sábado, 18 de marzo de 2017

DIRIGIDO A TODOS AQUELLOS QUE NO CUENTAN NADA...


Hoy me vais a permitir que os comparta un texto estremecedor, cuyo autor es Monseñor Don TONINO BELLO (de cuya vida y testimonio hablamos hace poco, enlace aquí), precisamente para este tiempo de Cuaresma, es antiguo, pues es de 1990, pero es desgarradora, y en este tiempo sin duda alguna nos ayudará a muchos a reflexionar. Como no he querido quitarle fuerza al texto, os comparto el mismo en su propia voz, así como la transcripción en italiano, aunque lo traduciré, más o menos...

CARTA A AQUELLOS QUE NO CUENTAN NADA....


Carissimi, sono un po' triste, perché so che questa lettera forse non la leggerete. Quelli che non contano niente, di solito, giornali non ne comprano. Prima di tutto perché non hanno soldi da sprecare. E poi perché i giornali sono divenuti difficili. Anche quelli della chiesa. Si rivolgono quasi sempre a persone istruite. E trattano argomenti che non hanno nulla a che fare con i problemi che voi vivete, con le difficoltà in cui vi dibattete, con l'indifferenza che vi circonda. Voi non fate storia. Qualche volta fate cronaca: quasi sempre cronaca nera. Eppure, chi conosce la trama dei vostri giorni sfilacciati sa che avreste da raccontare tanta cronaca bianca, da far trasalire la città. Ma la cronaca bianca non fa notizia. Voi non fate storia. Perché non sapete parlare. E, anche quando vi sentite bruciare dentro le ingiustizie della terra, le parole vi muoiono in bocca. Anzi, vi capita di pensare che, forse, ad aver torto siete voi. Voi non fate peso. Eppure siete turba. Quelli che contano si ricordano di voi all'occasione del voto. Ma dopo quel momento, siete solo di peso. Voi appartenete al mondo sommerso della città. Quello che non cambia mai. Perché, i mutamenti riguardano quasi sempre la superficie. Come succede sul mare: oggi è scirocco e le onde vanno di qua, domani è tramontana e le onde sbattono di là. I fondali, però, rimangono inalterati. La politica vi passa sulla testa. Ogni tanto, di sopra, cambia lo «scenario», come dicono oggi. Ma voi rimanete sempre sotto la botola. Al massimo, bene che vi vada, aggiungete il livello di calpestio. Anche la religione vi passa sulla testa. E' vero che qualche volta vi afferra il cuore, fino a farvi lacrimare. Ma più per quei crepacci di mistero che si aprono sul pavimento, che per quelle fessure di luce che si squarciano sul tetto. Di solito, voi rimanete estranei all'eloquenza del rito. Vi sfugge la profondità dei segni. Non capite il senso di certe parole. Ebbene, con la stessa sofferenza di Gesù che ebbe compassione delle folle, all'inizio di questa quaresima desidero rivolgermi proprio a voi. A voi che non contate nulla agli occhi degli uomini, ma che davanti agli occhi di Dio siete grandi. Appunto, questa è la cosa più urgente che voglio dirvi: davanti agli occhi di Dio voi siete grandi. Per lui, infatti, meriti personali a parte, Giovanni Paolo II è importante come Antonio, che fa il subacqueo di frodo per campare la sua famiglia. Gorbaciov vale quanto Pantaleo che, come un ebete, se ne va in giro tutto il giorno col cane. E Nelson Mandela, liberato nella gloria, ha le stesse quotazioni di Said, negro anche lui, ma che, braccato dal disinteresse generale, è rimasto prigioniero nelle sacche della miseria della nostra città.
Coraggio! Dio non fa graduatorie. Non sempre si lascia incantare da chi sa parlare meglio. Non sempre, rispetto ai sospiri dignitosi del povero, dà la precedenza al canto gregoriano che risuona nelle chiese. Né sempre si fa sedurre dal profumo dell'incenso, più di quanto non si accorga del tanfo che sale dai sotterranei della storia. Desidero rivolgermi a voi, perché sono convinto che il rinnovamento spirituale può partire solo da coloro che non contano niente. Riappropriatevi della città. Noi sopportatela, ma vivetela. Vedrete: le cose cambieranno. Diversamente, non basterà il ristrutturarsi delle istituzioni democratiche. Non saranno sufficienti i buoni propositi dei partiti. Non approderà a nulla l'infittirsi delle cosiddette scuole di politica. Saranno inutili i più raffinati programmi pastorali. E non invertiranno la corsa del mondo neppure i proclami dei vescovi. L'avvenire ha i piedi scalzi, diceva uno scrittore francese. E voleva intendere che il futuro lo costruiscono i poveri. Sì, il processo di conversione a cui ci chiama la quaresima deve cominciare da voi. Se voi riuscirete a liberarvi dalla rassegnazione, se riporrete maggiore fiducia nella solidarietà, se la romperete con lo stile pernicioso della delega, se non vi venderete la dignità per un piatto di lenticchie, se sarete così tenaci da esercitare un controllo costante su coloro che vi amministrano, se provocherete i credenti in Cristo a passare armi e bagagli dalla vostra parte, non tarderemo a vedere i segni della risurrezione. Anche per la Chiesa verranno tempi nuovi. E dal domicilio dei poveri, si sprigionerà un così forte potenziale evangelizzatore, che la città traboccherà di speranza.

