jueves, 9 de marzo de 2017

EL SEÑOR OS DARÁ EL ESPÍRITU SANTO...

Nos habla el Señor hoy (Mateo 7,7-12) de la oración confiada "pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!", esta misma perícopa del Evangelio, en LUCAS, nos dice algo más:

"¡Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!" 

(Lucas 11,13)

Justo me acuerdo ¡no puede ser de otro modo! porque como carismáticos nos encontramos celebrando el JUBILEO DE ORO, 50 Aniversario, de la Renovación Carismática Católica, por eso, puedo decir, junto con el Evangelio, que haber conocido la Renovación Carismática Católica ha supuesto para mí, en verdad, convertirme en ese hombre que como un mercader "andaba buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra" (Mateo 13,45-46) Pues yo os digo que he encontrado la perla preciosa en la Renovación Carismática Católica, y no he tenido que mercadear muy lejos ¡porque estaba dentro de mí! por el don y la gracia de mi bautismo, es verdad, frágil y en recipiente de barro (2 Corintios 4,7), pero por el que tengo que dar gracias en todo tiempo al Señor porque me ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu en mí y por la fe (Cfr. 2 Tesalonicenses 2,13).

Aunque aquí voy a disentir del mercader de perlas, no voy a comprar el campo para guardarme mi tesoro, no quiero ser, como aquel matrimonio de las primeras comunidades cristianas, mentir al Espíritu Santo y quedarme con parte, al contrario, quiero que no defraudéis el don del Espíritu Santo en vosotros... ¡Pedidlo, pedidlo, pedidlo insistentemente en oración, y el Señor os lo concederá! 

Yo he recibido la efusión del Espíritu Santo, es verdad, os recuerdo que "no es nada nuevo", el Espíritu Santo lo recibimos en el Bautismo, y en la Confirmación -que tampoco añade nuevo- pues según su definición "por este Sacramento el confirmado es fortalecido con los dones del Espíritu Santo, completándose la obra del bautismo", por la efusión del Espíritu Santo no se pretende sino decir "¡Ven, Espíritu Santo, haz tu morada en mí, engaláname con tus dones y carismas, y ponlos al servicio de la Iglesia y de los hermanos!" Lo demás es vivir con una fe tal como la que se narra en los Hechos de los Apóstoles, en alabanza, incluso cuando la alegría es tal que no se puede ni expresar con palabras humanas, esa inefabilidad del amor inexpresable (ese es el don de lenguas), en disponibilidad de bienes, en oración continua, en intercesión, con una cercanía íntima del Espíritu Santo, con discernimiento para descubrir el plan de Dios en nuestra vida, vivir conforme una vida en el espíritu con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de uno mismo (Gálatas 5,22-23).

Yo, por ejemplo, es verdad, si es que tengo un carisma, no lo digo yo, lo dicen mis hermanos de la Renovación Carismática Católica, pues es la comunidad la que ayuda a discernir en qué el Espíritu Santo construye la comunidad y ayuda a la Iglesia, tengo un gran amor por la Palabra de Dios, soy un enamorado de la Cruz, de donde quizás brota cierto don para la intercesión (esto tiene truco, ya lo descubrí de niño, mucho tiempo antes de conocer la propia Renovación Carismática Católica ¡el Señor sólo escucha mi oración con la sola condición de que no sea por mí o mis necesidades!), y no tengo reparo en orar o cantar en lenguas, será  que mi facilidad para los idiomas y mi ser niño me da cierta facilidad para empezar a chapurrear cualquier cosa sin sentido... pero tengo una pena, es verdad, paradójicamente aquello que más define a la Renovación Carismática Católica ¡Me cuesta mucho alabar, no termino nunca de arrancarme, ni de alzar los brazos! 



Pero como ha dicho el Señor:

"¡Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!" 

(Lucas 11,13)

Es por lo que me he propuesto orar, hasta Pentecostés, desde que empezó la Cuaresma, todos estos días, para que el Espíritu Santo me conceda el don de la alabanza, lo hago con una oración que he compuesto "cosiendo varios salmos":

De día, Señor, te invoco y no hayo respuesta,
de noche tampoco permanezco en silencio,
¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?
En tus manos encomiendo mi espíritu,
Señor Jesús, te entrego mi espíritu,
concédeme un Espíritu renovado y fiel,
que en el día del Señor descienda sobre mí
el poder de tu Espíritu,
tú, Señor, que eres santo,
y habitas en las alabanzas de tu pueblo
¡Así mi boca se abrirá, 
y prorrumpirá en tus alabanzas!

Y para terminar de invitaros a la oración, os comparto el "secreto de la santidad" del Cardenal MERCIER (1851 - 1926):

Yo voy a revelarte un secreto de santidad y de felicidad, si todos los días durante cinco minutos, tú aprendes a hacer callar tu imaginación, a cerrar los ojos a las cosas sensibles y tus oídos a todos los ruidos del mundo, para entrar en tí mismo, y allí en el santuario de tu alma bautizada que es el templo del Espíritu Santo, hablar al espíritu divino diciéndole:

Oh Espíritu Santo, 
alma de mi alma, 
yo te adoro: 
Ilumináme, guiáme, 
fortaléceme, consuélame, 
indícame lo que debo hacer, 
dame tus órdenes, 
yo te prometo que me voy a someter 
a todo lo que deseas de mí, 
y que voy a aceptar todo 
lo que tu permitas que venga a mí. 
Haz solamente 
que conozca tu voluntad. 
Amén.

Si tu haces esto tu vida se desarrollará feliz, serena y llena de consuelo, aún en medio de las penas, porque la gracia será proporcionada a las pruebas y te dará fuerzas para soportarlas, y llegarás a las puertas del Paraíso cargado de méritos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la santidad.