jueves, 30 de marzo de 2017

¡DÉJATE ABRAZAR POR LA PALABRA!

De todo el largo discurso que el Señor lanza en el Evangelio de hoy (Juan 5,31-47) a los judíos, quedémonos con lo siguiente:

Vosotros estudiáis las Escrituras, porque en ellas pensáis encontrar la vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, no queréis venir a mí para tener vida. (...) Si creyerais en Moisés, también creeríais en mí, porque él ha escrito acerca de mí.  Pero si no creéis lo que él ha escrito, ¿cómo creeréis lo que yo os digo?

Y hoy, porque me ha parecido de una gran belleza, para no estropearlo con mis torpes palabras, os comparto este comentario de San EFRÉN, el SIRIO, diácono del Siglo IV, y doctor de la Iglesia, aunque el campo en el que él destacó más fue en la composición de poemas e himnos de carácter religioso, no obstante comentando el Evangelio de hoy nos dice:

La palabra de Dios es un árbol de vida que por todas partes te ofrece sus frutos benditos. Es como una roca abierta en el desierto donde mana para todo hombre, en todas partes, una bebida espiritual. “Todos comieron del mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual.” (1 Corintios 10,3) 

A quien es dado participar en estas riquezas no se crea que la palabra de Dios sólo contiene lo que él ha encontrado en ella. Más bien, que se dé cuenta de que no ha sido capaz de descubrir en ella más que una sola cosa entre muchas. Enriquecido por la palabra, no se crea que ésta ha quedad menguada. Incapaz de agotar su riqueza, que dé gracias por su grandeza. ¡Alégrate pues ha sido saciado, pero no te entristezcas porque la riqueza de la palabra te sobrepasa! 

El que tiene sed se alegra de poder beber pero no se entristece por la incapacidad de agotar la fuente. Mejor que la fuente apague tu sed que tu sed apague la fuente. Si tu sed queda saciada por la fuente sin que ésta quede agotada, podrás beber de nuevo cada vez que tengas sed. Si, al contrario, apagando tu sed agotaras la fuente, tu victoria se convertiría en tu desgracia. ¡Da gracias por lo que has recibido y no murmures por lo que queda sin aprovechar! Tienes tu parte en lo que te ha aprovechado y que te has llevado contigo; pero lo que queda es asimismo también tu heredad.