domingo, 26 de marzo de 2017

DOMINGO LAETARE
¡ALÉGRATE, JERUSALÉN!
¡ALÉGRATE, HIJA DE SIÓN!


Hoy es el Domingo IV de Cuaresma, llamado "Domingo Laetare", por las palabras con que comenzaba en el "introito" la Eucaristía de hoy, que dice:


Lætare, Jerusalem: et conventum facite omnes qui diligitis eam: gaudete cum lætitia, qui in tristitia fuistis: ut exultetis, et satiemini ab uberibus consolationis vestræ. Lætatus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Domini ibimus.

Regocíjate, Jerusalén, vosotros, los que la amáis, sea ella vuestra gloria. Llenaos con ella de alegría, los que con ella hicisteis duelo, para mamar sus consolaciones; para mamar en delicia a los pechos de su gloria. ¡Qué alegría tan grande la que tuve cuando oí que dijeron: ¡Andando ya, a la casa del Señor!

¡Qué bellas palabras para lo que celebramos ayer! Ya que hoy se relaja, por esta alegría, la severidad cuaresmal, pues se permiten los cantos, y el ornato con flores, que han brillado por su ausencia durante la Cuaresma, casi conviene el día de hoy, pues "todos los santos tienen octava", para seguir evocando la celebración de ayer, la Encarnación de Cristo, la Anunciación de MARÍA, pues en efecto ayer cantamos con júbilo:


¡Hija de Sión, alégrate!
Porque el SEÑOR ESTÁ EN TI, salvador y rey.

Álzate y resplandece porque viene tu luz,
sobre ti se alza la Gloria del Señor.
Mientras las tinieblas se extienden por la tierra
y yacen los pueblos en densa oscuridad.

Hacia tu luz caminan las naciones
y los reyes al fulgor de tu aurora,
alza los ojos y mira en torno tuyo,
todos tus hijos vienen a Ti.

Verás todo esto radiante de gozo,
te llenarás de emoción,
porque te llegan las vivezas de las gentes
y vienen a Ti los tesoros del mar.

Ya no será el sol tu luz en el día,
ni te alumbrará la claridad de la luna
porque el Señor será tu luz eterna
y tu belleza será tu Dios.

Qué mejor día, que el de hoy, para mirando a MARÍA, mamar sus consolaciones, para mamar en delicia a los pechos de su gloria, como nos invita la liturgia, para sentirnos alegres y dichosos, pues ayer, en efecto podemos decir que "estamos andando ya a la casa del Señor", más aún, lo mismo que en los tiempos del Arca de la Alianza... ¡El Señor mismo ya camina en medio de su pueblo, en el seno de MARÍA!

Ayer fue, ciertamente, un día de regocijo y gozo en esta pobre comunidad, celebrábamos, algo así, como el "titulus" de esta casa, POBRES DE NAZARET, en MARÍA, la pobre de NAZARET, en el misterio de su Anunciación y Encarnación.

Y como dice la primera lectura de hoy (1 Samuel 16,1-13) el Señor nos ha permitido entender que "aún quedan los pequeños", nosotros, los que no contamos, para nada, ni nadie, pero que por ahí andan, en el monte, a sus cosas "está por ahí, guardando las ovejas".

Y todo ello -especialmente en el momento de la Adoración Eucarística y una fuerte invocación del Espíritu Santo, y en este contexto gozoso también del 50 Aniversario de la Renovación Carismática Católica- para que el Señor nos confirme, una vez más, dándonos un nuevo ardor, "que él no se fija en las apariencias" y que una vez más nos "ungió, y el Espíritu Santo nos acompaña desde entonces en adelante".

Y de esta manera, con gozo, retomamos el camino de nuestro itinerario cuaresmal, que nos habrá de llevar a Cristo resucitado, "a cuya luz caminan todas las naciones", para unirnos con gozo a toda la Iglesia, pasada la cincuentena pascual, al don -que así sea- de un NUEVO PENTECOSTÉS para toda la Iglesia.