta de forma lacónica "los destinatarios del Evangelio de Mateo fueron principalmente las comunidades judeo-cristianas, como lo muestra la profusa utilización de extractos del Antiguo Testamento para presentar a Jesús como el Mesías". Quizás por ello se le considera el evangelio más judaizante desde el punto de vista lingüístico, pues aunque escrito en griego contiene gran cantidad de expresiones hebreas, volcadas literalmente al griego.

Por eso, atendiendo a lo anterior, pareciera que en esta pugna con el judaísmo no se entienden muy bien las palabras del Señor en el Evangelio de hoy (Mateo 5,17-19), que por su brevedad podemos transcribir íntegramente:

«No penséis que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os aseguro que no desaparecerá ni una "i" ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.» 

Quizás se entienden mejor desde el siguiente comentario de San CIRILO DE ALEJANDRÍA que para enfrentar este texto no puede sino recurrir a otro autor que se las tuvo que ver con la fuerza de las reminiscencias judías en la Iglesia naciente, sobretodo en lo referente a la ley como es San PABLO, de esta manera nos dice: 

"Hemos visto a Cristo obedecer las leyes de Moisés, es decir que Dios, el legislador, se sometía, como un hombre, a sus propias leyes. Es lo que nos enseña San Pablo: «Cuando los tiempos fueron cumplidos, Dios envió a su Hijo; nacido de una mujer, estuvo sujeto a le Ley judía, para rescatar a los que estaban sujetos a la ley» (Gálatas 4,4-5). Por lo tanto, Cristo rescató de la maldición de la Ley a los que estaban sujetos a ella, pero que no la observaban. ¿De qué manera los rescató? Cumpliendo la Ley; de otra manera, con el fin de borrar la transgresión de la que Adán se hizo culpable, se mostró obediente y dócil en nuestro lugar, hacia Dios Padre. Porque está escrito: «Así como todos han llegado a ser pecadores porque un sólo hombre desobedeció, de la misma forma todos llegarán justos porque un solo hombre obedeció» (Romanos 5,18). Con nosotros inclinó la cabeza delante de la Ley, y lo hizo según el plan divino de la Encarnación. En efecto, «Debía cumplir perfectamente lo que es justo» (cfr Mateo 3,15)."

Quiero llamar la atención sobre las siguientes palabras de San CIRILO DE ALEJANDRÍA en el comentario anterior, cuando dice: "Cristo rescató de la maldición de la Ley a los que estaban sujetos a ella, pero que no la observaban", lo que me recuerda que existen varias citas de los Santos Padres en las que hacen referencia a la existencia de un pretendido Evangelio judaizante de Mateo que estaría escrito directamente en hebreo (anterior al canónico oficial que nosotros conocemos en griego) y que se llama judaizante porque minimizaba todas las referencias negativas a los judeo-cristianos del Evangelio de Mateo oficial, así, por ejemplo, en este punto dicho evangelio añadiría:

Το δε ειπειν αυτον Ουκ ηλθον καταλυσαι τον νομον, και φαινεσθαι αυτον καταλυοντα, σημαινοντος ην οτι α κατελυσεν ουκ ην του νομου. 

Aunque cuando el Señor dijo “No he venido a abolir la Ley”, ciertamente, por las cosas que hacía, no pareciera que aboliera la Ley, sino que abolía otras cosas diferentes.

(Pseudo-Clemente, Homilías, III.51,12)

Os daréis inmediata cuenta de cómo para defender la ley judía esta versión no tiene empacho en decir que, "aparentemente" pareciera que el Señor decía unas cosas y luego hiciera otras distintas, que es precisamente lo que San CIRILO DE ALEJANDRÍA recrimina "sujetos a la ley, pero no la observaban"... y ahora bien que podríamos aplicarnos nosotros el cuento... Suponiendo que nuestra nueva ley fuera el Evangelio ¿será posible, igualmente que alguien diga de nosotros, como San CIRILO DE ALEJANDRÍA que "estamos unidos al Evangelio, pero que no lo observamos", o peor aún, como los judaizantes echarnos en cara que "pareciera que dijeran que siguen el Evangelio, aunque por lo que hacen parece que siguen otras cosas"?

Y esta es la enseñanza del Evangelio de hoy, que no se trata tanto de sumisiones a las leyes, los mandamientos, las reglas o los preceptos, sino de vivir conforme a ellos, ser coherentes, porque de la sumisión del corazón en el fuero interno es que brota len coherencia nuestro quehacer en el fuero externo, la sabiduría popular, condensada en el refranero, dice que cuando somos incoherentes es el peor ejemplo que podemos dar "haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga"... 

...quizás por ello San FRANCISCO decía frecuentemente a sus frailecillos y hermanos: "Predicad el Evangelio, y si es preciso, con palabras"