domingo, 5 de marzo de 2017

NO DEJARSE ENREDAR....
¡YA SEA ORANDO O BROMEANDO!

Seguimos avanzando en este camino cuaresmal y el Evangelio de hoy (Mateo 4,1-11) nos muestra el principal escollo que habremos de encontrarnos en el camino, la tentación, que ya sabemos de donde procede, del demonio, como ese personaje que en casi todos los cuentos infantiles se encuentra al borde del camino pretendiendo que los protagonistas no lleguen a su destino: Lo hizo el lobo con caperucita para que no llegara a casa de su abuelita; lo hicieron los ladronzuelos para que PINOCHO no se acordara de GEPETTO; lo hizo la bruja para despistar a HANSEL y GRETEL...y no es que yo esté comparando el Evangelio con cuentos infantiles ¡Dios me libre! pero en todos estos arquetipos los protagonistas empezaron a enredarse con los malos ¡precisamente por entablar conversación con ellos!: Caperucita porque empezó a darle explicaciones al lobo sobre el contenido de la cestita; PINOCHO sobre los motivos de su fuga de casa; HANSEL y GRETEL acerca de que estaban perdidos y el hambre que tenían... ¡Y eso es lo que no se debe de hacer con quién preteda apartarnos del camino! ¡Nunca se dialoga con el malo! Y esta es precisamente la enseñanza del Evangelio de hoy.

Nos lo dice también el Papa FRANCISCO comentando el Evangelio de hoy: "Jesús nos enseña cómo: no dialogar nunca con el diablo. Con el diablo no se dialoga. ¿Qué hizo Jesús con el diablo? Lo alejaba. De hecho, incluso en el desierto, Jesús “nunca utilizó su propia palabra, porque era muy consciente del peligro. En las tres respuestas que da al diablo se defiende con la Palabra de Dios, no con la suya propia" ¿Acaso no fue eso mismo lo que le pasó a Adán y Eva, que entablaron conversación con la serpiente y terminaron quedándose enredados con ella? 

Y es que, no lo olvidemos, no nos dejemos enredar.... son muchas las formas de referirse al demonio en la Biblia, y todas tienen que ver con su carácter tergiversador "disfrazado como ángel de luz" (2 Corintios 11,14), "insidioso" (Efesios 6,11), "la serpiente antigua que engaña al mundo entero" (Apocalipsis 12,9), "mentiroso con todo engaño de iniquidad" (2 Tesalonicenses 2,2-9), "que no tome ventaja con sus ardides" (2 Corintios 2,10-11)... Yo no suelo ser mucho de pensar en el demonio, no porque no crea en él, pero tampoco hace falta estar trayéndolo a colación cada dos por tres, porque como la principal de sus características es el orgullo, soy de la opinión que por el simple hecho de mencionarlo (y ya me está dando grima este post precisamente por ello) ya le estamos haciendo el juego... 

Y a este respecto, me despido con dos anécdotas de los santos, hombres de carne y hueso como nosotros, que entendieron bien lo de no dejarse enredar, no con la puerilidad de los personajes de los cuentos infantiles, ni con la impronta de ser el mismo Señor, pero que nos demuestran que, para todos, es posible evitar la tentación ¡y no caer en los enredos!

San FELIPE NERI, en una ocasión, y con cierta fama de ser muy bueno y querido en los arrabales de ROMA, venerado por sus niños, sus vecinos, la gente sencilla... en una ocasión, agotado de sus maratonianas jornadas predicando, atendiendo a los pobres, confesando... se dirige a su cuarto y se le aparece, en su dormitorio, la virgen MARÍA, que le llama... él inmediatamente le escupe a la cara, y la celestial visión se transmuta en el demonio que le dice: "¿Cómo lo has sabido?" -que se trataba de un engaño- a lo que nuestro buen humorado santo le responde "¡Fácil! ¿A cuento de qué iba la Santa Madre de Dios en molestarse en visitar a un pobre indigno como yo?" Y yo me digo ¡Ay, de cuantas pseudo-apariciones y falsas videntes nos habríamos librado con una humildad y un discernimiento de esta naturaleza!

San JUAN MARÍA VIANNEY, patrón de los sacerdotes, conocidas sus colas interminables de gente para confesar, ocho horas en invierno y a veces hasta doce en verano, con sus tareas pastorales, los enfermos, la catequesis, sin descuidar su propia oración personal, su pobreza, se decía que el domingo cocía siete patatas grandes, por si no le daba tiempo entre la semana, por sus innumerables tareas, y de eso se sustentaba el resto de la semana... El demonio le tentaba muchas veces, intentando herirle en todo lo que podía, le llamaba -por lo anterior- "mi curita come papas", le decía "que su piedad era fingida para hacerse el santo ante los demás"... En una ocasión, se cuenta, iba rezando San JUAN MARÍA VIANNEY el rosario de un sitio a otro (lo hacía en sus caminatas al no tener tiempo para más) y se vio necesitado de ir a la letrina, ocupado como estaba en el rezo del rosario no se dio cuenta del lugar hasta que el demonio vino a decirle "¡Anda, el curita come papas! ¿Y le parecerá digno honrar a su madre en la letrina?" a lo que nuestro curita le respondió "No veo impedimento alguno en ello, pues lo que sale de mi boca honra a la Madre de Dios, lo que sale del culo.... ¡para ti" Y el demonio desapareció en ese punto...

Así que da igual que sea rezando, al sentir la tentación o abrigándonos al amparo de la Palabra de Dios ¡lo importante es ser tajantes, no dejarnos enredar!, y hacedme caso, como hemos visto, casi -por experiencia os lo digo- se le vence antes "al sumo orgulloso" pitorreándonos de él en toda su cara porque ¡su orgullo mismo no lo soporta!