+ Don Tonino Bello (4 Marzo 1990)
Queridos, estoy un poco triste porque sé que esta carta puede que no la leáis. Aquellos que no cuentan nada, usualmente, no compran periódicos. Primero porque no tienen dinero que gastar. Y después porque los periódicos se hacen duros. Incluso los de la Iglesia. Se dirigen siempre a personas instruidas.
Y tratan de problemas y asuntos que nada tienen que ver con los problemas que vivís vosotros, con las dificultades con las que tenéis que luchar, con la indiferencia que os rodea. Vosotros no formáis parte de la historia. De cualquier cosa se hace una noticia: Casi siempre de "crónica negra". Pero quien conoce la trama de vuestros días deshilachados sabe que hay noticias buenas, que afloran de la ciudad. Pero las noticias buenas no son noticia. Vosotros no formáis parte de la historia. Porque no sabéis hablar. E incluso cuando sentís bullir en vosotros la injusticia de la tierra, las palabras se os mueren en la boca. Puede que penséis que los equivocados sois vosotros. Que no contáis. Pero sois cientos. De los que sólo contáis para pediros el voto. Después de ese momento, dejáis de contar. Vosotros pertenecéis al mundo subterráneo de la ciudad. Aquello que nunca cambia. Porque los cambios casi siempre se producen en la superficie. Como sucede con el mar: Hoy hay siroco y las olas van para acá, luego tramontana y las olas van para allá. Pero el abismo permanece inalterable. La política a veces se os pasa por la cabeza. Mientras tanto, de vez en cuando "cambia el escenario", como se dice ahora. Pero siempre permanecéis bajo la trampilla. A lo sumo, al nivel de ser pisoteados. También a veces la religión se os pasa por la cabeza. Es verdad que, de vez en cuando, lo religioso se aferra a vuestro corazón, hasta haceros casi llorar. Pero no son más que grietas que se abren en el pavimento, no más que fisuras de luz que descienden del techo. 
Usualmente también permanecéis al margen de la elocuencia de los ritos. Os rehuye la profundidad de los signos. No comprendéis el sentido de ciertas palabras. De esta manera, con el mismo sufrimiento de Jesús que tuvo compasión de las gentes, al inicio de esta cuaresma deseo ponerme de vuestro lado. Del lado vuestro, de aquellos que no contáis a los ojos de los hombres, pero que a los ojos de Dios sois grandes. Insisto, porque esta es la cosa más grande que he de deciros: Porque a los ojos de Dios sois grandes. Para él, de hecho, los méritos personales no cuentan para nada, Juan Pablo II es tan importante como Antonio, que bucea furtivamente para poder mantener a su familia. Gorbachov vale lo mismo que Pantaleón, que va todo el día borracho por el barrio, mendigando, con sus perros. Y Nelson Mandela, puesto en libertad entre honores, tiene el mismo interés que Said, negro como él, pero que prisionero del desinterés general, permanece prisionero en las bolsas de miseria de nuestra ciudad. ¡Valor! Dios no hace distinciones. Porque él no se deja engatusar por quien mejor habla. No siempre, frente a los suspiros de los necesitados, va a dar preferencia al canto gregoriano que resuena en las Iglesias.  No siempre se va a dejar seducir por el perfume del incienso, más que por el olor a sal que emana de los suburbios de la historia. Deseo convertirme a vosotros, porque estoy plenamente convencido de que la renovación espiritual sólo es posible a partir de los que no cuentan nada. Apropiaos de nuevo de la ciudad. No la soportéis, sino vividla. Mirad: Las cosas, tarde o temprano, cambiarán. No obstante, no bastará para ello la re-estructuración de las instituciones democráticas. No siempre basta con las buenas intenciones de los partidos políticos. No sirven de nada las distintas opciones políticas. Hasta son inútiles los más refinados programas pastorales. Y no conseguirán cambiar el curso de los acontecimientos ni las palabras de los obispos. El porvenir tiene los pies descalzos, como decía un escritor francés. Debemos de entender que el futuro lo construyen los pobres. Sí, el proceso de conversión al que llama la cuaresma debe comenzar en vosotros. Si conseguís liberaros de la resignación, si rompéis con el estilo pernicioso de delegar en otros vuestros problemas, si no vendéis vuestra dignidad por un simple plato de lentejas, si sois constantes en ejercer una presión constante sobre los que administran, si provocáis a los creyentes en Cristo para que se pongan de vuestra parte y se pasen con sus armas y su bagaje a vuestro lado, no tardaremos en ver la resurrección. También para la Iglesia vendrán tiempos nuevos. Y desde el domicilio de los pobres se extenderá una nueva fuerza evangelizadora, que hará rebosar la ciudad de esperanza.


+ Don Tonino Bello (4 Marzo 1990)