lunes, 6 de marzo de 2017

DE CABRAS Y OVEJAS....


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Es evidente que hay un bien y un mal, como que hay buenos y malos, y el criterio del Evangelio de hoy (Mateo 25, 31-46) para llevar a cabo esta distinción, por más que de sobra conocido, no deja de ser de lo menos practicado, que seguimos creyendo que por mucho decir "¡Señor, Señor!" ya lo tenemos todo hecho, como si no tuviéramos que "dar de comer, dar de beber, acoger y ser hospitalarios, dar vestimenta, visitar enfermos y presos", que al fin y al cabo es lo que nos va a poner de un lado, o de otro, en versión resumida, ya sabéis lo que decía San JUAN DE LA CRUZ "Al anochecer de la vida nos examinarán del amor".

Aunque cada vez que leo este episodio del Juicio Final, de la separación de las ovejas buenas de los cabritos malos, de los justos de los injustos, me asaltan siempre los mismos sentimientos, y siempre -he de reconocerlo- se me pone el rostro cierta sonrisilla burlona -todo sea dicho de paso- porque si he de verme yo mismo, en la presencia del trono de Gloria, asistiendo a mi propio juicio, sólo se me ocurriría levantar la malo, como en el colegio, y preguntar: "Señor... ¿Y las cabras locas dónde nos ponemos?", eso suponiendo que caiga del lado de los cabritos, porque si por pura misericordia y gracia de Dios es que cayera del lado de las ovejas, entonces la pregunta sería: "Señor... ¿Las ovejas negras dónde nos ponemos?"... Y no es que pretenda boicotear el Juicio Final, es que nunca me he considerado tan malo como para ser considerado "un cabrito malo irredento" ¡vamos lo que vulgarmente se dice un cabrón!, pero tampoco soy tan bueno ¡ni de lejos! como para considerarme "una oveja bendita" ¡vamos lo que vulgarmente se dice un santo!... ¿Entonces... qué hay de lo mío?

Aparte del examen de conciencia que supone, ya de por sí, el Evangelio de hoy, tenemos esas otras soberbias palabras de San JUAN DE LA CRUZ, que ya cité antes, cuando nos advierte: "Al final de la vida nos examinarán del amor" ¡Vete a saber entonces qué nota sacaré en esta Selectividad, nunca mejor dicho, de la vida eterna!,  o esa otra frase, más terrible, de la conocida "Oración del Payaso" cuando dice: "Señor, qué te diré al final de mis días, que he volado muy bajo, que mi vida ha sido una nada", o sea, que tampoco tengo muy claro el que vaya a ser escogido en el "casting" final...  Pero no me importa, de verdad, porque nada de lo que hago, ni siquiera las cosas que me salen del revés, como se quejaba San PABLO "no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago" (Romanos 7,19), lo hago pensando en el premio o temiendo el castigo, como dice el célebre poema "No me mueve, mi Dios, para quererte  el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte", sino que simplemente paso por la vida como una auténtica "cabra loca" haciendo piruetas por los riscos de la vida, al menos, siempre, con buena intención.... ¡Y quela misericordia de Dios se ampare de mí el día de mañana!